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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 31
    Marzo
    2012

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    29-M: USTED VERÁ SR. RAJOY.

     

    Entiendo que una huelga general no se puede liquidar con una simple calificación de fracaso, de derrota o de éxito parcial. No se puede liquidar así porque quedan las heridas. Y este bloguero observa muchas: una radicalización creciente e inquietante en los mensajes que se cruzan en las redes sociales; un clima de escisión del que surgen condenas y proclamación de victorias absolutas; un engreimiento de los radicales que gritan "vamos a quemar la ciudad"; un ansia, mediática, de demolición de los sindicatos; y lo más importe: un ansia recíproca de cargarse a un gobierno que acaba de ser elegido con gran respaldo, estamos en democracia y soy de izquierdas, pero que Rajoy tiene una mayoría dada por l@s ciudadan@s es una realidad (mira que insistí e insistimos muchos, en que se pensaran el voto y vieran el programa, inesistente, que llevaba el PP…que luego sería el rechinar de dientes y los lloros) y una saturación de la sociedad por los sacrificios impuestos, con el consiguiente decaimiento de la moral de aceptación. No me gusta el paisaje después de la batalla.

    El fin de fiesta con que nos obsequiaron los líderes sindicales: el anuncio de que, si no cae la reforma laboral, vamos a un conflicto social creciente hasta tumbarla. Legitimo porque son agentes sociales a los que el Presidente ninguneó, hasta el punto de reunirse con ellos siendo Presidente.  No descarto, para nada, que esa amenaza sea la liturgia de un momento marcado por el calor de la huelga. Pero tampoco se puede descartar que lo dicho en medio del fragor, como portavoces de unos sindicatos que gestionaron perfectamente el día de huelga ( al margen de los energúmenos infiltrados que montaron lo suyo), puede terminar por convertirse en objetivo de futuro. El tema es que no tumbarían una ley discutible, que el Gobierno tiene que defender para no aparentar debilidad. Recordemos que la huelga a ZP marcó el posterior declive del mismo y su caída en picado. Ese es el riesgo del conflicto social largo y creciente. Basta con anunciarlo para crear un factor de inestabilidad.

    Por todo ello, pasada la protesta, urge su buena administración. De su éxito o su fracaso, da igual. Y administrar una huelga general supone, en primer lugar, aplacar los ánimos. Después, recomponer relaciones. Y por último, curar las heridas. Especialmente, las que afectan al deterioro, quién sabe si a la ruptura, de la convivencia. En esa meta todos tienen un papel. Lo tiene don Cayo Lara, que el jueves parecía estar en un piquete parlamentario. Lo tiene el señor Rubalcaba, cuya identidad de izquierda es,básicamente, pensar que acorralar al Ejecutivo es su tarea fundamental como oposición. Y lo tiene, naturalmente, el Gobierno.

    En un momento crucial, donde nos domina el triángulo terrible del recorte brutal, la reforma del sistema y la creación de esperanza social, hace falta más que nunca invocar la grandeza. La situación no es fácil para el Gobierno. Su triángulo está formado por la situación que negó ante Europa, y que costó marcar unas reformas de cara a la UE como medida de fuerza y de poder Ejecutivo, y , ahora ,le corresponde enderezar las exigencias europeas ( no se “tragaron” las dilaciones presupuestarias y el intento de maquillar el déficit ( producido por sus Comunidades autónomas y ayuntamientos peperos) y de los mercados y la presión de una sociedad que se puede hartar de tanto sacrificio. Está cercado. Hay que confiar en su inteligencia para conducir y en su prudencia para no provocar. De momento, y como primer consejo tras la huelga -que no ha sido tan inútil como se dice-, hago esta anotación: señor Rajoy, huya de los extremos. Y no se declare vencedor sobre los sindicatos. Si en su alocada y paranoica posición de dios del Olimpo cree que  están débiles, celébrelo con los suyos, pero no intente hundirlos. Dé la oportunidad de celebrar algo, porque ¿cuál es la alternativa? Si los lamina, la asamblea caótica. Si los humilla, la rebelión. Usted verá.

     

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