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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 16
    Marzo
    2012

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    EUROPA: ¿ARDE?

     

    Al volver la vista atrás, hacia el pasado europeo, es fácil interpretar lo que pasó. Algunos expertos, por ejemplo, sitúan la fundación de la época que ahora parece hundirse en las guerras napoleónicas, que precipitaron en toda Europa los cambios políticos (y la reacción consiguiente) que la Ilustración y el Romanticismo habían sembrado (y que en Francia y en Gran Bretaña habían cristalizado en dos formas opuestas de revolución). Pero todo este palabreo, nada explica de la verdad humana del siglo XX. Un siglo en el que el progreso científico y tecnológico se puso enteramente al servicio de la muerte. La lección más pavorosa del progreso es que la física y la química, la energía del petróleo y del átomo, la medicina y la genética progresaron una barbaridad (nunca mejor dicho) gracias a los bombardeos masivos de la aviación, gracias a los campos de exterminio, al desarrollo del armamento y de las comunicaciones militares.

    Las interpretaciones históricas no consiguen transmitir ni un vago recuerdo del dolor y el hambre, de las heridas y pústulas, de las ratas y el fango sufridos por los millones de jóvenes que murieron en aquellas guerras. La historia no consigue transmitir la inefable crueldad a que fueron sometidas generaciones enteras de adolescentes franceses, alemanes, italianos, británicos, rusos y polacos. Quemar la juventud en la guerra y aceptar el trágico destino de haber nacido para morir matando a los veinte años. Sin olvidar a los judíos, exterminados en masa; o a los españoles y su destino monstruoso: matarse entre ellos. De esta memoria cruel, no quedan más que datos, cifras, abstracciones.

    El cultivo de una memoria abstracta e ideológica ha facilitado el regreso de los peores fantasmas del pasado europeo. Estos días pululan por Francia, país en el que, en cierta manera, empezó todo. Francia es la tierra de la libertad, pero también de la guillotina. Es la tierra de la igualdad, pero también de la superioridad jacobina del francés, que borró del mapa las lenguas regionales. Siendo la tierra de la fraternidad, fue al mismo tiempo la de un pertinaz colonialismo africano. Los fantasmas franceses que regresan son populistas. Populista es el coqueteo del candidato socialista Hollande con el resentimiento antialemán de la Francia profunda. Y populista es la descripción que hace Sarkozy de la libre circulación de personas en el espacio Schengen: un coladero de inmigrantes. Si Hollande compite con la extremista Le Pen apelando a un histórico resentimiento vecinal, Sarkozy compite con la xenófoba Le Pen señalando a un clásico chivo expiatorio: el extranjero.

    Dice el tópico que la historia regresa en forma de caricatura. Esperemos que estas caricaturas sean inofensivas. Pero la esperanza es ingenua cuando no quiere ver la realidad. Y la realidad es que nuestra Europa en crisis se parece muy mucho a los bosques en plena sequía. Lo hemos visto estos días: arden con suma facilidad. Basta un soplo de malos vientos.

     

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