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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 11
    Febrero
    2013

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    Un guiño papal al Rey

    Después de la reina de Holanda, el Papa lanza otro guiño jubilatorio al Rey de España. Puede hablarse ya de una conjura mundial en toda regla, para forzar la abdicación de Juan Carlos de Borbón. Los mandatos vitalicios pierden su sentido cuando la vida humana se seculariza, aspira a durar un siglo. La idoneidad de Ratzinger se plantea desde el momento en que entra a discutir el ganado presente en el?portal de Belén. Sin embargo, la breve eternidad de Ratzinger sólo concluye cuando el Pontífice ha certificado el fallecimiento de Carlo Maria Martini, el mejor Papa que la humanidad nunca tuvo. Cumplida la misión obstaculizadora, Benedicto XVI le presenta su dimisión a la divinidad.
    Los sucesores de Pedro llevaban seis siglos sin dimitir. Ratzinger se escuda en el “Non ho piú le forze” del boxeador noqueado, pero le vence el hartazgo con una grey dispersa, despistada y que no estuvo a su altura. Es el?Papa que nunca reinó, el único con la cultura suficiente para no ver a Dios como un ser superior. Cuando has pensado en alemán y has derrotado dialécticamente a Habermas, ninguna teología ofrece una cimentación satisfactoria.
     
    Benedicto Siglo XVI contempla en retrospectiva el papado como un trabajo superficial. Los fastos pontificales alrededor del planeta constituyen un excelente negocio para la trama Gürtel, pero derraman una espuma populista sin sustancia. Ratzinger nunca alcanzó la descarga de adrenalina que revitalizaba a Juan Pablo II, cuando besaba el asfalto a los pies de Pinochet. De hecho, se negó a participar en la cruzada del PP. El mandato terrenal del Papa polaco, que reserva la planta entera de un hospital porque se negaba a morir, se contrapone a un Ratzinger cuyo reino no es de este mundo. Y el verdadero poder lo disfrutó al frente de la Inquisición.
     
    En la inevitable selección de comentarios, hay que descartar los elogios a la dimisión de quienes aplaudirían con igual fuerza si Ratzinger se hubiera aferrado al trono con las ventosas del agonizante Wojtyla. El Papa gimnasta polaco de los cuerpos fue sustituido por un herrador alemán de almas, pero la crisis ha insensibilizado a la población contra el apocalipsis. El miedo ha sido el combustible dispensado con maestría por la jerarquía católica, pero ha perdido la exclusividad porque los laicos han aprendido los mecanismos para suscitar el pánico. Satanás es más vulgar que la prima de riesgo.
     
    El “bulldog de Dios” no ha sido destronado por los teólogos de la liberación, sino por un mayordomo indiscreto armado de una fotocopiadora, como en las revoluciones latinoamericanas impulsadas por jesuitas con fusil al hombro. Las revelaciones sobre la intimidad del?Vaticano de?Ratzinger demuestran, en primer lugar, que Bárcenas está excelentemente capacitado para el nombramiento de tesorero de la Santa Sede. Y sobre todo, el Vatileaks desnudaba el escasísimo poder de que gozaba Benedicto XVI, su displicencia, su abulia. Dimitió el mismo día de su proclamación, sólo era un cancerbero para impedir la renovación eclesial. La herencia de Ratzinger está compendiada en sus libros, sublimes instrumentos de debate. Y no hay sorpresa para los cinéfilos, que ya anticiparon esta historia en el Habemus Papam de Nanni Moretti.

     

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