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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 01
    Septiembre
    2011

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    CARICATURAS DEL HAMBRE


     

     

    Cuando he vuelto a leer con otra calma distinta la novela de Don Francisco de QuevedoEl Buscón”, me alegro de sentir como se me habían quedado en la memoria ciertas escenas: “Él era un clérigo cerbatana…una nuez tan salida, que parece que, forzada de la necesidad, se le iba a buscar de comer…”

    Fue una lectura de adolescencia y juventud, y ahora noto que las líneas del gran intelectual madrileño suenan muy distintas. Ahora veo una mente jocosa escribiendo un relato de una España  arribista que, entre broma, escatología y poetas, da tanto miedo como la que tenemos que vivir a diario.

    El tercer capítulo de “Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños” tiene sólo continuidad en el arte nacional en obras de Solana, Goya, Valle-Inclán o El Roto.

    Estamos hablando de esa España negra que permite que una sociedad gobernada por banqueros pase miserias pero apruebe los viles enriquecimientos del pelotazo, donde el conocimiento se sustenta en el miedo, la formación no tiene la cabida necesaria, el partidismo no se orienta hacia la mejora sino hacia la conservación: “la habla, ética”.

    La España negra que quema espacios cercanos, naturales y públicos, para mirar el futuro regenerado con nombres a urbanizaciones con olor a interior de mima. La España negra donde bandas organizadas roban restaurantes en plenas fiestas grandes. La España avariciosa: “comieron una comida eterna, sin principio ni fin”. Falsa. Presuntuosa, que es capaz de gastar sus dineros en vistas televisivas, sin importarle, consistiendo, el hambre, del tipo que sea, de los de dentro.

    Al acercarme estos días a algunos clásicos siento que los he mirado equivocadamente durante mucho tiempo. Esto narradores  no fantaseaban. Transcribían, caricaturizaban. Como un Fellini o un Chaplin. “Acabaron todos y quedaron unos mendrugos sobre la mesa, y en el plato dos pellejos y unos huesos; y dijo el pupilero: “Quede esto para los criados, que también han de comer, no lo queramos todo”.

    Tiene la caricatura la capacidad de afilar los rasgos de la sátira. Su crítica se hace más incisiva que si fuera pintada de modo hiperrealista, ya que exalta los aspectos más deformados o anormales y nos lo presenta, en este caso, son una mordacidad que hiere y nos chirría. Quevedo sabe hacernos ver de tal manera la miseria que al presentarla con ese tono deformado nos hiela la sonrisa y nos hace apretar la dentadura. Es uno de esos jodidos escritores que cuando puede nos clava su envenenada literatura, que es, a fin de cuenta lo que tendrían que hacer los escritores, con mucho ji ji, ja ja, presentarnos la deformidad humada y la perversión a donde es capaz de llegar.

    “Dióme gana de descomer, aunque no había comido”. “Es muy saludable cenar poco, decía, para tener el estómago desocupado, citando una retahíla de médicos infernales. Decía alabanza de la dieta, y que con esto no tendríamos sueños pesados, sabiendo que en su casa no se podía soñar otra cosa que comían. Cenaron y cenamos todos, y no cenó ninguno”.

    Mientras paso mis ojos por las líneas de este libro pienso en eso que han llamado estos días “la comida del Peregrino”, para un gran acontecimiento en Cuatro Vientos, Madrid.

    Quien necesita no tiene, y los que tienen no lo necesitan. Pero el hambre sigue sin ser una caricatura. Por mucha cabra que tire al monte.

     

     

     

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