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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomía

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 26
    Julio
    2011

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    TRIESTE, JOYCE Y EL PESCADO CRUDO


     

     

    VEIT HEINCHEN lleva gafas y puede parecer un hombre tímido si no se llega a hablar con él. Su saga del inspector Proteo Laurentiis se desarrolla en la ciudad marina de Trieste, Italia, y su debilidad gastronómica es ir a comer al Scabar, restaurante donde Ami Scabar es una maestra cocinando todo el pescado crudo que el Adriático ofrece. Además, el rebelde hijo de Laurentiis acabará dejando sus estudios para aprender cocina con la pizpireta Ami, un torbellino de mujer que domina el esloveno y siempre me acababa contando cosas curiosas de olivos y tierras fronterizas.

    La ficción y la realidad se han unido es ésta geografía de mi vida. Tanto es así que un buen amigo me dijo un día: “Antonio, no sé si sabes que eres personaje de una de las novelas de tu amigo Heinichen”.

    Primero conocí a Ami en su magnífico restaurante, a las afueras de una Trieste veraniega, más allá aún del cementerio judío. Luego a Veit en el bar de vinos Malabar, en interminables noches de preparativos para una fiesta gastronómica. Luego, después de pasar muchas veladas en la magnifica casa de la pareja escritor/cocinera, al inspector Proteo Laurentiis, y su saga que en España ha publicado la editorial Siruela.

    Trieste posee el suficiente encanto y desesperación como para haber atraído a grandes escritores o artistas. De Rilke a Joyce, pasando por ese tremendo viento invernal que llaman la Bora que sopla a tal fuerza que es mejor que no nos encuentre en la calle cuando él decide ocupar la ciudad.

    Además la ciudad tiene otras connotaciones más lejanas. Un día de invierno me llevó Anna Marin a buscar vasos de cristal a una tienda destartalada, y en la que atendía uno de aquellos enfermos mentales que la nueva antipsiquiatría dejaba sueltos como terapia y acto revolucionario frente al siempre estresante poder cercano.

    Laurentiis y Trieste o Triete y un verano, en el que fui tan feliz que luego no tuve más remedio que leerme todas las aventuras del inspector que traicionaba a su mujer con una jueza eslovena, para volver a respirar aquél aire de ciudad portuaria, fronteriza, repleta de historias que van de una parte a otra de la magnífica zona del Carso, donde vinos y gastronomía se unen para ofrecer un singular mosaico que Laurentiis conoce perfectamente, y obra a obra va mostrando platos, botellas o locales en los que se deja caer.

    Para mi el inspector siempre tendrá la cara, los gestos y los ademanes del torrencial escritor alemán, que primero fue librero, luego editor y finalmente escritor frente a la bahía de Triete. Y que gusta jugar con la muerte (cinco de las seis novelas publicadas en España tienen la palabra muerte en su título), como a Laurentiis  resolver los casos, donde el pasado atrapa, la frontera está presente y una pequeña ciudad de provincias italiana se presenta como un mundo lleno de dobleces en los que el ser humano demuestra tener más caras que la mayor de las figuras geométricas, pero esas caras suelen estar cubierta, por lo general, con la misma miserable pintura.

    Seis veces, pora hora, Laurentiis se ha presentado al público español. Hombre crítico con la sociedad triestina, se nos hace más humano gracias a sus comportamientos “demasiado humanos”. Por sus debilidades los conoceréis.

    Heinichen también ha escrito algún libro en compañía de su cocinera favorita, donde nos muestran el territorio, que ha pasado hasta tres veces de dueño en menos de cien años, desde el lado gastronómico y del producto. Pero estas obras no han sido traducidas, hasta el momento, tal vez por ser consideras muy regionales. Pero como diría nuestro universal Espinosa, lo minúsculo como universal. Además Trieste es una hermosísima ciudad donde las culturas se han mezclado de manera serena, o todo lo serena que pueden mantenerse culturas diversas conviviendo siglos y siglos. Prueba de ella el la variedad de cementerios de diversas religiones que la ciudad posee. Finalmente somos de donde morimos.

     

     

     

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