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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 18
    Febrero
    2012

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    FACUNDO CABRAL Y LOS HIJOS DEL REY

    A Facundo Cabral lo asesinaron, qué ironía, en un boulevard llamado Liberación. Argentino de ninguna parte, como decía su primer éxito, No soy de aquí ni de allá, cantautor de la estirpe de Yupanqui, Cafrune y Larralde, lo liberaron a tiros que, dijeron, no iban contra él sino contra quien le acompañaba aquel día en Ciudad de Guatemala. Quien le acompañaba salió vivo, y Cabral, previsor él, se había despedido ya del mundo, en público y enigmático, dos días antes: "Que sea lo que Dios quiera, porque él sabe lo que hace". Fue el pasado julio. Era peleón Cabral. Suya es aquella máxima sobre el trabajo: "Si será malo que deben pagarte para que lo hagas". Había visto tanto que sus ojos ya se iban negando a seguir haciéndolo ahora que el mundo -El mundo estaba tranquilo cuando yo nací, cantaba- se transforma en otro en el que trabajas y si te descuidas ni te pagan. Cabral era invidente y clarividente al mismo tiempo. Pensaba. Que es el trabajo más difícil que hay. Lo dijo Ford, Henry Ford, quien inició la transformación de este mundo y tal vez tenga la paternidad de su pobreza pero nunca logró sacar ideas de una cadena de montaje. De hecho, todo lo contrario que coches, cada vez hay menos. Y en estas estamos. Lo escribía José Luis Alvite, con la misma clarividencia de Cabral, en La Razón extrañamente: "El problema surge cuando la miseria se generaliza y los pobres superan ese porcentaje de la población que se mantenía bajo control como una curiosidad estadística en la que se entretenían los gabinetes de sociólogos y las pastorales de los obispos. (...) El aumento de la miseria produce una inestabilidad social que no nos preocupa solo porque suponga un reto a la capacidad benéfica del Estado, sino porque cuando la pobreza se generaliza y es ingente existe un evidente riesgo de que la gente no se conforme con la limosna y rompa las lunas de las sucursales bancarias antes de que su desesperación decida saquearlas. Hay un punto de la prostración social en el que la resignación cede su sitio a la furia, porque a un hombre hambriento le cuesta mucho escuchar y leer". El artículo, de título duro, País sin ratas, era toda una advertencia: "Estamos llegando a ese punto crítico en que cerramos el periódico, abrimos la ventana y nos damos cuenta de que los gatos se han quedado sin ratas que comer". Y sin embargo...
    Sin embargo hay quien le echa la culpa ¡cómo no! a Grecia, que es como decir al empedrado, si es que a Grecia le han dejado siquiera sus piedras. Fernando Fernández, en ABC: "...la reforma laboral es una de las primeras consecuencias de los acontecimientos griegos (...) El Gobierno acabará por convencernos a todos, porque los españoles prefieren bajarse el salario y asumir un deterioro de las condiciones laborales antes que verse en paro". Ya. Es lo que el mundo que abandonó Cabral después de que el mundo lo abandonara a él nos da a elegir: pobreza o miseria. Vivir Entre Pobres, que cantaba él. Y que no chiste ni dios. Lean: "La auténtica reforma laboral pasa por la desaparición de los sindicatos de clase. Porque ya esa clase no les pertenece, ni la pueden manipular, ni engañarla. Pasa por la creación de sindicatos especializados en cada sector y ajenos a la ideología política. Profesionalidad y cuotas". El párrafo (y la cuota) es de Ussía, de Alfonso Ussía, quizás añorante del sindicato vertical y sin quizás de derechas, pero muy de derechas, del modo en que era de derechas Ronald Reagan, quien bastante antes de ser presidente de EE.UU. dijo aquello de que "el trabajo duro quizás no haya matado a nadie, pero ¿por qué arriesgarse?". No se arriesgó.
    El rey, tampoco. Ni trabaja duro ni se arriesga. Husmea que hay mucho cabral cabreado y ha puesto en marcha, de la mano de su nuevo responsable de comunicación, Javier Ayuso, una campaña mediática de apoyo. De apoyo a sí mismo, claro. ¿Dónde? Dónde va a ser. En Vocento. En ABC, en La Tercera de ABC. Y, para hacerlo, quizás por aquello de la sucesión, tira de hijos. De hijos de alguien. El miércoles, Miguel de Oriol e Ybarra, de los Oriol y los Ybarra de toda la vida, hermano de Iñigo, el que fue, hijo de José María de Oriol, el que también fue, el del Talgo. Decía, en "Iberia, finca regia", esto: "Don Juan Carlos tiene buena talla, es simpático, directo, y lleva fundiéndose con nuestras filias y fobias desde hace sesenta años. No ha tenido un mal gesto; ha vivido, claro. Pero ¿se le han visto actitudes extemporáneas? (...) Que el esperado éxito político de un equipo gubernamental, elegido entre los españoles sin requisito monárquico, no dé argumentos a los politicastros para incitar a un pueblo, con milenaria vocación de reino, hacia una república". O sea. Y ayer, viernes, Leopoldo Calvo Sotelo Ibáñez-Martín, hijo de Leopoldo Calvo Sotelo Bustelo, expresidente de gobierno, y nieto de José Ibáñez Martín, ministro de Educación y Ciencia franquista entre 1939 y 1955, decía esto otro en "La España del rey Juan Carlos": "Hay tres generaciones de españoles para las que el reinado de Don Juan Carlos simboliza los mejores años de su vida (...) el reinado de Don Juan Carlos es probablemente la más importante de las claves históricas (...) pasará a la historia como un paradigma en su género, como en su género y época lo fueron los reinados de Felipe II y Carlos III (...) dejará impresos sobre la realidad social española los perfiles de esa gran institución clásica que es la monarquía parlamentaria...". A estos, como ven, no los reforma nadie. Leyéndoles, uno empieza a entender a Cabral: Si será malo el trabajo, que deben pagarles para que lo hagan.
     

     

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