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Carlos Campos Acero

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Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 26
    Noviembre
    2012

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    Ateísmo, agnosticismo, teísmo, fe, Dios

     




    El filósofo Antony Flew (1923-2010)



    Lo primero que uno debería hacer a la hora de plantear un diálogo es esperar que todos los participantes en él compartan, al menos, el significado de los conceptos sobre los que van a hablar. Y después, como Platón pone en boca de Sócrates en la República, debemos seguir la argumentación hasta donde quiera que nos lleve.


    En los hispanohablantes una forma de hacerlo es recurrir a las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española. No son infalibles, se modifican a menudo, pero son un punto de partida. Así pues, vamos a revisar los conceptos del título y, puestos de acuerdo, seguimos luego.


    1. Ateo: El que niega la existencia de Dios; 2. Agnóstico: Actitud filosófica de todo aquel que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende a la experiencia; 3. Teísta: El que cree en un dios personal y providente, creador y conservador del mundo; 4. Fe (en sentido religioso): Conjunto de creencias en una religión; 5. Dios: Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.


    Si estamos de acuerdo en el sentido de las palabras citadas, comenzaré por decir que, entonces, no soy ateo, ni agnóstico, ni teísta, ni tengo fe, ni creo en Dios. ¿Negatividad absoluta, pues? Pues no, tampoco eso.


    La razón de esta entrada tan personal, subjetiva, y probablemente inconveniente, obedece a la lectura de un libro con el que he disfrutado muchísimo. Me ha gustado por su estilo autobiográfico agil y claro, pero su lectura no ha conseguido provocar cambio alguno en mi opinión sobre el fenómeno religioso, y más concretamente sobre el problema de la existencia o inexistencia de Dios. 


    Me refiero al libro Dios existe (Trotta, Madrid, 2012) escrito por el filósofo británico Antony Flew (1923-2010). Considerado como el representante más destacado del ateísmo filósofico anglosajón en la segunda mitad del pasado siglo, el profesor Flew mantuvo al respecto una posición inflexible y crítica durante más de cincuenta años. Hasta mayo de mayo de 2004, cuando en el transcurso de un debate público en la New York University, anunció su conversión al teísmo y su aceptación de la existencia de Dios. Y todo ello a partir, dijo, de los nuevos avances científicos, entre ellos, la investigación sobre la estructura del ADN, y del reconocimiento de la racionalidad intrínseca del hecho de la existencia de Dios.


    Escrito en 2007 tras su conversión, a modo de justificación racional del cambio radical de su posicionamiento filosófico anterior, el libro está divido en dos partes muy similares en extensión. 


    En la primera, "Mi negación de lo divino", de marcado carácter autobiográico, hace un recorrido expositivo sobre sus primeros años de vida en el seno de una familia de profunda raigambre religiosa metodista, que él -dice- no compartió nunca, su formación académica en la Universidad de Oxford, su temprana adscripción al ateísmo filosófico, y explicita las bases y razones que le llevaron a mantener y defender vigorosamente esa postura durante más de cincuenta años a la largo de una dilata vida académica en universidades de Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos. Los títulos de los apartados que componen esta primera parte son significativos por sí mismos: 1. La creación de un ateo; 2. Donde lleve la evidencia; y 3. El ateísmo detenidamente considerado.  


    La segunda parte, "Mi descubrimiento de lo divino", la dedica a explicar su cambio de posición, las razones que le llevaron a dicho cambio y los fallos que, ahora, reconocía en sus obras anteriores más significativas, como Teología y falsiicaciónDios y filosofía, o La presunción de ateísmo. De nuevo los diferentes apartados que conforman este segunda parte de su libro dan una idea bastante clara de los argumentos que la sostienen: 1. Una peregrinación de la razón; 2. ¿Quién escribió las leyes de la naturaleza?; 3. ¿Sabía el universo que nosotros veníamos?; 4. ¿Cómo llegó a existir la vida?, 5. ¿Salió algo de la nada?; 6. Buscando un lugar para Dios; y 7. Abierto a la omnipotencia.


    Muy interesante también, y oportuno, el prólogo a la edición española del libro, escrito por Francisco José Soler Gil, en el que se destaca, con sumo acierto a mi juicio, el escaso interés que las cuestiones teológicas han suscitado siempre en España entre el público culto y los ambientes académicos, contrariamente a lo que ocurre en el mundo anglosajón, en el que gozan de una enorme relevancia e interés, falta de interés que, personalmente, yo achaco a la precaria, por no decir nula, formación religiosa y teológica de la mayoría de los católicos españoles. 


    Lo mismo me cabe decir del apéndice "B" del libro, escrito por N.T. Wrigth y el propio Flew, que lleva el sugestivo título de "La autorrevelación de Dios en la historia humana: Un diálogo sobre Jesús", centrado en la problemática de la demostración de la existencia real e histórica de la persona de Jesús de Nazareth, su carácter de "persona divina", o sobre la cuestión de su resurrección física y real después de su muerte en la cruz.


    Por el contrario, poco o nada, me ha gustado el prefacio del libro y el apéndice "A" del mismo: "El nuevo ateísmo: Una aproximación crítica a Dawkins, Dennet, Wolpert, Harris y Stenger", escrito por Roy Abraham Varghese, y dedicado en un tono bastante vulgar, provocador y a menudo insultante, a desacreditar las posiciones de los más significados defensores del ateísmo filósofico.

     

    Pienso que va siendo hora ya de volver al planteamiento que formulaba al inicio de esta entrada: ¿Si no soy ateo, ni agnóstico, ni teísta, ni tengo fe, ni creo en Dios, que soy o en qué creo? 


    Una de las entradas más visitadas del blog es la titulada "Dios somos nosotros", que escribí en abril de 2009, y en la que dejaba constancia de mi interés, desde siempre, sobre el fenómeno religioso, y en concreto sobre el cristianismo. Y es que, a pesar de mi convicción de la inexistencia de Dios, la vida después de la muerte, o la resurrección de Cristo, creo firmemente en el mensaje de alcance universal que los Evangelios transmiten sobre la persona real y humana del Jesús de Nazareth histórico. 


    En ese sentido, hago mia la afirmación del teólogo español Juan José Castillo, en su obra La humanidad de Dios (Trotta, Madrid, 2012), cuando afirma que la esencia del cristianismo no es Dios sino Cristo, al igual que asumo, con el mismo dolor con que ella la expresa, la rotunda frase de la filósofa francesa Simone Weil (1909-1943), cuando en su obra Carta a un religioso (Trotta, Madrid, 1998) afirma que si el Evangelio omitiera toda mención de la resurrección de Cristo, la fe le sería más fácil, pues la Cruz sola le bastaba. 


    El vídeo que acompaña la entrada recoge el debate sobre la existencia o inexistencia de Dios celebrado en 1998 en la Universidad de Wisconsin, en Madison, ante más de cuatro mil personas, entre el filósofo teísta William Lane Craig y propio Antony Flew, ateo, debate llevado a cabo con ocasión del cincuentenario de la también famosa controversia sobre este mismo asunto entre los también filósofos Frederick Copleston, a favor de la existencia de Dios, y Bertrand Russell, en contra de la misma. Está en inglés y puede leerse subtitulado en ese mismo idioma. Espero que les resulte interesante.


    Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno que padecemos. Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

     

     

     

     

    Entrada núm. 1759

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