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M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 18
    Noviembre
    2011

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    VOTANTES TÉCNICOS PARA UN GOBIERNO TÉCNICO (–53 horas)

    Cada vez que escucho a un candidato anunciando que el domingo se celebran “las elecciones más importantes de la democracia”, me entran ganas de preguntarle:
    –¿Y cuáles fueron las menos importantes?
    Sin embargo, me contengo, porque no quiero influir en el voto. En democracia, los electores tienen más experiencia que los gobernantes. Son votantes técnicos, con una treintena de citas con las urnas en los ejemplares españoles más contumaces. En la presente edición han contemplado a un Rajoy más Rajoy que nunca, y cómo amaría esta reduplicación el campeón de las redundancias. Enfrente, un Rubalcaba sometido a una presión excepcional, que ha acabado la campaña desfondado y acorralado por Pepa Bueno en TVE. A los lados, Cospedal muestra los colmillos,  mediante su amenaza de que el PP sólo gobernará técnicamente para media España, y echará a la calle a la otra mitad. 
    Para matizar el mensaje conciliador de la presidenta de Castilla-La Mancha, los votantes técnicos de la izquierda se han marginado voluntariamente. Prefieren quedarse en la calle, imbuidos de la mística del 15-M. A los votantes técnicos del PP les ha sobrado la campaña, porque emitieron hace meses en el mercado de futuros un sufragio sin entusiasmo a favor de Rajoy. Juran que será mejor presidente que candidato. Entre otras cosas, porque lo contrario es imposible. Para una vez que el candidato popular gana las elecciones, el país ha perdido la soberanía.   
    En el crepúsculo –¿lo pillan?– de la campaña, no ocultaremos nuestra fascinación por el dilema del votante técnico de izquierdas, paralizado por un ‘zugzwang’. Este término ajedrecístico define la posición vital en que cualquier movimiento, ya sea el voto o la abstención, empeora la situación de partida. En suma, una experiencia angustiosa, fácil de identificar por quienes han jugado al ajedrez o han estado enamorados. Los izquierdistas han cortado el nudo gordiano con un contravoto, que no equivale a  “votar contra” ni al abstencionismo clásico. Su ánimo fluctúa entre el desentendimiento y el desistimiento activos. Han dejado al PSOE sin suelo electoral.
    Los votantes –técnicos o no–quieren ganar. Este detalle se omite por superficial en la mayoría de estudios. En el ansia primaria de victoria descansa uno de los frenos a que los votantes de izquierdas vuelvan a alinear su rumbo con el PSOE. En el PP no apuestas por un candidato superior, pero al menos tienes garantizado el triunfo. Para no abusar de la tercera persona, ¿prefiere usted ganar o tener razón, a sabiendas de que la razón conlleva la derrota en demasiadas ocasiones?
    En fin, el blog es el único género en el que un periodista está autorizado a confesar que se ha equivocado. Así ocurrió cuando proclamé que “la campaña empezaba a moverse”, y no sólo para atrapar a los lectores. Fue un espejismo. El 20-N está sentenciado, en todos los sentidos. 
     
     

     

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