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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 05
    Mayo
    2012

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    ESPAÑA FUERA DEL "MUNDO"

     

    Las recientes confiscaciones de YPF por el Gobierno argentino y de la filial de REE por el boliviano han reforzado mi vieja convicción acerca de la debilidad diplomática de España y de su escaso peso internacional, causante de su absoluta soledad cuando se le plantea algún problema grave en tal ámbito. Dos episodios históricos conformaron en mí esta idea. En primer lugar, la soledad absoluta de España en su conflicto con Estados Unidos por la isla de Cuba, que terminó en el desastre de una derrota militar que dejó al país "sin pulso", según exacta expresión de Francisco Silvela. Ha escrito al respecto Jesús Pabón, en El 98, acontecimiento internacional: "Podíamos proseguir junto a la Triple (Alianza), o entendernos con la Doble A-lianza, o aproximarnos -como Portugal- a Inglaterra, o buscar en América la cordial amistad que en Europa no hallásemos... (La) conducta del aislamiento suicida fue, sin embargo, la que se adoptó". Los efectos de este episodio fueron tan devastadores para la conciencia nacional española, que han ocultado incluso la razón profunda de lo sucedido y su principal consecuencia, que -también según Pabón- fue esta: "No quisimos vender (la isla de Cuba a los americanos). Por eso se produjo la guerra. Por eso fue Cuba independiente".

    El segundo acontecimiento tuvo lugar en 1975, durante los últimos días del general Franco: fue la marcha verde. Desde 1974, la cuestión del Sáhara estaba ante el Tribunal de La Haya, que -en otoño de 1975- estaba a punto de respaldar la tesis defendida por España de la autodeterminación del territorio, lo que iba en contra de los intereses de Marruecos. En esta tesitura, el rey Hasan, aprovechando la enfermedad terminal del general Franco, anunció la preparación de una marcha verde, invasión pacífica del Sáhara por la población marroquí. España, ante el inminente fin del régimen franquista, optó por eludir el conflicto armado, salvando la posición de sus fuerzas armadas con el viaje del entonces Príncipe de España, que hizo que la marcha verde quedase, tras este gesto, en una acción simbólica como fue la penetración en una tierra de nadie dejada al efecto, seguida -no obstante- de un acuerdo tripartito por el que España aceptó la retirada de sus fuerzas armadas del Sáhara, cuya administración cedió a Marruecos y Mauritania. De todo lo cual hay que retener dos ideas: 1. No se hizo más que vestir el muñeco para que no se le viesen las vergüenzas. 2. Estados Unidos advirtió a España que, en caso de guerra con Marruecos, no le suministraría repuestos, lo que pone de manifiesto otra vez la soledad de España, que tampoco tuvo a su lado a ningún país europeo.

    Con la transición, cuando se remansaron los acontecimientos, sí fue perceptible el esfuerzo de nuestros gobiernos y de nuestra diplomacia para ubicar a España en su lugar. Fernando Morán, primer ministro de Asuntos Exteriores de Felipe González, escribió un libro interesante y honesto -España en su sitio- en el que dice: "En otoño de 1982 España no estaba en el lugar que le correspondía (...) El complejo de inferioridad del español en lo internacional era una realidad lacerante y debilitante. Había, en diversos momentos, contribuido al pesimismo nacional, cuando no había alimentado un paralizante cinismo. Solamente quedaría superado si el país alcanzaba los objetivos ambiciosos, pero realistas, que ante él se presentaban como un horizonte posible".

    El éxito coronó su esfuerzo, hasta el punto de que puede sostenerse que, al terminar el siglo XX, España gozaba -gracias a los gobiernos de Felipe González - de un prestigio internacional hasta entonces desconocido. Pero, a partir de ahí, la deriva insólita de la política exterior de Aznar durante su segundo mandato y el agujero negro que han supuesto los siete años de Rodríguez Zapatero han dejado otra vez a España sin sitio. Pero sería injusto atribuir sólo a la acción gubernamental este renovado fracaso. Hay otra causa mucho más profunda y, por tanto, mucho más grave. Se trata de la debilidad congénita de España como nación, hoy severamente agudizada.

    Se trata de una debilidad que es consecuencia de la falta de cohesión interna de España, que se manifiesta no sólo en el ámbito territorial, sino también en la ausencia de cualquier vínculo sólido entre sus grupos sociales y clases, que impide su apoyo conjunto a cualquier proyecto compartido; en el cerril enfrentamiento de sus partidos políticos, que hace imposible todo pacto por necesario que sea; y, por fin, en su incapacidad enfermiza para definir intereses comunes y acometer con decisión su defensa, sacrificando siempre a estos en aras de las particulares conveniencias. Ortega lo atisbó certeramente en España invertebrada. El tiempo le ha dado la razón. Por eso hoy podemos concluir que la falta de sitio internacional de España es, sobre todo, consecuencia de su propio déficit como nación. Un déficit que, posiblemente, ya no pueda enjugarse.

     

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