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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 17
    Marzo
    2012

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    LA "PEPA"

     

    En un principio fue la Ilustración. Durante el Siglo de las Luces se extendieron por Europa unas ideas nuevas que no surgieron de la nada, sino que eran desarrollo y fruto de los principios que informaron la cultura europea desde su inicio. Estas ideas son que toda persona ha de aspirar, en esta vida, no a la redención sino a la felicidad; que toda persona ha de guiar sus actos por la razón y no por la tradición; y que todas las personas tienen, por el simple hecho de serlo, los mismos derechos. En este ideario se hallaba el germen del cambio social desencadenado por el proceso revolucionario liberal que, iniciado en Francia, puso fin al Antiguo Régimen. En España, este proceso fue precipitado por la guerra provocada por la invasión napoleónica, ante la pasividad, cobarde y criminal, de la dinastía borbónica, que supuso la quiebra de la monarquía absoluta en 1808. Carlos IV y Fernando VII -manso el uno, felón el otro- dejaron el poder en el arroyo, de donde lo recogieron las Juntas que surgieron por doquier y se articularon hasta llegar a la Junta Central. Y fue ésta la que, como última depositaria de la soberanía, decidió "juntar Cortes" en Cádiz, para redactar "una sabia Constitución", que estableciese "un gobierno firme y liberal".

    No es extraño que el conde de Toreno -diputado entonces- diese a la primera obra escrita sobre aquel periodo un título concluyente: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Guerra contra la tiranía externa, en pos de la independencia perdida; y revolución contra la tiranía interna, encarnada en las estructuras de la monarquía absoluta. Esta guerra y revolución alumbraron un sujeto político nuevo: la nación. La nación española, un sujeto colectivo con personalidad propia conformada por todas sus partes, cuyo sustrato era el pueblo español y cuyo vínculo era la idea de una patria compartida. Es verdad que, para muchos diputados, la única argamasa que podía hacer fraguar a esta nueva nación era la religión católica, con la unión entre el trono y el altar. Y es cierto que algunos diputados de los antiguos reinos dieron testimonio de la necesidad de respetar la personalidad de sus "pequeñas naciones", que tanta eficacia movilizadora acababan de mostrar frente al invasor francés.

    Los ilustrados -Floridablanca, Campomanes y Jovellanos- ya habían identificado "los males de la patria": el régimen señorial, una hacienda insostenible, la ausencia de educación, la urgencia de una reforma agraria y un ambiente generalizado de intolerancia cerril. La Constitución de Cádiz, impulsada por un afán de modernización política, intentó sentar las bases de un Estado vertebrado por la soberanía nacional, encarnado en una monarquía limitada y realizado a través de un orden liberal. No es extraño que Benedetto Croce haya escrito -en su Historia de Europa- que el sentido político de la palabra "liberal" surgió en las Cortes de Cádiz. Lo que resulta lógico al constatar que se plasmaron en su texto todos los grandes principios liberales de la época: soberanía nacional, división de poderes, libertad de conciencia y libertad de expresión. Poco duró la unidad que hizo posible el milagro que fue la Constitución de Cádiz, consumado el día de San José de 1812, pasado mañana hará doscientos años. Pronto retornaron las divisiones. Primero fue el rey -Fernando VII-, al traicionar a quienes habían luchado en su nombre tan pronto se vio libre. E, inmediatamente después, todos cuantos habían visto cercenados sus privilegios y su hegemonía por la revolución -la aristocracia terrateniente y la Iglesia- iniciaron una cruzada contra el nuevo régimen, es decir, contra el proyecto liberal. A partir de este momento, quedaron enfrentadas las dos Españas que, a lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, han protagonizado una historia que, al margen de algunos periodos constructivos, puede definirse con dos palabras tomadas de Manuel Azaña: "impotencia y barullo".

    Visto con la perspectiva del tiempo, el proyecto de futuro que supuso en su día la Constitución de Cádiz invita hoy a la melancolía. No porque no hayan cristalizado las conquistas que supuso la revolución liberal. A trancas y barrancas y, en ocasiones, con un retraso de doscientos años, se han hecho efectivos en España no sólo el liberalismo económico, sino también el cultural y el político. Pero los españoles no han sido capaces de conformar España como una casa común en la que todos pudieran sentirse cómodos, como un proyecto compartido que potenciase todas las capacidades y recursos que tenemos y que no son pocos, haciéndolos operativos en un área cultural global de cuya importancia parece que no tengamos conciencia. ¿De quién ha sido la culpa? ¡Qué más da! Entre todos la mataron y ella sola se murió. Pese a todo, aunque sólo sea porque hubo un día en que pareció posible, ¡viva la Pepa! Y el último que apague la luz.

     

     

     

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