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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 10
    Abril
    2011

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    MERIENDA

     

     

     

    ¿Cuándo fue la última vez que ustedes se sentaron para merendar?. No digo que compraran algo para comer mientras caminaban por una calle. No. Ni hablo de estar en casa y hacerse deprisa y corriendo un bocadillo y seguir con la cabeza en otro sitio.

    Hablo de si uno está en una ciudad extraña buscar un local que nos guste y pedirse algo de beber y comer, sentarnos cerca de la ventana y contemplar como la vida se sucede, mientras nosotros nos hemos detenido en una merienda.

     

    En Barcelona existen esas maravillosas casas tradicionales donde uno toma desde un yogur hasta una ensaimada, desde unos churros con chocolate a un plum cake.

    La merienda tiene un sentido que hemos dejado que se pierda. Es tremendamente infantil, y por eso es mágica. A mi me lleva hasta Alcoy, cuando mi el Doctor y Doña Nuria me llevaban a tomar yogures en aquella heladería junto la boca del león que devoraba las cartas que mandábamos a mi abuela Minerva, pero nunca me mordió la mano.

     

    Las meriendas de la playa, cuando mis cachorros iban de mar al mar y pasaban por casa para elegir el relleno de los bocadillos y el batido.

     

    Hoy me he sentado con un vaso de leche y un cake salado de tomate y queso fresco que me he traído del “cole”. Y me he puesto a Crosby, Still, Nash & Youg, y luego a Simón y Garfunquel. Y hubiera seguido mojando salado en dulce. Pero la sensatez me ha asaltado, y he dejado que la merienda mezclara paseos por Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, cuando mi padre me daba unas monedas para comprar los primeros perritos calientes que probaba, y que nunca he vuelto a probar como los de aquél pequeño establecimiento sueco en la esquina de la hermosa playa, que a esa hora se había vaciado y  mostraba su cicatriz de piedra a la que algunas veces nos acercábamos para ver erizos, pulpos y lapas.  Por el Barrio gótico de Barcelona, para entrar en una de aquellas granjas que me fascinaban con su lustre y sus aromas de leches y ensaimadas, mientras esperaba la hora de volver al trabajo en la calle Muntaner donde esta El Dorado Petit. O en la casa de Anna Marín en Venecia, la misma donde hacía unos años habían rodado “Anónimo veneziano”, donde unos grissinis y un buen gorgonzola comprado en laguna de las tiendas de Rialto aliviaban días de viaje a Milán par seguir mi formación culinaria. O esa foto que guardo como uno de los grandes secretos y tesoros que todos tenemos, y que vuelvo a mirar de vez en vez para mostrarme que el tiempo pasa, pero las meriendas quedan, rodeado de amigos en blanco y negro.

     

    Merendar es un estado, que únicamente le falta la F de felicidad.

     

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