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Diego Rodríguez Moreno

“Dentro de veinte años estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste” - Mark Twain

Sobre este blog de Internacional

Este blog sirve tanto para contar experiencias por distintos territorios del globo, así como también, de recomendar a los lectores acerca de métodos y formas de viajar de forma económica en estos tiempos de crisis en los que nos ha tocado vivir.


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  • 24
    Agosto
    2013

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    Basilea, comienzo del interRail a las orillas del Rin

     Barajas – Basilea, un vuelo de 2 horas y cuarto. Se inicia así este viaje de InterRail con la mochila a la espalda,  que comienza en esta ciudad suiza y finaliza en la capital de Hungría, Budapest. Por  el camino, se recorrerán distintas ciudades, como Berlín, Munich, Viena, Belgrado… durante 20 frenéticos días.

    Ubicada en la frontera con Alemania y Francia, la ciudad suiza de Basilea es el sitio perfecto para el comienzo del viaje. Tiene uno de los aeropuertos más baratos de Europa para ir desde Barajas (con EasyJet). Está situado en la región francesa de Alsacia y sirve de punto de traslado a las regiones de Basilea en Suiza, Mulhouse en Francia y de Friburgo en Alemania.
     
    Antes de eso, hay que aclarar varios aspectos  fundamentales  sobre este país. ¿Qué idioma se habla?, ¿Suiza tiene euro?, ¿Pertenece a la Unión Europea?, ¿Necesitamos pasaporte o basta con el DNI? Pasemos a las respuestas: El idioma oficial es el alemán, pero no es su única lengua. Muchos suizos son considerados bilingües, ya que aparte del alemán, dado su cercanía geográfica, el francés está considerado el segundo idioma. Sin contar con que entre la población joven el inglés está cogiendo bastante fuerza. La antigua Helvecia, como la llamaban los romanos, está en el centro de Europa y rodeado de países de la UE. Es de esos ‘’países especiales’’ que tienen una regulación diferente. Su histórica neutralidad permite mantener estrechas relaciones con la Unión Europea, permitiendo un libre comercio, así como de tránsito aéreo, de carreteras, y de  personas. No hace falta que te sellen  el pasaporte, con el DNI es suficiente para traspasar las puertas del aeropuerto. A lo que nos lleva a la segunda cuestión, la moneda. Dado su situación en el mapa, usar el €uro está permitido en muchos lugares, especialmente cerca de las fronteras y en regiones turísticas, que viene de lujo si no te adentras en el país y vas a estar poco tiempo, ya que nos obligará a no cambiar a francos suizos. Aunque hay que tener en cuenta que en muchas tiendas donde se aceptan euros, te dan el cambio en la moneda local, generalmente en una tasa de cambio menos favorable que los bancos, así que hay que conviene tener cuidado con que la vuelta no sea muy grande. Con un PIB per cápita de 68 $, aproximadamente,  y con uno de los mejores índices de paridad de poder adquisitivo del mundo, la calidad de vida en este país es alta. Aquí la gente sabe vivir muy bien. Y eso se nota. 
     
    Son las 12 de la mañana, y vamos a estar poco. El próximo tren hacia Berlín no sale hasta las 9 de la noche, así que visitemos la ciudad. Basilea es la segunda ciudad más grande del país, con 170.903 habitantes, más o menos los mismos que Getafe. También es conocida en alemán con el nombre de Dreiländereck (esquina de
    los tres países) y en francés como District des trois  frontières (Distrito de las tres fronteras). Ojo, para los que quieran ir al punto donde se unen estos tres países, mejor que desistan, ya que este lugar está situado en el agua. A pesar de ser la segunda ciudad del país no es muy grande y la mejor forma para verlo es andando, evitando así usar el transporte público (autobuses y tranvías) que, aunque sean baratos para los bolsillos suizos, no sucede igual para los españoles. Un buen punto para comenzar es la Centralbahnplatz, la principal estación de tren, que está situada en la Gran Basilea. No tiene pérdida, ya que el autobús  del aeropuerto finaliza su trayecto en este punto. Saliendo de la estación, y siguiendo  todo recto, nos encontramos con el Elisabethenanlage, un pequeño parque lleno de bancos y de fuentes, desde el que se llega a  la Elisabethenstrasse, una gran calle repleta de comercios, restaurantes, una iglesia y muchos edificios antiguos. Cruzando una pequeña plaza situada detrás de esta iglesia, encontraremos el teatro de la ciudad y la entrada a la Barfusserplatz, uno de los puntos más animados. Muchos turistas y ciudadanos quedan en esta plaza repleta de cafés, restaurantes, terrazas, alguna que otra tienda y el Museo de Historia de Basilea. Obligado un descanso en esta plaza y para los que vayan en plan económico, el mejor sitio es el McDonald´s, aunque se nota la diferencia con los de España al costarte un McMenú entre los 9 y los 12 euros y las famosas hamburguesas de 1 €, aquí rondan los 2.
     
    Al norte de la plaza se encuentra Falknerstrasse, una calle que acabará en uno de los puntos más conocidos de la ciudad: la Markplatz o la plaza del Mercado. Además de ser uno de los puntos más concurridos de Basilea, destaca por la gran cantidad de edificios históricos que rodean la plaza, como el ayuntamiento y una serie de mercadillos, donde se pueden encontrar productos típicos de Suiza.
     
    Saliendo de la Markplatz, hacia el noroeste encontraremos el Rin, uno de los mayores ríos de Europa, que nace en los Alpes suizos y desemboca en el mar del Norte pasando por ciudades como Estrasburgo, Mannhein, Duisburgo o Róterdam. Es el encanto de la ciudad helvética y parte a la ciudad en dos: Grossbasel o Gran Basilea, en la orilla izquierda, y la Kleinbasel o Pequeña Basilea, en la orilla derecha.
     
    Una vez cruzado el río por el Wettsteinbrücke, un espectacular puente de piedra, el principal atractivo de esta otra Basilea, es la calle peatonal situada al borde del Rin, que ofrece las mejores vistas de la ciudad de Basilea. Muchos ciudadanos pasan el día aquí, ya sea para hablar, para correr, montar en bici, jugar al baloncesto, o si la suerte acompaña, ver cómo los más valientes se atreven a retar al río con una zambullida en sus frías y caudalosas aguas. Una vez abandonado el río, podemos ver algunos edificios de relevancia, como la iglesia de San Teodoro o la catedral cercana al río, cuya entrada es gratuita. Saliendo de esta, desde la Münsterplatz  una de cuyas  calles que finalizan, es la Riehenstrasse, quizás la más transitada de la ciudad, llena de escaparates y de grandes almacenes. Ya nos queda poco en Basilea, por lo que los supermercados de esta calle son ideales para comprar provisiones para el largo y duro trayecto en tren que nos espera hasta Berlín. En estos hipermercados te puedes encontrar de todo: desde los productos más internacionales, hasta los más nacionales y regionales. El precio se nota bastante, por lo que comer de supermercado es una gran oportunidad para permitirse pequeños lujos, como el chocolate suizo, para aquellos que no quieran gastar mucho en este país.Regresando a la Riehenstrasse, y cruzando el río, abandonando así la Pequeña Basilea, volvemos a la Gran Basilea a la Elisabethenstrasse, la misma calle por la cual llegamos de la estación de tren y que pone punto final a este visita exprés por Basilea. 
     
    Ahora toca ir hasta Berlín, en un viaje que durará más de medio día y en el que habrá que hacer varios transbordos en distintas ciudades hasta llegar a la capital alemana.

     

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