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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 10
    Agosto
    2011

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    PADURA, CONDE Y LA COCINA CUBANA

     

      

     

    Las tardes que me he pasado yo viajando hasta el Malecón de la Habana, montándome en taxis, autobuses y coches con sirena, viendo las playas, comiendo de la mano de  Doña Josefina. Las veces que le he agradecido a Don Leonardo Padura  la creación del personaje de Mario Conde, que si en un principio de la saga es inspector de policía, se nos aparece como comprador de libros de segunda mano en “Las neblinas del ayer”. Pero claro, un inspector de los que está mal visto entre sus compañeros, y que desde su óptica de perdedor vital y eterno escritor de narraciones policíacas, se nos va  haciendo a notros, más próximos a la derrota que a la generosa estabilidad de cualquier régimen que se mantenga pese a su pueblo, un compañero de aventuras imborrable.

    Padura transita la geografía de una isla desde lo humano a lo evidente, y en una sociedad sin posibles se inventa un personaje que será capaz de generar cocina pese a que las realidades siempre son pocas.

    Arropado por un cuarteto de amigos, Conde es un buscador de amores sin suerte, y acaba refugiándose muchas veces en los territorios del “Flaco”, que ya no es flaco, para someterse a las curas gastronómicas de una madre que amplía nuestros conocimientos sobre la cocina cubana, y de vez en ves hasta hace guiños a la tradición española.

    Tamales en cazuela, ajiaco a la marinera, pavo relleno con congrí, arroz frito y con pollo, quimbombo con carne de puerco y jamón, ensaladas de lechuga y rábano, o de aguacate, berro y tomate y las viandas (acompañamientos): fríjoles, los plátanos... Josefina también se asoma a otras gastronomías y prepara un grandioso cocido madrileño, pollo a la Villeroi o bandeja paisa colombiana. De postre: mermelada de guayaba con queso blanco. Recetario tradicional y recetario universal. Dos cuestiones que explican el alma de estas novelas desencantadas y escépticas.

    La escasez de bienes, servicios y alimentos, el mercado negro y la cocina tradicional forman una evidencia de la realidad mostrada en las seis novelas de Padura, donde la consecución de pequeños logros alimenticios o de dinero, puede convertirse en la escusa para que Doña Josefina se lance a banquetes impensable.

    Si las primeras cuatro novelas, las que forman la llamada “las cuatro estaciones”, por desarrollarse todas a lo largo de un año de la vida de Conde, y cada una de ellas en una estación, son más que una radiografía cubana, donde se trata de “la frustración de los hombres nuevos y los procesos de parametración1 que se llevaron a cabo durante los años setenta”, en palabras de Luisa Ocampo, en las dos siguientes encontraremos a nuestro personaje cada más cansado y decepcionado. Y seguirlo se convierte en una necesidad para tratar de comparar otras sociedades.

    “Un libro de cocina que nadie había abierto en muchos años, como no sólo lo refrendaba su estado de conservación, sino el hecho históricamente probado de que su contenido se había vuelto inútil en un país alimenticiamente racionado desde hacía casi medio siglo”. Padura en estado puro, reflexionando sobre la realidad de un país tan hermosos que muchas veces nos duele como es tratado. Utilizando la cocina como base. Que Doña Josefina lo guise bien.

     

     

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