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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 16
    Agosto
    2011

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    TODOS SOMOS CARPANTA

     

         

     

    El hambre en Españade Miguel Ángel Almodóvar no es un libro que dé ninguna risa. Todo lo contrario, espanta. Como las viñetas de Carpanta, creadas por José Escobar en 1947.  Jamás me hicieron sonreír, me causaban espanto. “Salvo los de siempre, todos los demás éramos Carpantas” dice el dibujante. ¿Cómo sonreír con alguien que come cáscaras de huevo con mayonesa, una ración de hilos de judías, o peladuras de pera?. “Carpanta no se anda con remilgos y declara orgulloso que es capaz de comer de todo: madera, cristal, hierro, baquelita, incluso las chispas de la piedra de un afilador, un aperitivo que ingiere para tener algo caliente en el estómago

    La historia de España es una historia plagada de hambre, desde una prehistoria donde se da la mano gachas y caza, una edad media donde en lo más bajo de la escala social de las comunidades musulmana, judía y cristiana, había desnutrición y hambre, y hasta el Arcipreste de Hita hablaba de menús “Diom´ pan de çenteno/tiznado, moreno/ e diom vino malo/, agrillo e ralo/ e carne salada”, o ese siglo de Oro, siglo de hambre, donde en la Lozana, en el Lazarillo, en el Guzmán de Alfarache o en el Buscón, por solo citar algunos de los más econocidos, se nos presenta una realidad cotidiana donde los más poco tienen que echarse a la boca.  El XVIII, la ilustración y el crecimiento demográfico vuelven a colocar el hambre como referente nacional. Dice Feijoo: “Despuéblanse los lugares pequeños y se pueblan los esqueletos de los mayores. A el hambre se siguen las enfermedades, a las enfermedades las muertes, ¿y cuántas muertes?”. Y llegamos a un XIX, donde el hambre en Madrid es un hito, y las obras de Mesonero Romanos, o los grabados de Goya, hablan de un hambre asentada en las bases sociales. Si hasta aquél torero, Manuel García Cuesta, “El Espartero”, que fue herido más de treinta veces, y cogido más de cien, familiarizado con los toros y que no “dan cornadas de muerte, más da el hambre”, dejó una de las frases más oídas y repetidas con relación al hecho que trata éste ensayo a Almodóvar.. Si hasta el viajero Richard Ford, que recorrió nuestro país entre los años 1830/33 hablaba de las posadas españolas, divididas en “malas, peores y pésimas”. Las eternas guerras: Cuba, Filipinas, Marruecos, que nos llevaran al destre del 36, con un hambre que no solo se alargó durante la contienda, más en la población republicana, sino que al finalizar la guerra se hizo general en toda la España derrotada pese a la aparente victoria salvadora. Y no solo podemos pensar en aquellos que estuvieron presos tras la contienda, dice el humorista Miguel Gila: “Nos daban de comer una vez al día y siempre lo mismo, cáscaras de habas cocidas y un poco de sal, sin más”. O las palabras de Marcelino Camacho, que llegó a ser años más tarde secretario general de Comisiones Obreras: “La comida se reducía a una cazo de agua caliente, con unas habas duras; a veces le echaban corvina rancia, que llamaban el bacalao de las clases humildes. Era preferible que no la pusieran, porque casi siempre estaba podrida y entonces no se podía aprovechar ni el agua que nos tocaba en la ración.”

    Pero no debemos de pensar que el hambre ha desaparecido del todo. Siguen habiendo bolsas de pobreza, y hoy en día, con la crisis golpeando nuestra desolada economía, nos encontramos con que el hambre ha vuelto a instalarse en una sociedad desarrollada. Como dice  Michel Harrington: “en las sociedades económicamente desarrolladas la pobreza y el hambre siempre está al otro lado del camino; agazapadas en vericuetos por los que nunca transitamos”.

     

     

     

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