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Diego Rodríguez Moreno

“Dentro de veinte años estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste” - Mark Twain

Sobre este blog de Internacional

Este blog sirve tanto para contar experiencias por distintos territorios del globo, así como también, de recomendar a los lectores acerca de métodos y formas de viajar de forma económica en estos tiempos de crisis en los que nos ha tocado vivir.


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  • 03
    Diciembre
    2013

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    Berlín, Ich bin ein Berliner

     Más de 20 años han pasado desde la caída del Muro que dividía la capital alemana en dos, la República Federal Alemana y la República  Democrática Alemana desde 1961. El Muro de la vergüenza para unos, y el Muro de Protección Antifascista para otros, su caída el 9 de noviembre de 1989 no solo supuso uno de los capítulos más sonados en el fin de la Guerra Fría, sino un paso primordial para la reunificación de Alemania al año siguiente y la transformación de su capital que ha dado un gran paso adelante para olvidar toda su historia pasada del pasado siglo XX.

    Motivo de ello son los esplendores arquitectónicos de la Potsdamer Platz que indican que la ciudad no quiere arrodillarse ante su pasado, la restauración del Reichstag (parlamento alemán) por el arquitecto británico Norman Foster que implantó una cúpula desde la que se puede ver toda la ciudad, al igual que desde la calle se puede ver el paso de sus políticos en el trabajo de representar al pueblo alemán. Toda una mirada hacia el futuro que aleja de la memoria histórica las trágicas vivencias que han ocurrido en ese edificio en el pasado siglo. Al igual que cerca de ahí, se erige la celebérrima Puerta de Brandeburgo, al final de la avenida Unter den Linden y que marca el comienzo del gran parque Tiergarten, que marca el auge prusiano tras la victoria de estos ante los franceses en 1870.

    Y, sin embargo, cualquier visitante puede exigir de esta ciudad que vuelvan a hablar sus heridas ahora casi cicatrizadas. La más clamorosa tiene que ver con el horror nazi fraguado en toda Europa, pero especialmente en su capital. Cercano al Reichstag y la Puerta de Brandeburgo se levanta un monumento en recuerdo a las víctimas del Holocausto, concebida a modo de laberinto que representa una extraña ciudad mortuoria que obliga al visitante a pensar en emociones cruzadas. Pero también nos encontramos con otras heridas más silenciosas. En la manzana contraria a donde se haya este memorial se encuentra una barriada de apartamentos con varias plazas de parking y alguna que otra zona verde, que en principio no llama la atención por nada en especial. No figura en ninguna guía de viaje y la razón es muy sencilla: Allí no hay nada que ver. Pero la Historia tiene mucho que contar sobre este sitio. Estamos en la zona donde se ubicaba el Führerbunker, el refugio antiaéreo donde Hitler pasó sus últimos días mientras veía impotente como Berlín caía ante los ataques de la aviación aliada y la ofensiva terrestre soviética. Aquí fue donde fue consciente que no tenía escapatoria y se acabó suicidando junto con Eva Braun.

    Pero hay más, un más callado e incluso hasta enterrado monumento en recuerdo de la celebración de la más bárbara de las orgías, la quema de libros, perpetrada por los nazis. Representado en forma de estantes vacios en los que deberían estar esos libros censurados ya sea por autores judíos, como por ser polémicos para el régimen de Adolf Hitler como se trataban las obras de Karl Marx o Sigmnund Freud. Junto a esto hay una curiosa placa que contiene una premonitoria frase tomada de un libro de Heinrich Heine en 1817 que indica que ahí donde se queman libros, se acaba quemando también seres humanos.

    Tras esta espeluznante pero necesaria y obligada visita por la oscuridad de Berlín no hay que quedarse con esta imagen, ya que la ciudad desprende vitalidad, elegancia y luminosidad en la que hay gustos para todos los colores:

    Alexanderplatz: Es uno de los principales puntos de reunión de los berlineses, en esta plaza principalmente destacan tres cosas para el turista: el Reloj Mundial, un monumento circular que marcan los horarios de las principales zonas de todo el globo, la fuente de Neptuno y la Fernsehturm (Torre de Televisión), que con 368 metros de altura es la estructura más alta de Alemania y una de las mayores de Europa. El sitio ideal para observar todo el paisaje urbano.

    East Side Gallery: El mayor tramo que se conserva de los restos del Muro, es a día de hoy, la mayor galería de arte al aire libre del mundo. A lo largo de sus 1,3 kilómetros de largo se pueden ver cientos de graffitis de artistas procedentes de todo el mundo, que trataron de documentar mediante sus obras el cambio producido tras la caída del Muro. Mediante sus obras expresan una gran sensación de euforia y esperanza por un futuro libre y mejor.

    Potsdamer Platz: Alrededor de esta plaza se levanta hoy una increíble serie de rascacielos. Durante el periodo de entreguerras el cruce registraba los peores atascos de toda Europa, de ahí a que se instalaran los primeros semáforos del viejo continente. Hoy en día la plaza juega el papel de escaparate futurista de la Alemania reunificada. Destaca el Sony Center, sede principal en Europa de la célebre firma, que posee una plaza circular rodeada de edificios transparentes que albergan un gran número de restaurantes, cafés con amplias terrazas, tiendas y un Filmmuseum (multicine) que atrae a diario a un público numeroso. 

    Checkpoint Charlie: En un extremo de la rectilínea Fiedrichstrasse se distingue un pequeño barracón blanco plantado en medio de la calle. Se trata de la reconstrucción de uno de únicos lugares de paso que unían las dos Berlines. Un falso soldado americano posa para los fotógrafos mientras una mujer se abalanza en sus brazos. Así es la Historia, que con frecuencia se convierte en farsa.  

    La Isla de Los Museos: Berlín cuenta con una isla donde están situados gran cantidad de museos como el Museo Antiguo, el Museo Nuevo, la Galería Nacional Antigua o el Museo de Pérgamo, entre otros. Una delicia de obligada visita para los amantes del arte, o para un merecido descanso en su descanso mientras se disfruta de las increíbles vistas de la fachada de la Catedral de Berlín. Aunque la visita recomendada es al Mauermuseum Haus am Checkpoint Charlie, un pequeño museo privado que expone una serie de documentos divulgativos sobre las formas de huir hacia el oeste.

    Zoológico: Famoso por albergar el mayor número de especies animales en todo el mundo es una de esas excursiones para disfrutar en familia. Se trata de un oasis verde en el centro de la ciudad donde viven algunos osos, entre ellos algún que otro panda, un animal amado y apreciado por ser el símbolo de la ciudad.

    Además la capital de Alemania ofrece más posibilidades, ya sea para bailar hasta el amanecer en las archiconocidas discotecas Watergate o Berghain; disfrutar de su gastronomía y sus célebres currywurst o kebabs; las relajantes tardes soleadas organizando una barbacoa  en el Tiergarten, el gran parque de la ciudad; un refrescante chapuzón en el Badeshiff Berlín, una zona del río reconvertida en gran piscina; adentrarse en el KaterHolzig, la mejor muestra de la Berlín alternativa que invita a transformarse en un asiduo de este bar, que revoluciona los conceptos de espacios para fiestas con sentido y buen gusto de la ciudad o participar en el World Language Party, que se celebra todos los miércoles y es una buena manera de conocer Berlín e intercambiar experiencas e impresiones sobre la ciudad.

    Berlín ofrece algo nuevo para cada visitante. Es una ciudad en constante cambio que sorprende a todo aquel que repite en su viaje, y que hace sentirse un ciudadano más, y a emular las palabras del expresidente John F. Kennedy, ‘’Ich bin ein Berliner (Yo soy un berlinés’’). 

     

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