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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 02
    Marzo
    2012

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    LOS PRESUPUESTOS ESTAN...¿PARA NO CUMPLIRSE?

    Hablamos de presupuestos en un contexto trágico. La economía es una fuente de mala noticias y la experiencia de todos estos años debería habernos vacunado contra el poder manipulador de las palabras. Más allá de la idea primaria de recorte (que se nos vende como medida correctora –hacer los deberes, nos dicen, ¡qué manera de engañarse!– cuando en realidad sólo es una gesticulación que maquilla la inminencia de las amputaciones), se mantiene el repertorio habitual de medias verdades y eufemismos. Presupuesto es una palabra que tiene voluntad de orden y racionalidad. En teoría, es un recurso imprescindible para organizar la economía confiando en el equilibrio entre ingresos y gastos. La solemnidad con la que se preparan y las negociaciones que rodean su aprobación (amplificadas para preservar la dependencia de un partidismo parlamentario decimonónico), deberían ser factores tranquilizadores. Pero no es así.
     
    Los presupuestos han perdido credibilidad. Tengo cincuenta y tres años y no recuerdo ningún presupuesto público que se haya cumplido (me refiero a cumplirse de verdad, no a jurar que se han cumplido hasta que llegan nuevos gobernantes que certifican la mentira de las auditorías y la evidencia de las cajas vacías y los aludes de acreedores). De los privados sólo puedo decir que siempre que me hacen llegar un presupuesto relacionado con cualquier asunto doméstico, acabo pagando más, o, peor aún, como no he previsto el gasto, tengo que endeudarme para atenderlo. En la situación actual, confiar en los presupuestos es una temeridad. Las previsiones de ingresos están sometidas a imponderables pero también a fenómenos ya conocidos, inducidos por un sistema que vive precisamente de desestabilizar los gastos (aplicado a la deuda, el adjetivo soberana es una broma). La alternancia política reproduce siempre el mismo bucle: los que llegan descubren los agujeros de los anteriores y se acumulan los déficits y se disparan los intereses.
     
    Hoy los presupuestos públicos son una manera de ganar un poco de tiempo, pura ficción. En nuestro caso, hay que añadir la convicción cada vez más generalizada de que todo esto ocurre porque España nos roba. Así se olvidan décadas de políticas municipales y autonómicas, de negación de la sobriedad, y de despilfarro autocomplaciente. Imaginad que, en los últimos años, Catalunya no hubiera sufrido tantos desequilibrios de balanza fiscal y hubiera dispuesto de todos sus recursos: ¿de verdad creéis que los políticos y administradores que hemos tenido –votados por la mayoría– habrían administrado con sobriedad, responsabilidad, racionalidad y transparencia todo este dinero público?
     

     

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