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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 29
    Julio
    2011

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    ¿COMER ANIMALES?


     

     

    Tengo una foto en color tomada en el porche de la casa de mi familia en la playa de Los Nietos de un día de finales Junio de hace tres años. En primer plano una mesa blanca con un libro de Jonathan Safran Foer de portada blanca. Al fondo estamos mi buena amiga veneciana Gio, anarcofeminista gastronómica y siempre sonriente, y yo, extrañamente sereno, con un polo de verano, “Punto Blanco”, que perteneció a mi padre. En aquellos días Safran era uno de los impulsores de mi amor por la música balcánico/eslava y la banda sonora de la película que hicieron sobre su novela nos acompañaba y sonaba muchas horas en el coche, entre los discos que tengo grabados en mi Ipod, o bien en el equipo de casa. Hoy Safran ha vuelto a mi vida con un ensayo novelado del que a veces me gusta leerles algunas cosas a mis alumnos.

    Comer animales, que así se llama el libro, es una obra que a entrado en mi vida en un momento muy determinado. No creo que llegue a despertarme una consciencia absoluta sobre dejar de comer carne, o pescado. Pero desde luego está haciendo que, como ser humano y profesional de la cocina, me replantee muchas cosas sobre el cuidado de los animales, su brutal utilización como parte de nuestra descontrolada alimentación y algunos otros de los aspectos que esta imprescindible obra trata.

    Safran tiene eso que podríamos llamar humor judío y que reconocemos inmediatamente en las películas de Woody Allen, el judío más humorístico que trato y que tengo a mano. Tiene además una escritura ágil, y aunque esté hablando de temas muy serios, incluso tremendos, siempre sabe dejarnos con una jodida sonrisa en los labios de lectores pasmados ante la cantidad de datos que ha recuperado y que expone de manera clara, concisa, y nada tremendista.

    Escribe el autor de “Todo está iluminado”: “Un estudio de la Universidad de Chicago descubrió recientemente  que nuestras elecciones alimenticias contribuyen al calentamiento global al menos tanto como las que hacemos en materia de transporte”. 

    Afirma, por otra parte, que diversos animales tienen una sensibilidad que hace unas décadas ni llegábamos a pensar, y eso gracias a diversos y pormenorizadas investigaciones que nos hablan de la inteligencia de peces, cerdos o pollos.

    O de la utilización que hacen, determinadas granjas industriales , de métodos de producción crueles y sádicos, que llegan a mantener a oscuras durante 24 horas a gallinas ponedoras, durante casi tres semanas, con una alimentación muy restringida (“una dieta muy baja en proteínas, casi de ayuno”) para conseguir que al volver a encender la luz, en horarios diarios de más de 16 horas, y variarles las dietas, en este caso “rica en proteínas”, para que los animales, creyendo que están en primavera, hagan puestas continuas, llegando a conseguir que una gallina pueda llegar a poner hasta 300 huevos al año. “Tras ese primer año se las mata, porque en el segundo año nunca pondrán el mismo número de huevos y la industria ha averiguado que resulta más barato matarlas y volver a empezar con otras que alimentar a todas esas aves que pondrán menos huevos” y ahora viene lo más tremendo, “Estas prácticas explican por qué la carne de pollo es tan barata hoy en día, pero las aves pagan el precio

    “Comer animales” no es un libro cómodo para nosotros, sedentarios devoradores de serenidad. Pero nos puede ayudar a comprender algo más este truculento mundo en que vivimos, donde una industria sin escrúpulos se aprovecha abiertamente  de nuestra desgana de interesarnos por otra cosa que no sea nuestro propio y falso bienestar bienpensante y humano.

    Y miren, aún no he hablado de hacernos vegetarianos, porque la solución no está ahí, sino que pasa por que nuestras granjas tradicionales, y nuestras vocaciones consumistas de artículos para nuestra alimentación, sean más selectivas, exigentes y tengamos un mayor grado de conciencia. Y saben, me da la sensación que cada uno, aunque parezca insensato, puede hacer mucho por cambiar las cosas.

     

     

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