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Carlos Campos Acero

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  • 15
    Julio
    2017

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    A vuelapluma. Una Europa de los ciudadanos y de los estados



    A vuelapluma. Una Europa de los ciudadanos y de los estados

     

     

    Nuestra Europa, la Unión Europea, necesita esfuerzo decidido de los políticos y también de los ciudadanos. Acontecimientos como los recientes comicios y resultados electorales en Francia, dice en un artículo de El País el profesor Jesús Lizcano Álvarez, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad en la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de Transparencia Internacional España, podrían contribuir en alguna medida a que los ciudadanos de la UE podamos volver a sentirnos europeos, satisfechos e incluso orgullosos de serlo, algo claramente necesario. Pero esto pasa por ser proactivos y aportar nuestro empeño para reconstruir esa familia común europea, que gracias a personajes como Adenauer, Monnet o Schuman comenzó a formarse hace ahora 60 años.

     

    Si contemplamos el mundo a través de las coordenadas espacio y tiempo, señala al comienzo de su artículo, podemos ver claramente que en ningún otro lugar o región de la Tierra ni en ningún momento de la historia se ha dado una experiencia tan importante y beneficiosa para cientos de millones de ciudadanos como es la UE. Los estándares de libertad, calidad de vida, educación, salud y democracia, así como la importante y valiosa tolerancia que acompaña a la diversidad de razas, religiones y culturas existentes dentro de la UE nos muestran desde hace décadas la trascendencia de pertenecer a y habitar en este privilegiado espacio pluricultural dentro de un mundo tan desigual y con tantas penurias como el que habitamos.

     

    Los que a principios de los años ochenta formábamos parte en España de organizaciones europeístas, e intentábamos convencer de la importancia de que nuestro país llegase a entrar en Europa —lo que era un sueño para muchos en aquella época—, podemos apreciar 35 años después el notorio progreso y la radical diferencia entre la sociedad española de esa época y la actual.

     

    En todo caso, no podemos ignorar que la UE —y la propia idea de Europa— se encuentra ahora en una encrucijada, que es necesario afrontar de forma urgente. Europa debe acercarse más a los ciudadanos y velar por sus intereses reales. El funcionamiento de las instituciones europeas ha dejado mucho que desear en estas dos últimas décadas, con procesos de actuación y decisiones ineficaces, en muchos casos demasiado lentas y burocratizadas, sin dar una adecuada respuesta a la voluntad y necesidades de la ciudadanía. Muchas decisiones de carácter económico y social han sido, además, tan cuestionables como poco transparentes y no han ayudado en absoluto a mejorar la situación y aliviar la penuria de millones de ciudadanos europeos.

     

    Si a lo anterior unimos las recientes y en muchos casos fulgurantes apariciones en diversos países de la Unión de partidos políticos radicales, excluyentes y contrarios a la naturaleza y solidaridad propias del proyecto europeo, además del Brexit, o la política aislacionista de Trump en EE UU, el panorama actual de la Unión se presenta complicado. Esto hace tan necesario como urgente que los políticos europeos y nacionales internalicen adecuadamente esta situación y adopten un conjunto de medidas que contribuyan a reforzar la idea y el nivel de cohesión social de lo que hemos de seguir considerando como nuestra Europa.

     

    Una de las numerosas medidas que pueden contribuir a reforzar la cohesión económica y social en Europa es la implantación de un impuesto con el que pudieran gravarse las transacciones financieras —siquiera con un porcentaje mínimo, del 2 por mil—, más conocido como tasa Tobin. Así se podrían obtener importantes recursos para sufragar servicios públicos y sociales en los distintos países y se contribuiría a reforzar la idea de un proyecto realmente plurinacional, que aparte de aumentar la cohesión social equilibraría algo más las aportaciones del sector financiero al erario público (no es lógico que paguemos impuestos al comprar una barra de pan y no se paguen al comprar acciones u otros activos financieros). En países como España, el sector de las finanzas ha sido generosamente sufragado con muy importantes recursos aportados por los ciudadanos. Sería necesario, en definitiva, que el acuerdo previo ya adoptado por 10 países europeos sobre este impuesto, entre los que se encuentran las cuatro grandes economías de la eurozona (España, entre ellas), llegue finalmente a hacerse efectivo.

     

    Europa necesita en suma, concluye diciendo el profesor Lizcano, el esfuerzo decidido no solo de los políticos sino de sus ciudadanos, a través, entre otras cosas, de su claro apoyo en las elecciones tanto europeas como nacionales a los partidos que más cerca están del proyecto común europeo, como ha ocurrido hace poco en Francia.

     

     

     

    A vuelapluma. Una Europa de los ciudadanos y de los estados



    Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

     



     

     

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    HArendt

     

     



    Entrada núm. 3642

    elblogdeharendt@gmail.com

     
     

    La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

     

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