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Blog DESDE MI ESPACIO - Pedro Negrín Fernández

Pedro Negrín Fernández

Economista. Politólogo. Masón. Republicano. Socialista hasta la médula. Libre-pensador. Un poco Jacobino y muy buena gente. Tolerante y esctricto en lo conciernente a la invasión de la intimidad, ataques contra-natura, ecologismo,intolerancia, xenofobia,ultra-derecha y/o ultra-izquierda...Todo lo qu...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog pretende contar, desde mi espacio vital (social, cultural,literario,político,analítico.etc), la realidad de los hechos que me hayan impactado en el día. Sólo eso.Que creo no es poco.


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  • 02
    Septiembre
    2011

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    MALTRATO

    Pienso que el Maltrato es un tema del que hay que hablar continuamente, no dejarlo apartado a un suceso, a una fecha o a una información oficial. Esta es mi modesta aportación al tema.

    Una noche de 2011. Esther sintió por primera vez el dolor y la rabia de un guantazo en pleno rostro. De repente, la tensión que se había ido acumulando como una tormenta, estalló. Mario pasó de gritar a golpearla con las manos, mientras ella lo observaba aterrorizada. “Mi vida no debería ser así”, pensó Esther ese día, asustada.

    En Julio del 2008, Esther tenía 24 años y trabajaba de camarera en Alicante cuando conoció a Mario, quien trabajaba de transportista. Al principio todo era maravilloso. Dos meses después ya estaban viviendo juntos y dos años más tarde decidieron irse a Valencia. Los gritos y los malos modos comenzaron cuando Esther se quedó embarazada.

    Se considera violencia de género toda violencia o maltrato experimentado por la mujer en su relación de pareja (también pueden sufrirlo los hombres de manos de sus parejas pero es muchísimo menos habitual). El maltrato puede ser físico, sexual, emocional o económico.

    La delegada especial del Gobierno contra la Violencia de Género lo considera “un problema muy grave”.

    De acuerdo con la última macro-encuesta “Violencia contra las mujeres”, del Instituto de la Mujer, se estima que un 11% de las mujeres con pareja en España (alrededor de 2.100.000) han sufrido maltrato en su relación actual de pareja o en alguna anterior. Pero, según los expertos, como muchas mujeres NO DENUNCIAN los malos tratos, o solo lo hacen pasado mucho tiempo, las cifras reales pueden ser incluso mayores.

    Esther se quedó anonadada cuando Mario comenzó a pegarla. Había crecido en un entorno familiar donde nunca había sido testigo de ningún maltrato ni abuso psicológico entre sus padres. Cuando trató de hablar con él, después de otro ataque, él le dijo que la culpa era suya, que estaba muy suspicaz desde que se había quedado embarazada y que él normalmente no era así. Además, comenzó a hacer comentarios sobre su trabajo y sus compañeras. Y comenzó a beber demasiado. A Esther comenzó a preocuparle su nueva actitud, pero entonces todavía aferrada al sueño de “…y fueron felices”

    Los malos tratos pueden afectar a cualquiera, sin importar la edad, la educación o la profesión. Fernando Fernández-Llebrez, experto en violencia de género y profesor de la Universidad de Granada, señala que hay maltratadores en todos los ámbitos. Apunta que “suelen ser hombres con poca o nula capacidad para comunicar sus sentimientos y para hablar de sus problemas afectivos, poca tolerancia a la frustración y que suelen haber vivido en un ambiente familiar sobreprotector”

    Más que relacionados con el típico modelo tradicional, los malos tratos son en la mayoría de los casos “una forma de reacción injustificable de hombres fracasados”. Fernández Llebrez añade que “hay un elevado porcentaje de abuso de alcohol y de otras sustancias como factores de riesgo”. Muchos maltratadores son sólo violentos en el ámbito familiar, la conocida como “doble fachada”, y muchos han sido testigos de malos tratos en su infancia.

    En Valencia, la situación de Esther empeoró, y se fue alejando de sus compañeras del nuevo trabajo, además de no tener a su familia cerca. Mario decía que no podía con todo, con el trabajo, la casa, la niña. “Quería que me quedara en casa, y al final cedí”, dice. Estaba amargado y se volvió intratable. Incluso llegó a golpearla con la niña en brazos. Otra vez la tiró por la escalera, pero en el hospital se sentía demasiado intimidada como para contarle al médico lo que ocurría.

    Vulnerable y temerosa de cómo reaccionaría Mario, Esther no se atrevió a denunciarlo. Quería creer que Mario cambiaría, ya que después de cada ataque violento, le pedía perdón y decía que no volvería a ocurrir. Pero también le había dicho. “Todo cambiará cuando nazca la niña”. O “esto no volverá a pasar cuando consiga un trabajo mejor”. Y Esther quería que su hija tuviera un padre.

    Los expertos dicen que la tensión creciente, como la que experimenta Esther, seguida de un ataque y de una fase de “luna de miel”, es el clásico ciclo de abuso en tres etapas. Pero, según los psicólogos, no es el único escenario posible. En la mayoría de los casos el abuso es constante, y en algunos el abuso no es frecuente.

    No es extraño que las mujeres se muestren reacias a dejar una relación de abuso, o hacerlo después de que los malos tratos hayan ocurrido durante bastante tiempo. Pueden temer una venganza, depender del maltratador económicamente o temer perder a los hijos. A menudo, también se sienten avergonzadas de lo que les está ocurriendo y sienten que es culpa suya. Una mujer maltratada puede sr golpeada decenas de veces antes de denunciarlo. Incluso entonces puede llevarle un tiempo antes de que lo abandone. De esta forma, un 24% de las mujeres andaluzas maltratadas lo ocultó durante más de diez años.

    La policía muchas veces se siente frustrada porque las mujeres vuelven con sus maltratadores. De hecho, según datos de la policía de las Unidades de Prevención, Asistencia y Protección de mujeres víctimas de malos tratos (UPAP), y de los magistrados especializados en violencia de género, una de cada diez mujeres maltratadas acaba volviendo con su maltratador. El Informe del Consejo General del Poder Judicial es contundente al señalar que “la retirada de las denuncias por parte de las víctimas, lo que sucede en un 12% de los casos, dificulta el procedimiento, ya que si la víctima no va a juicio se queda sin prueba”.

    Durante demasiados años la violencia conyugal fue un crimen oculto entre las paredes del hogar. Sólo hace unos años salió a la esfera pública y comenzó a combatirse. Aunque se ha progresado mucho en comprender y responder a la violencia de género, se reconoce por las autoridades que es un problema complejo, con un innegable arraigo cultural e histórico, pero en España se tiene una ley integral que es pionera en Europa.

    El maltratador manipula y usa amenazas veladas para ganarse y mantener el control de su víctima. Está documentado en distintos estudios que la violencia verbal y emocional es muchas veces precursora de la violencia física.

    Durante los años de la pesadilla de Esther, pensó mucho en cómo salir de esa situación, pero se sentía avergonzada de que toda su familia supiera lo que ocurría y además carecía de los medios económicos desde que dejó de trabajar. Además, le tenía miedo a Mario. Una vez le amenazó con dejarle, él le contestó que si lo hacía la mataría. Sólo su hermana conocía su pesadilla y fue la que la animó y le abrió los ojos al repetirle y repetirle: ¿Es esto lo que quieres para tu hija? Un día se levantó y decidió que no podía seguir así. Reconoce que no sabe de dónde sacó el valor para hacerlo, cómo tuvo el empuje suficiente para decirle que se marchara. Pero lo más que le sorprendió fue que él cogiera sus cosas y se fuera. Las semanas siguientes fueron terribles. La llamaba al fijo y al móvil, la insultaba y la seguía, ahora que había vuelto a trabajar. Y volvió a amenazarla de muerte.

    Entonces fue a ver al trabajador social del ayuntamiento del pequeño pueblo donde vivía. Por ella y por su hija, de la que, orgullosa, es responsable. Dice que no quiere ni imaginársela sola.

    Con el nuevo trabajo tiene nuevas amistades, aunque reconoce que todavía le cuesta tomar decisiones sobre las cosas más simples, después de tanto tiempo anulada. Vive con su hermana, y se siente más arropada…

    Los datos nos demuestran que estas historias, desgraciadamente, no acaban siempre así. Pero si eres una mujer maltratada debes saber que se puede salir de ese ciclo maldito.


     

     

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