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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 06
    Noviembre
    2011

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    AHORA CERTIFICADOS DE PROFESIONALIDAD

     


     

    La industria, el negocio de los libros. Vamos,  que llega la hora de volver al “cole” y resulta que tenemos que hacernos con nuevo material. Miro los libros que durante algunos años voy utilizando como base de las clases de cocina que imparto y compruebo que aumentan su peso en la estantería. Los que utilizaremos este año cuestan una fortuna, casi tanto como la colección “Modernist Cuisine/La cocina modernista. El arte y la ciencia de la cocina” (6 volúmenes por un total de 20 kg, 2 de los cuales son de tinta. 2.438 páginas, 3.216 imágenes, 1.500 recetas, 399 euros. Editorial Taschen).

    Es innegable que la cocina avanza, pero con las nuevas legislaciones para los cursos que el CFIE imparte, se abren nuevos horizontes.

    El año pasado pagamos la novatada. Los certificados de profesionalidad, una nueva vuelta a la tuerza de la enseñanza y a los organigramas para estudiar cocina, tenían su intríngulis. Este año, pagada la novedad, el campo se presenta más claro. Y con nuevos textos, que vienen a decir lo de siempre pero estratificados de manera más “oficial”. Con nuevos esquemas, que ciertamente suponen un enfrentamiento mucho más clarificador. Luego hay otros problemas, que no es el caso nombrar. Pero al comprobar los nuevos materiales veo una mayor regulación, una separación que a veces, en la realidad de una cocina, puede resultar imposible practicar.

    Ahora la enseñanza comienza por la palabra objetivos, y la pretensión de que los temarios que se tienen que dar puedan estar racionalizados. Separar teoría de practica no es mal intento, siempre que seamos capaces de dejar volar lo aprendido hacia los resultados que buscamos.

     

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