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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 24
    Noviembre
    2010

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    PRADO ENEA


     

    Asistir a una “vertical” de un vino es emocionante. Porque una cata vertical (aquella en la que se prueban diversas añadas de un mismo vino) supone acercarse a la vida de un ser vivo, a su biografía, en este caso convendría admitir la palabra vinografía. Pero no solo dentro de lo que hay dentro de la botella, sino de los estudios y reflexiones que se han hecho, de lo que se ha ido aprendiendo a lo largo de los años. Una vertical, como si de un escalador se tratara, se corresponde con enfrentarse con el tiempo y lo imposible. Y solamente los grandes vinos pueden resistir una experiencia de ese nivel. Ya que  grandes vinos, y Prado Enea supera con creces ese adjetivo,  son los únicos que poseen la sabiduría para transitar por el delicado hilo que es el tiempo sin perder la batalla. Siempre grandes.

    La cata dirigida por Jorge Muga, donde se han probado las añadas 69, 70, 78, 81, 89, 91, 98, 01 y 04 ha constituido una experiencia magnífica e inolvidable. En ella he podido comprender que, desde el momento en que viticultor y bodeguero deciden trabajar conjuntamente, el vino tendrá más futuro. Cosa que tuvo históricamente muy clara zonas como Francia, o algunas partes italianas, pero le costó mucho asimilar a Rioja y por ende al resto del país. Desde ese momento el vino aceptará el riesgo de luchar contra el tiempo, tratar de conservarse en longevidad.

    Hay una palabra que debemos de aprender a respetar y a oír de otra manera. Hablo de la acidez. Gracias a ella los vinos viajan en el tiempo. Se conservan, perduran, evolucionan. Y se muestran magníficos. Si es que lo son.

    Por ello ante el hecho de poder catar, una sucesión de años, como la que ha ofrecido la Asociación de Sumilleres de la Región Murcia en colaboración con Dismuga, llego a preguntarme si es capaz un cliente/bebedor de poder apreciar la grandeza de uno de esos vinos que encuentra en las cartas y que corresponde a añadas cercanas, y pienso en los dos últimos vinos probados, ese 2001 y ese 2004, que aún tendrán que madurar para poder ofrecer toda esa grandeza que encierran sus hermanos del 70, 81, o 89, por ser los más admirados.

    Los vinos que están preparados, y pensados, para que evoluciones y respeten al tiempo han de poder ser conocidos así, en una larga comparación para comprobar como han resistido, para ver como han asimilado los aprendizajes que el hombre hace sobre la materia que trabaja. Prado Enea es el esfuerzo por la permanencia.

    Lo más terrible que sucede en el mundo del vino bien podría ser el de convertirse en un pasatiempo, y no en una reflexión, aunque ser pasatiempo pueda ser muy positivo. Los vinos catados hoy tienen algo de ejemplar: la fugaz perseverancia por permanecer. Una poética hermosa, que bien ejecutada, siempre es admirable.

     

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