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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 28
    Septiembre
    2013

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    Declaraciones de un mitómano:Rajoy.

     

     

    Hace casi doscientos años un escritor inglés maldito pero excepcional, de extraordinaria inteligencia y cultura, opiómano de vida desordenada y dilapidador, Thomas de Quincey, escribió un opúsculo titulado Sobre el asesinato como una de las bellas artes.

    En esa obra defendía con sarcasmo, queriendo subvertir la lógica y el buen sentido burgués de su época como en casi todos sus textos, que el crimen no solo tiene un aspecto moral sino también estético que permite contemplarlo como un auténtico arte.

    Valiéndose de la conferencia que un personaje anónimo imparte en una supuesta Asociación de expertos en el asesinato, del acta de una de sus reuniones y de la morbosa descripción de tres crímenes, de Quincey elabora toda una teoría del asesinato y de los criminales que recuerda la “modesta proposición” que años antes había hecho el clérigo irlandés Jonathan Switf para combatir la hambruna y “para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público”: comérselos, “ya sea como estofado, asado, al horno o hervidos”.

    De Quincey, quien escribía perfectamente en griego clásico a los trece años y que publicó también un manual de Economía Política, seguramente por encargo o para ganar unas libras como hizo con casi toda su obra, afirma que el crimen es deleznable mientras se proyecta pero que, una vez cometido, tiene siempre algo de provecho, como su naturaleza de obra de arte que los hombres refinados saben apreciar.

    Me ha venido a la memoria esta obra del escritor inglés sobre el asesinato al oír, justo cuando escucho y leo las últimas declaraciones de Rajoy, presidente del Gobierno de España, el 'discurso' de Mariano Rajoy , supuestamente, para aclarar a la población lo que ocurrió con su ex tesorero y hombre confianza, Luis Bárcenas.

    Diferentes analistas de la vida política y periodistas han echado cuentas, rápidas y a voce, de las mentiras del presidente en esta última intervención y hasta diecinueve he contado en alguno de ellos. Las más sonadas, quizá, las que tratan de ocultar la confianza y el evidente apoyo prestado al tesorero corrupto por Rajoy y la dirección de su partido, incluso después de que sus operaciones hubieran sido descubiertas; o las que tratan de echar tierra sobre la retribución en dinero negro recibida por diferentes dirigentes populares. Y hasta ochenta mentiras más se relacionan en videos y páginas web en donde se recuerda, por ejemplo, que Rajoy afirmó que no subiría el IVA, que no tocaría las pensiones, que no abarataría el despido, que no habría copago, que no crearía un banco malo, que el rescate a la banca no nos costaría dinero..., entre otras.

    El líder del Partido Popular está desarrollando tal capacidad de recrear la realidad para presentarla ante los ciudadanos en la versión que más le conviene que está convirtiendo su quehacer en “el crimen perfecto” que decía Jean Baudrillard que se comete en nuestra época cuando se asesina a la verdad para provocar el “exterminio progresivo del mundo real” que lleva a la gente al “ombligo de los limbos”. Donde descansan los votantes convertidos por tanta mentira en sumisos creyentes.

    Y tan viva es en Rajoy la mentira que la convierte en un arte. Hace falta temple y finura para mentir sin alterarse, aunque dicen que guiña un ojo cuando lo hace, y hay que ser “un hombre de genio extraordinario”, como decía de Quincey que lo fue Caín, para poder hacerlo tantas veces: como cuando dijo que no había habido sobresueldos en su partido; que Bárcenas hacía años que no tenía responsabilidades en el PP o que “todo lo que se refiere a mí no es cierto, salvo alguna cosa”.

    Pero Rajoy debería dejar de mentir. Aunque seguro que se ve a sí mismo como un ser “morbosamente virtuoso”, como define de Quincey a su personaje, si miente terminará como terminan todos los criminales, según el también autor de Confesiones de un inglés comedor de opio: “Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”. Algo impropio de un presidente “como Dios manda”.

     

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