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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 19
    Enero
    2012

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    ETA Y EL PERDÓN

    EL animal obra, pero propiamente no elige ni, por tanto, se rige. Es regido por sus estructuras naturales; por lo que solemos llamar instintos. De aquí que el animal realmente no cometa errores por decisión propia. Casi siempre acierta.
    El ser humano se rige a sí mismo. Para vivir, tiene que elegir. En la elección se cuela con suma frecuencia el error, cuando no la voluntad de hacer algo que puede causar daño a otros. Errar y, cuando sucede, actuar mal son algo constitutivo de su ser. Por ello, solo cuando reconoce su error puede empezar a enmendarlo. Pero cuando, además, se disculpa ante quien ha podido sufrir las consecuencias de su mala conducta, le pide perdón. Ese reconocimiento lo acerca a su propio ser y, en consecuencia, lo dignifica.
    Por el contrario, seguir silencioso en su mala conducta o mantenella y no enmendalla, lo aparta de la plenitud de su ser, lo reduce al ámbito del bruto, al ámbito del que no puede propiamente equivocarse, lo degrada al plano de la bestia. La última decisión de ETA pretendiendo prohibir la posible petición de perdón de sus presos incurre en este despropósito.
    La petición de perdón puede contemplarse, cuando menos, en dos vertientes. Una vertiente es la del agente que ha errado o ha actuado mal, causando, además, males a otros. La otra es la de quien o quienes han padecido las consecuencias dañosas de tales actuaciones. Los calificamos como víctimas.
    Desde la vertiente del agente, el pedir perdón dignifica ciertamente al ser humano. Pero no es menos cierto, en mi opinión, que se trata de una decisión absolutamente personal, hija de la propia conciencia. La conciencia es inviolable y, por ello, nadie puede en rigor exigirle nada si no es ella misma la que consigue descubrir el error o el mal e impone al agente obrar en consecuencia. Bien está, en principio, exigir a quien ha causado un daño que se disculpe y que pida perdón, pero es un error de perspectiva pretender que esa exigencia tenga por sí sola éxito.
    Bajo este punto de vista, cuando se pretende exigir o se dice que se exige a ETA, o a individuos de la banda que pidan perdón, se pueden estar cometiendo dos errores diferentes. En primer lugar es difícil que una organización heterogénea, como sin duda es ETA, pida eficazmente perdón: o no habrá acuerdo de todos sus miembros o, si lo hubiere, cada uno dará su conformidad según su conciencia, lo que puede dar lugar a muchas conformidades de sentido vario y en el límite, a tantas como miembros.
    La petición de perdón correspondiente será una ensalada de posiciones diversas carentes a mi entender de significado colectivo. Es decir, no será una petición colectiva de perdón. Creo, en cambio, posible y saludable que individuos del grupo vayan tomando conciencia de su responsabilidad y pidan perdón desde el fondo de su experiencia personal. Esto sí que me parece válido y necesario. Pero una cosa es exigir esa petición y otra pretender forzar la conciencia de quien debe formularla. Esto último, si fuere simplemente posible, sería, a mi juicio, una equivocación. La conciencia personal hay que respetarla. Otra cosa es falsificar la decisión de la persona.
    La vertiente de los damnificados, de las víctimas, tiene otras características. En primer lugar, parece lógico el derecho de las víctimas a exigir que se les pida perdón. Sin embargo, la cosa no es tan diáfana. Para exigir perdón a otros, hay que estar dispuesto a dos cosas: primero a perdonar y luego a aceptar la petición de perdón. Si no es así, exigir perdón es una pretensión carente de sentido.
    Aquí, pedir perdón causa sensación y suscita resistencia del agente; de hecho son muy pocas personas las que se deciden a pedirlo, reflejando la escasa calidad humana de nuestra sociedad. Esto explica que hayamos venido oyendo durante estos años -y se sigan oyendo hoy en día- manifestaciones del tipo "yo no perdonaré jamás", "su petición de perdón es hipócrita" y otras del mismo o parecido sentido.
    Como descarga de tensión interior son expresiones comprensibles, pero son en sí expresiones de odio, de rencor, difícilmente admisibles en gentes que desean la convivencia con sus semejantes y, sobre todo, en gentes que pretenden presentarse como cristianas a boca llena.
    Las actitudes de fondo que revelan anulan la capacidad de quien las pronuncia para exigir a nadie que pida perdón. ¿Qué sentido tiene exigir perdón cuando expresamente se rechaza aceptar la petición, bien porque no se quiere perdonar, bien porque no se da crédito al que lo pide? Y ¿qué decir de quienes, llegando al esperpento, pretenden fijar la forma en que otros deben pedir perdón?
    La exigencia de perdón ha de hacerse con lealtad. Es seguro que hay quienes formulan tal exigencia con toda sinceridad y obedeciendo a un imperativo de conciencia que les dice que a ETA, y sobre todo a sus miembros, debe exigírseles la petición de perdón. Pero creo igualmente, que en no pocos casos esa exigencia está formando parte de una serie de divisas políticas o de simple publicidad interesada, carentes de coherencia. Se dan a la luz con el mayor número posible de alharacas. Son aireadas por determinados medios y solo, según parece, para "mantener el fuego sagrado de la inestabilidad, apareciendo en la foto un día sí y otro también".
    Se formulan sin la menor intención de aceptar lo exigido y recuerdan la expresión, a mi entender fascista, de Caídos por Dios y por España. ¡Presentes! que todavía figura, por ejemplo, en los pórticos de algunos templos del Estado. Y esto es totalmente negativo para una solución razonable de los problemas pendientes de la desaparición de ETA. Ni es serio, ni debe aceptarse. Lo mejor es que este tipo de conductas cese de una vez.
     

     

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