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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 24
    Agosto
    2011

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    FACEBOOK Y REDES SOCIALES

    Hoy en Facebook la amiga Marisol Ayala se quejaba, y con razón, de la cantidad de información, aquí tendría que abrirse comillas, que llega a las páginas de inicio de los muros de los que forman esa Comunidad Internacional. Eso me hizo pensar y reflexionar en unos hechos sucedidos en USA y que paso a contarles:

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    San Francisco es una de las ciudades más liberales de los Estados Unidos y, sin embargo,  una decisión de la agencia gubernamental Bart, que administra el metro subterráneo, está siendo comparada con las régimenes dictatoriales como el de Mahmoud Ahmadinejad en Irán y Hosni Mubarak en Egipto. Al mismo tiempo, se discute bastante en la web y otros medios sobre las restricciones de uso de redes sociales a partir de los disturbios en Inglaterra este mes. ¿Qué está pasando con la libertad de expresión en estos tiempos de teléfonos inteligentes y Facebook?

    En el caso de San Francisco, todo comenzó el pasado 3 de julio, cuando el ciudadano Charles Hill fue muerto por la policía en la estación Civic Center del metro. Hill tenía problemas mentales y no tenía techo. El 12 de julio hubo una protesta y grupos activistas programaron otra el pasado 11 de agosto sobre la plataforma, y ese fue el día en el cual las autoridades de Bart decidieron cortar la señal de telefonía móvil para ‘desactivar’ dicha demostración.

    La noticia de la muerte de Hill había sido difundida sólo localmente pero ahora es tema de debate internacional. El vocero de Bart, Linton Johnson, ha dicho que la cobertura móvil en el sistema de transporte es un servicio adicional, no obligatorio, y la acción consistió en desconectar específicamente la señal en antenas repetidoras propiedad de Bart y en una estación en particular, no en todas las líneas. Surgen preguntas: ¿está el uso de los teléfonos móviles cubierto por el derecho a la libre expresión?, ¿qué hubiese pasado si la protesta se hubiese programado en un autobús o en una estación no subterránea?, ¿tienen las autoridades derecho a solicitar a las compañías telefónicas que corten la señal en determinadas zonas bajo ciertas circunstancias  ‘problemáticas’?

    El periodista Ted Trautman escribía el pasado 18 de agosto sobre el hecho: “Sin duda [el servicio] fue instalado como una cortesía y comodidad pero éste facilita un tipo de discurso multifacético que no puede retirarse fácilmente…”. Además, los pasajeros/as que pasaban por la estación se vieron afectados también, y eso es decir un número significativo dado el generalizado uso de teléfonos celulares: “La muerte de Hill y el corte de comunicaciones tienen por lo menos esto en común: ambos hacen de Bart un lugar que produce más miedo”, dice el periodista.

    Trautman apunta a la otra cuestión que considera aún más alarmante: “¿Por qué está [la policía] matando tantos pasajeros? Oficiales han disparado y matado tres personas dentro y alrededor de los trenes en los últimos tres años”, mientras que la policía del metro de Nueva York (que transporta 15 veces más pasajeros) no ha tenido ningún incidente así en los últimos diez años (el subway neoyorkino, además, instalará antenas transmisoras para móviles en sus estaciones a partir de este otoño). El autor sostiene que Bart “ha puesto en peligro los tres elementos [de la libre expresión]: discurso, libertad de prensa, derecho de reunión”.

    Al otro lado del Atlántico, el ‘verano candente’ inglés deja abierta la discusión sobre el derecho que pueden tener las autoridades sobre las comunicaciones personales en servicios móviles y otros recursos en línea. Jordan Blackshaw (20 años) y Perry Sutcliffe-Keenan (22 años) han sido sentenciados a cuatro años de cárcel en la corte de Chester por usar Facebook (FB) para organizar disturbios. Blackshaw creó un evento en FB para la noche del 8 de agosto titulado “Smash Down in Northwich Town” (juego de palabras sobre destrozos en su ciudad Northwich) y designó un local de McDonald’s como punto de encuentro, al cual nadie acudió, salvo él y la policía, que lo arrestó en el acto. Sutcliffe-Keenan usó su sitio en FB para crear la página “The Warrington Riots” (Los disturbios de Warrington) en la madrugada del 9 de agosto. Al despertar después con una resaca, borró la página y se disculpó con sus 400 contactos diciendo que había sido una broma.

    De ninguna de dichas acciones en FB se derivaron asaltos o movilizaciones, pero ambos jóvenes han sido castigados de forma ‘ejemplar’, según los respectivos jueces, quienes aluden al “pánico suscitado” y a la “presión considerable sobre las fuerzas policiales”.  Ya se ha creado un grupo en Facebook solicitando su liberación y criticando la ‘justicia dura y rápida’ que se está impartiendo en Inglaterra con los casos de los disturbios (2987 detenciones hasta el pasado 19 de agosto).

    El miércoles 17 de agosto se conoció el caso de un adolescente de 17 años, en la localidad de Bury St Edmunds, a quien le ha sido prohibido acceder a FB durante 12 meses y ordenado cumplir 120 horas de trabajo comunitario, un programa de rehabilitación juvenil durante el mismo tiempo y observar un toque de queda entre 7 de la noche y 6 de la mañana durante tres meses. El joven publicó un mensaje en su FB a las 9.45am del 9 de agosto diciendo: “Pienso que debemos empezar a amotinarnos, es hora de que detengamos a las autoridades que nos están presionando y arruinando este país… Es hora de que nos defendamos por nosotros mismos por primera vez. Así que, vengan revoltosos…”.

    Algunas personas de su lista de contactos le respondieron llamándolo “idiota”, él borró su entrada pero la policía fue alertada y lo detuvo. Estos casos hacen indagar más sobre los alcances de las autoridades sobre las actividades en línea de la gente hoy, además de los parámetros para juzgar este tipo de vigilancia y restricciones. ¿Es posible entonces censurar a un gobierno dictatorial extranjero porque corta el acceso a Twitter, por ejemplo, cuando su pueblo se rebela en contra y se echa a la calle, pero es admisible que el gobierno de un país democrático corte el acceso a servicios móviles y de la web, y use mensajes en FB como prueba de delito cuando tiene grupos revoltosos en sus calles?. ¿En dónde se traza la línea que separa una decisión de otra?

    De nuevo, aunque desde estos otros ángulos, se demuestra que Facebook no sólo “conecta con gente a tu alrededor”, sino con otra que puede estar leyendo con atención desde considerable distancia, y que no se conmueve con la jerga net-social. El menor de edad del último caso mencionado alegó que todo había sido una broma y que por eso había escrito al final de su mensaje “LOL”, (Lots Of Love, con mucho amor o más usado comúnmente, como señala mike abajo en su comentario, Lots Of Laughs, Laugh Out Loud: montones de risas, reir duro) fórmula de despedida bastante común en inglés escrito y en línea, pero ese ‘guiño’ no convenció en absoluto al magistrado Graham Higgins a cargo del dictamen.

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    San Francisco es una de las ciudades más liberales de los Estados Unidos y, sin embargo,  una decisión de la agencia gubernamental Bart, que administra el metro subterráneo, está siendo comparada con las régimenes dictatoriales como el de Mahmoud Ahmadinejad en Irán y Hosni Mubarak en Egipto. Al mismo tiempo, se discute bastante en la web y otros medios sobre las restricciones de uso de redes sociales a partir de los disturbios en Inglaterra este mes. ¿Qué está pasando con la libertad de expresión en estos tiempos de teléfonos inteligentes y Facebook?

    En el caso de San Francisco, todo comenzó el pasado 3 de julio, cuando el ciudadano Charles Hill fue muerto por la policía en la estación Civic Center del metro. Hill tenía problemas mentales y no tenía techo. El 12 de julio hubo una protesta y grupos activistas programaron otra el pasado 11 de agosto sobre la plataforma, y ese fue el día en el cual las autoridades de Bart decidieron cortar la señal de telefonía móvil para ‘desactivar’ dicha demostración.

    La noticia de la muerte de Hill había sido difundida sólo localmente pero ahora es tema de debate internacional. El vocero de Bart, Linton Johnson, ha dicho que la cobertura móvil en el sistema de transporte es un servicio adicional, no obligatorio, y la acción consistió en desconectar específicamente la señal en antenas repetidoras propiedad de Bart y en una estación en particular, no en todas las líneas. Surgen preguntas: ¿está el uso de los teléfonos móviles cubierto por el derecho a la libre expresión?, ¿qué hubiese pasado si la protesta se hubiese programado en un autobús o en una estación no subterránea?, ¿tienen las autoridades derecho a solicitar a las compañías telefónicas que corten la señal en determinadas zonas bajo ciertas circunstancias  ‘problemáticas’?

    El periodista Ted Trautman escribía el pasado 18 de agosto sobre el hecho: “Sin duda [el servicio] fue instalado como una cortesía y comodidad pero éste facilita un tipo de discurso multifacético que no puede retirarse fácilmente…”. Además, los pasajeros/as que pasaban por la estación se vieron afectados también, y eso es decir un número significativo dado el generalizado uso de teléfonos celulares: “La muerte de Hill y el corte de comunicaciones tienen por lo menos esto en común: ambos hacen de Bart un lugar que produce más miedo”, dice el periodista.

    Trautman apunta a la otra cuestión que considera aún más alarmante: “¿Por qué está [la policía] matando tantos pasajeros? Oficiales han disparado y matado tres personas dentro y alrededor de los trenes en los últimos tres años”, mientras que la policía del metro de Nueva York (que transporta 15 veces más pasajeros) no ha tenido ningún incidente así en los últimos diez años (el subway neoyorkino, además, instalará antenas transmisoras para móviles en sus estaciones a partir de este otoño). El autor sostiene que Bart “ha puesto en peligro los tres elementos [de la libre expresión]: discurso, libertad de prensa, derecho de reunión”.

    Al otro lado del Atlántico, el ‘verano candente’ inglés deja abierta la discusión sobre el derecho que pueden tener las autoridades sobre las comunicaciones personales en servicios móviles y otros recursos en línea. Jordan Blackshaw (20 años) y Perry Sutcliffe-Keenan (22 años) han sido sentenciados a cuatro años de cárcel en la corte de Chester por usar Facebook (FB) para organizar disturbios. Blackshaw creó un evento en FB para la noche del 8 de agosto titulado “Smash Down in Northwich Town” (juego de palabras sobre destrozos en su ciudad Northwich) y designó un local de McDonald’s como punto de encuentro, al cual nadie acudió, salvo él y la policía, que lo arrestó en el acto. Sutcliffe-Keenan usó su sitio en FB para crear la página “The Warrington Riots” (Los disturbios de Warrington) en la madrugada del 9 de agosto. Al despertar después con una resaca, borró la página y se disculpó con sus 400 contactos diciendo que había sido una broma.

    De ninguna de dichas acciones en FB se derivaron asaltos o movilizaciones, pero ambos jóvenes han sido castigados de forma ‘ejemplar’, según los respectivos jueces, quienes aluden al “pánico suscitado” y a la “presión considerable sobre las fuerzas policiales”.  Ya se ha creado un grupo en Facebook solicitando su liberación y criticando la ‘justicia dura y rápida’ que se está impartiendo en Inglaterra con los casos de los disturbios (2987 detenciones hasta el pasado 19 de agosto).

    El miércoles 17 de agosto se conoció el caso de un adolescente de 17 años, en la localidad de Bury St Edmunds, a quien le ha sido prohibido acceder a FB durante 12 meses y ordenado cumplir 120 horas de trabajo comunitario, un programa de rehabilitación juvenil durante el mismo tiempo y observar un toque de queda entre 7 de la noche y 6 de la mañana durante tres meses. El joven publicó un mensaje en su FB a las 9.45am del 9 de agosto diciendo: “Pienso que debemos empezar a amotinarnos, es hora de que detengamos a las autoridades que nos están presionando y arruinando este país… Es hora de que nos defendamos por nosotros mismos por primera vez. Así que, vengan revoltosos…”.

    Algunas personas de su lista de contactos le respondieron llamándolo “idiota”, él borró su entrada pero la policía fue alertada y lo detuvo. Estos casos hacen indagar más sobre los alcances de las autoridades sobre las actividades en línea de la gente hoy, además de los parámetros para juzgar este tipo de vigilancia y restricciones. ¿Es posible entonces censurar a un gobierno dictatorial extranjero porque corta el acceso a Twitter, por ejemplo, cuando su pueblo se rebela en contra y se echa a la calle, pero es admisible que el gobierno de un país democrático corte el acceso a servicios móviles y de la web, y use mensajes en FB como prueba de delito cuando tiene grupos revoltosos en sus calles?. ¿En dónde se traza la línea que separa una decisión de otra?

    De nuevo, aunque desde estos otros ángulos, se demuestra que Facebook no sólo “conecta con gente a tu alrededor”, sino con otra que puede estar leyendo con atención desde considerable distancia, y que no se conmueve con la jerga net-social. El menor de edad del último caso mencionado alegó que todo había sido una broma y que por eso había escrito al final de su mensaje “LOL”, (Lots Of Love, con mucho amor o más usado comúnmente, como señala mike abajo en su comentario, Lots Of Laughs, Laugh Out Loud: montones de risas, reir duro) fórmula de despedida bastante común en inglés escrito y en línea, pero ese ‘guiño’ no convenció en absoluto al magistrado Graham Higgins a cargo del dictamen.

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    En el caso de San Francisco, todo comenzó el pasado 3 de julio, cuando el ciudadano Charles Hill fue muerto por la policía en la estación Civic Center del metro. Hill tenía problemas mentales y no tenía techo. El 12 de julio hubo una protesta y grupos activistas programaron otra el pasado 11 de agosto sobre la plataforma, y ese fue el día en el cual las autoridades de Bart decidieron cortar la señal de telefonía móvil para ‘desactivar’ dicha demostración.

    La noticia de la muerte de Hill había sido difundida sólo localmente pero ahora es tema de debate internacional. El vocero de Bart, Linton Johnson, ha dicho que la cobertura móvil en el sistema de transporte es un servicio adicional, no obligatorio, y la acción consistió en desconectar específicamente la señal en antenas repetidoras propiedad de Bart y en una estación en particular, no en todas las líneas. Surgen preguntas: ¿está el uso de los teléfonos móviles cubierto por el derecho a la libre expresión?, ¿qué hubiese pasado si la protesta se hubiese programado en un autobús o en una estación no subterránea?, ¿tienen las autoridades derecho a solicitar a las compañías telefónicas que corten la señal en determinadas zonas bajo ciertas circunstancias  ‘problemáticas’?

    El periodista Ted Trautman escribía el pasado 18 de agosto sobre el hecho: “Sin duda [el servicio] fue instalado como una cortesía y comodidad pero éste facilita un tipo de discurso multifacético que no puede retirarse fácilmente…”. Además, los pasajeros/as que pasaban por la estación se vieron afectados también, y eso es decir un número significativo dado el generalizado uso de teléfonos celulares: “La muerte de Hill y el corte de comunicaciones tienen por lo menos esto en común: ambos hacen de Bart un lugar que produce más miedo”, dice el periodista.

    Trautman apunta a la otra cuestión que considera aún más alarmante: “¿Por qué está [la policía] matando tantos pasajeros? Oficiales han disparado y matado tres personas dentro y alrededor de los trenes en los últimos tres años”, mientras que la policía del metro de Nueva York (que transporta 15 veces más pasajeros) no ha tenido ningún incidente así en los últimos diez años (el subway neoyorkino, además, instalará antenas transmisoras para móviles en sus estaciones a partir de este otoño). El autor sostiene que Bart “ha puesto en peligro los tres elementos [de la libre expresión]: discurso, libertad de prensa, derecho de reunión”.

    Al otro lado del Atlántico, el ‘verano candente’ inglés deja abierta la discusión sobre el derecho que pueden tener las autoridades sobre las comunicaciones personales en servicios móviles y otros recursos en línea. Jordan Blackshaw (20 años) y Perry Sutcliffe-Keenan (22 años) han sido sentenciados a cuatro años de cárcel en la corte de Chester por usar Facebook (FB) para organizar disturbios. Blackshaw creó un evento en FB para la noche del 8 de agosto titulado “Smash Down in Northwich Town” (juego de palabras sobre destrozos en su ciudad Northwich) y designó un local de McDonald’s como punto de encuentro, al cual nadie acudió, salvo él y la policía, que lo arrestó en el acto. Sutcliffe-Keenan usó su sitio en FB para crear la página “The Warrington Riots” (Los disturbios de Warrington) en la madrugada del 9 de agosto. Al despertar después con una resaca, borró la página y se disculpó con sus 400 contactos diciendo que había sido una broma.

    De ninguna de dichas acciones en FB se derivaron asaltos o movilizaciones, pero ambos jóvenes han sido castigados de forma ‘ejemplar’, según los respectivos jueces, quienes aluden al “pánico suscitado” y a la “presión considerable sobre las fuerzas policiales”.  Ya se ha creado un grupo en Facebook solicitando su liberación y criticando la ‘justicia dura y rápida’ que se está impartiendo en Inglaterra con los casos de los disturbios (2987 detenciones hasta el pasado 19 de agosto).

    El miércoles 17 de agosto se conoció el caso de un adolescente de 17 años, en la localidad de Bury St Edmunds, a quien le ha sido prohibido acceder a FB durante 12 meses y ordenado cumplir 120 horas de trabajo comunitario, un programa de rehabilitación juvenil durante el mismo tiempo y observar un toque de queda entre 7 de la noche y 6 de la mañana durante tres meses. El joven publicó un mensaje en su FB a las 9.45am del 9 de agosto diciendo: “Pienso que debemos empezar a amotinarnos, es hora de que detengamos a las autoridades que nos están presionando y arruinando este país… Es hora de que nos defendamos por nosotros mismos por primera vez. Así que, vengan revoltosos…”.

    Algunas personas de su lista de contactos le respondieron llamándolo “idiota”, él borró su entrada pero la policía fue alertada y lo detuvo. Estos casos hacen indagar más sobre los alcances de las autoridades sobre las actividades en línea de la gente hoy, además de los parámetros para juzgar este tipo de vigilancia y restricciones. ¿Es posible entonces censurar a un gobierno dictatorial extranjero porque corta el acceso a Twitter, por ejemplo, cuando su pueblo se rebela en contra y se echa a la calle, pero es admisible que el gobierno de un país democrático corte el acceso a servicios móviles y de la web, y use mensajes en FB como prueba de delito cuando tiene grupos revoltosos en sus calles?. ¿En dónde se traza la línea que separa una decisión de otra?

    De nuevo, aunque desde estos otros ángulos, se demuestra que Facebook no sólo “conecta con gente a tu alrededor”, sino con otra que puede estar leyendo con atención desde considerable distancia, y que no se conmueve con la jerga net-social. El menor de edad del último caso mencionado alegó que todo había sido una broma y que por eso había escrito al final de su mensaje “LOL”, (Lots Of Love, con mucho amor o más usado comúnmente, como señala mike abajo en su comentario, Lots Of Laughs, Laugh Out Loud: montones de risas, reir duro) fórmula de despedida bastante común en inglés escrito y en línea, pero ese ‘guiño’ no convenció en absoluto al magistrado Graham Higgins a cargo del dictamen.

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    En el caso de San Francisco, todo comenzó el pasado 3 de julio, cuando el ciudadano Charles Hill fue muerto por la policía en la estación Civic Center del metro. Hill tenía problemas mentales y no tenía techo. El 12 de julio hubo una protesta y grupos activistas programaron otra el pasado 11 de agosto sobre la plataforma, y ese fue el día en el cual las autoridades de Bart decidieron cortar la señal de telefonía móvil para ‘desactivar’ dicha demostración.

    La noticia de la muerte de Hill había sido difundida sólo localmente pero ahora es tema de debate internacional. El vocero de Bart, Linton Johnson, ha dicho que la cobertura móvil en el sistema de transporte es un servicio adicional, no obligatorio, y la acción consistió en desconectar específicamente la señal en antenas repetidoras propiedad de Bart y en una estación en particular, no en todas las líneas. Surgen preguntas: ¿está el uso de los teléfonos móviles cubierto por el derecho a la libre expresión?, ¿qué hubiese pasado si la protesta se hubiese programado en un autobús o en una estación no subterránea?, ¿tienen las autoridades derecho a solicitar a las compañías telefónicas que corten la señal en determinadas zonas bajo ciertas circunstancias  ‘problemáticas’?

    El periodista Ted Trautman escribía el pasado 18 de agosto sobre el hecho: “Sin duda [el servicio] fue instalado como una cortesía y comodidad pero éste facilita un tipo de discurso multifacético que no puede retirarse fácilmente…”. Además, los pasajeros/as que pasaban por la estación se vieron afectados también, y eso es decir un número significativo dado el generalizado uso de teléfonos celulares: “La muerte de Hill y el corte de comunicaciones tienen por lo menos esto en común: ambos hacen de Bart un lugar que produce más miedo”, dice el periodista.

    Trautman apunta a la otra cuestión que considera aún más alarmante: “¿Por qué está [la policía] matando tantos pasajeros? Oficiales han disparado y matado tres personas dentro y alrededor de los trenes en los últimos tres años”, mientras que la policía del metro de Nueva York (que transporta 15 veces más pasajeros) no ha tenido ningún incidente así en los últimos diez años (el subway neoyorkino, además, instalará antenas transmisoras para móviles en sus estaciones a partir de este otoño). El autor sostiene que Bart “ha puesto en peligro los tres elementos [de la libre expresión]: discurso, libertad de prensa, derecho de reunión”.

    Al otro lado del Atlántico, el ‘verano candente’ inglés deja abierta la discusión sobre el derecho que pueden tener las autoridades sobre las comunicaciones personales en servicios móviles y otros recursos en línea. Jordan Blackshaw (20 años) y Perry Sutcliffe-Keenan (22 años) han sido sentenciados a cuatro años de cárcel en la corte de Chester por usar Facebook (FB) para organizar disturbios. Blackshaw creó un evento en FB para la noche del 8 de agosto titulado “Smash Down in Northwich Town” (juego de palabras sobre destrozos en su ciudad Northwich) y designó un local de McDonald’s como punto de encuentro, al cual nadie acudió, salvo él y la policía, que lo arrestó en el acto. Sutcliffe-Keenan usó su sitio en FB para crear la página “The Warrington Riots” (Los disturbios de Warrington) en la madrugada del 9 de agosto. Al despertar después con una resaca, borró la página y se disculpó con sus 400 contactos diciendo que había sido una broma.

    De ninguna de dichas acciones en FB se derivaron asaltos o movilizaciones, pero ambos jóvenes han sido castigados de forma ‘ejemplar’, según los respectivos jueces, quienes aluden al “pánico suscitado” y a la “presión considerable sobre las fuerzas policiales”.  Ya se ha creado un grupo en Facebook solicitando su liberación y criticando la ‘justicia dura y rápida’ que se está impartiendo en Inglaterra con los casos de los disturbios (2987 detenciones hasta el pasado 19 de agosto).

    El miércoles 17 de agosto se conoció el caso de un adolescente de 17 años, en la localidad de Bury St Edmunds, a quien le ha sido prohibido acceder a FB durante 12 meses y ordenado cumplir 120 horas de trabajo comunitario, un programa de rehabilitación juvenil durante el mismo tiempo y observar un toque de queda entre 7 de la noche y 6 de la mañana durante tres meses. El joven publicó un mensaje en su FB a las 9.45am del 9 de agosto diciendo: “Pienso que debemos empezar a amotinarnos, es hora de que detengamos a las autoridades que nos están presionando y arruinando este país… Es hora de que nos defendamos por nosotros mismos por primera vez. Así que, vengan revoltosos…”.

    Algunas personas de su lista de contactos le respondieron llamándolo “idiota”, él borró su entrada pero la policía fue alertada y lo detuvo. Estos casos hacen indagar más sobre los alcances de las autoridades sobre las actividades en línea de la gente hoy, además de los parámetros para juzgar este tipo de vigilancia y restricciones. ¿Es posible entonces censurar a un gobierno dictatorial extranjero porque corta el acceso a Twitter, por ejemplo, cuando su pueblo se rebela en contra y se echa a la calle, pero es admisible que el gobierno de un país democrático corte el acceso a servicios móviles y de la web, y use mensajes en FB como prueba de delito cuando tiene grupos revoltosos en sus calles?. ¿En dónde se traza la línea que separa una decisión de otra?

    De nuevo, aunque desde estos otros ángulos, se demuestra que Facebook no sólo “conecta con gente a tu alrededor”, sino con otra que puede estar leyendo con atención desde considerable distancia, y que no se conmueve con la jerga net-social. El menor de edad del último caso mencionado alegó que todo había sido una broma y que por eso había escrito al final de su mensaje “LOL”, (Lots Of Love, con mucho amor o más usado comúnmente, como señala mike abajo en su comentario, Lots Of Laughs, Laugh Out Loud: montones de risas, reir duro) fórmula de despedida bastante común en inglés escrito y en línea, pero ese ‘guiño’ no convenció en absoluto al magistrado Graham Higgins a cargo del dictamen.

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    San Francisco es una de las ciudades más liberales de los Estados Unidos y, sin embargo,  una decisión de la agencia gubernamental Bart, que administra el metro subterráneo, está siendo comparada con las régimenes dictatoriales como el de Mahmoud Ahmadinejad en Irán y Hosni Mubarak en Egipto. Al mismo tiempo, se discute bastante en la web y otros medios sobre las restricciones de uso de redes sociales a partir de los disturbios en Inglaterra este mes. ¿Qué está pasando con la libertad de expresión en estos tiempos de teléfonos inteligentes y Facebook?

    En el caso de San Francisco, todo comenzó el pasado 3 de julio, cuando el ciudadano Charles Hill fue muerto por la policía en la estación Civic Center del metro. Hill tenía problemas mentales y no tenía techo. El 12 de julio hubo una protesta y grupos activistas programaron otra el pasado 11 de agosto sobre la plataforma, y ese fue el día en el cual las autoridades de Bart decidieron cortar la señal de telefonía móvil para ‘desactivar’ dicha demostración.

    La noticia de la muerte de Hill había sido difundida sólo localmente pero ahora es tema de debate internacional. El vocero de Bart, Linton Johnson, ha dicho que la cobertura móvil en el sistema de transporte es un servicio adicional, no obligatorio, y la acción consistió en desconectar específicamente la señal en antenas repetidoras propiedad de Bart y en una estación en particular, no en todas las líneas. Surgen preguntas: ¿está el uso de los teléfonos móviles cubierto por el derecho a la libre expresión?, ¿qué hubiese pasado si la protesta se hubiese programado en un autobús o en una estación no subterránea?, ¿tienen las autoridades derecho a solicitar a las compañías telefónicas que corten la señal en determinadas zonas bajo ciertas circunstancias  ‘problemáticas’?

    El periodista Ted Trautman escribía el pasado 18 de agosto sobre el hecho: “Sin duda [el servicio] fue instalado como una cortesía y comodidad pero éste facilita un tipo de discurso multifacético que no puede retirarse fácilmente…”. Además, los pasajeros/as que pasaban por la estación se vieron afectados también, y eso es decir un número significativo dado el generalizado uso de teléfonos celulares: “La muerte de Hill y el corte de comunicaciones tienen por lo menos esto en común: ambos hacen de Bart un lugar que produce más miedo”, dice el periodista.

    Trautman apunta a la otra cuestión que considera aún más alarmante: “¿Por qué está [la policía] matando tantos pasajeros? Oficiales han disparado y matado tres personas dentro y alrededor de los trenes en los últimos tres años”, mientras que la policía del metro de Nueva York (que transporta 15 veces más pasajeros) no ha tenido ningún incidente así en los últimos diez años (el subway neoyorkino, además, instalará antenas transmisoras para móviles en sus estaciones a partir de este otoño). El autor sostiene que Bart “ha puesto en peligro los tres elementos [de la libre expresión]: discurso, libertad de prensa, derecho de reunión”.

    Al otro lado del Atlántico, el ‘verano candente’ inglés deja abierta la discusión sobre el derecho que pueden tener las autoridades sobre las comunicaciones personales en servicios móviles y otros recursos en línea. Jordan Blackshaw (20 años) y Perry Sutcliffe-Keenan (22 años) han sido sentenciados a cuatro años de cárcel en la corte de Chester por usar Facebook (FB) para organizar disturbios. Blackshaw creó un evento en FB para la noche del 8 de agosto titulado “Smash Down in Northwich Town” (juego de palabras sobre destrozos en su ciudad Northwich) y designó un local de McDonald’s como punto de encuentro, al cual nadie acudió, salvo él y la policía, que lo arrestó en el acto. Sutcliffe-Keenan usó su sitio en FB para crear la página “The Warrington Riots” (Los disturbios de Warrington) en la madrugada del 9 de agosto. Al despertar después con una resaca, borró la página y se disculpó con sus 400 contactos diciendo que había sido una broma.

    De ninguna de dichas acciones en FB se derivaron asaltos o movilizaciones, pero ambos jóvenes han sido castigados de forma ‘ejemplar’, según los respectivos jueces, quienes aluden al “pánico suscitado” y a la “presión considerable sobre las fuerzas policiales”.  Ya se ha creado un grupo en Facebook solicitando su liberación y criticando la ‘justicia dura y rápida’ que se está impartiendo en Inglaterra con los casos de los disturbios (2987 detenciones hasta el pasado 19 de agosto).

    El miércoles 17 de agosto se conoció el caso de un adolescente de 17 años, en la localidad de Bury St Edmunds, a quien le ha sido prohibido acceder a FB durante 12 meses y ordenado cumplir 120 horas de trabajo comunitario, un programa de rehabilitación juvenil durante el mismo tiempo y observar un toque de queda entre 7 de la noche y 6 de la mañana durante tres meses. El joven publicó un mensaje en su FB a las 9.45am del 9 de agosto diciendo: “Pienso que debemos empezar a amotinarnos, es hora de que detengamos a las autoridades que nos están presionando y arruinando este país… Es hora de que nos defendamos por nosotros mismos por primera vez. Así que, vengan revoltosos…”.

    Algunas personas de su lista de contactos le respondieron llamándolo “idiota”, él borró su entrada pero la policía fue alertada y lo detuvo. Estos casos hacen indagar más sobre los alcances de las autoridades sobre las actividades en línea de la gente hoy, además de los parámetros para juzgar este tipo de vigilancia y restricciones. ¿Es posible entonces censurar a un gobierno dictatorial extranjero porque corta el acceso a Twitter, por ejemplo, cuando su pueblo se rebela en contra y se echa a la calle, pero es admisible que el gobierno de un país democrático corte el acceso a servicios móviles y de la web, y use mensajes en FB como prueba de delito cuando tiene grupos revoltosos en sus calles?. ¿En dónde se traza la línea que separa una decisión de otra?

    De nuevo, aunque desde estos otros ángulos, se demuestra que Facebook no sólo “conecta con gente a tu alrededor”, sino con otra que puede estar leyendo con atención desde considerable distancia, y que no se conmueve con la jerga net-social. El menor de edad del último caso mencionado alegó que todo había sido una broma y que por eso había escrito al final de su mensaje “LOL”, (Lots Of Love, con mucho amor o más usado comúnmente, como señala mike abajo en su comentario, Lots Of Laughs, Laugh Out Loud: montones de risas, reir duro) fórmula de despedida bastante común en inglés escrito y en línea, pero ese ‘guiño’ no convenció en absoluto al magistrado Graham Higgins a cargo del dictamen.

     

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