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M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 31
    Enero
    2013

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    Rajoy no puede seguir así

    Confesión de parte: Nunca me hubiera imaginado que vería algo parecido. Empieza el análisis: El PP ha confirmado mediante un desmentido la información de El País sobre el libro con la contabilidad oscura del partido, cuya existencia y contenido se habían adueñado de los mentideros madrileños. En las páginas de carpetovetónico diseño se anotan pagos sustanciosos a la práctica totalidad de los altos cargos populares. En su actual configuración, los abonos se convierten en el mayor escándalo de la democracia, un reto para la capacidad de asombro de una ciudadanía desbordada por la voracidad de sus representantes. Los recortes no afectaban a los políticos conservadores. Súbitamente se comprende la encendida defensa que Rajoy hacía de Bárcenas, mientras el presidente del Gobierno se vanagloriaba de que “yo no le debo nada a nadie”.

    En su famélica defensa, el PP niega “el pago sistemático a personas concretas” de haberes distintos a la nómina. La clave radica en el magro escudo protector de la palabra “sistemático”. Añaden los populares desarbolados que los manuscritos no son “contabilidad de esta formación política”, una denominación que debieran dejar en  manos de Bárcenas y demás coautores del libro contable. Rajoy, Cospedal, Cascos y Rato deben limitarse a constatar si cobraron o no esas cantidades en las fechas anotadas, y si sintieron alguna inquietud por su procedencia. O si la percepción modificaba su perspectiva sobre los 22 millones que amontonaba Bárcenas, simultáneamente a los aparentes sobresueldos de la cúpula del partido.

    La estricta caligrafía contable se hace más ominosa que una anotación electrónica. Según sus tesoreros, el?PP pagaba a mano y en mano, mientras reclamaba disciplina fiscal. Entre las patrañas desmontadas por los pagos figura la lamentación continua sobre la exigua remuneración de los políticos españoles. Por lo visto, encuentran vías de financiación paralelas, reclutando a constructores con contrapartidas demasiado evidentes en la destrucción inmobiliaria de España, patrocinada curiosamente por los propios perceptores del libro de contabilidad.

    Cuando se empezó a hablar de sobresueldos en la sede del PP, los hoy afectados miraban hacia otra parte, como si chóferes y auxiliares administrativos hubieran sido los destinatarios de abultadas remuneraciones. Sin embargo, los nombres del listado son fáciles de identificar salvo que se trate de pseudónimos. La cacareada declaración a posteriori de los pagos no alivia las dudas sobre el origen del dinero, que debió asaltar a presidentes y secretarios generales de un partido cuya jaculatoria es la regeneración de la vida política. Rajoy no puede seguir así, y tiene que asumir la carga de la prueba. O plantearse si su cargo estaría mejor cubierto por alguien que cobre un poco menos.

     

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