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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

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Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 17
    Julio
    2014

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    Ateos y creyentes: para comenzar, respeto mutuo

     




    El sacrificio de Ifigenia, de B. Flemal (1614-1675)





    Creo que ya he comentado anteriormente que mis dos personajes favoritos de ficci√≥n, ambos femeninos, ambas griegas, son la inocente Ifigenia de Eur√≠pides y la valerosa Ant√≠gona de S√≥focles. Los masculinos, tambi√©n de ficci√≥n, ambos espa√Īoles, el p√≠caro a la fuerza L√°zaro de Tormes de Alfonso de Vald√©s, y el idealista Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes. En cuanto a personajes de la vida real, entre mis contempor√°neos m√°s admirados, citar√≠a dos mujeres, la polit√≥loga norteamericana Hannah Arendt y la fil√≥sofa francesa Simone Weil, ambas jud√≠as, ambas ateas, y dos hombres, el te√≥logo suizo Hans K√ľng y el paleont√≥logo y fil√≥sofo franc√©s Teilhard de Chardin, ambos sacerdotes cat√≥licos. 


    De Hannah Arendt me impresion√≥ sobre todo su libro "Los or√≠genes del totalitarismo", aunque he le√≠do casi toda su obra; de Simone Weil, su "Carta a un religioso", me dej√≥ una huella profund√≠sima. Y de Teilhard de Chard√≠n, del que tamb√≠en he le√≠do varios de sus libros, el que me produjo m√°s impacto fue sin duda "El fen√≥meno humano". Pero hoy quer√≠a hablar sobre todo de la vida y la obra del controvertido te√≥logo cat√≥lico Hans K√ľng.


    De K√ľng lo √ļltimo que he le√≠do con inmensa curiosidad y placer ha sido el segundo tomo de sus memorias: "Verdad controvertida. Memorias", que abarca el periodo 1968-2007, con episodios tan relevantes como su enfrentamiento con el Santo Oficio romano (la Inquisici√≥n actual), la prohibici√≥n de ense√Īar dictada contra √©l por el papa Juan Pablo II, y las relaciones primero amistosas y luego tirantes, pero siempre respetuosas, con su ex-compa√Īero de c√°tedra en la Universidad de Tubinga, Josep Ratzinger, el anterior papa Benedicto XVI.


    No estoy intentando crear un paralelismo entre ellos, pero si el personaje de L√°zaro es el ejemplo perfecto del trepa para sobrevivir, e Ifigenia cautiva por su inocente voluntad de entrega a los dioses hasta el sacrificio, los de Ant√≠gona, Don Quijote, Arendt, Weil, Teilhard de Chardin y K√ľng, son paradigmas de la voluntad de defender contra todos y frente a todos, su libertad de criterio y opini√≥n, en b√ļsqueda de la verdad. Al menos de su verdad.


    Mi primera lectura de K√ľng fue su monumental "Ser cristiano" (1974), hace m√°s de treinta a√Īos, que devor√© durante unas vacaciones familiares en Mallorca. Luego, m√°s tarde, seguir√≠an "¬ŅExiste Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo" (1978), "Proyecto de una √©tica mundial" (1990), "El juda√≠smo. Pasado, presente, futuro" (1991), "El cristianismo. Esencia e historia" (1994), "Libertad conquistada. Memorias" (2002), "Credo. El s√≠mbolo de los ap√≥stoles explicado al hombre de nuestro tiempo" (2007), y algunas otras m√°s que no cito para no resultar cansino. Tambi√©n durante muchos a√Īos estuve suscrito y fui lector fiel de la edici√≥n espa√Īola de la revista internacional de teolog√≠a "Concilium", fundada por √©l.


    Ninguna de estas lecturas, ni de otras muchas sobre el cristianismo y las religiones de la tierra, ha hecho tambalear mi falta de fe en dios o en la vida eterna. Sigo sin creer ni en uno ni en la otra, pero que nadie confunda falta de fe con falta de respeto por el fen√≥meno religioso, que no s√≥lo no me es ajeno, sino que me sigue interesando profundamente. Creo que todos saldr√≠amos ganando, ateos y creyentes, si aprendi√©ramos a respetarnos y no inmiscuirnos en las creencias o no creencias ajenas. Respeto mutuo y cada uno a lo suyo. 


    Al mes justo de la muerte de su autor, el te√≥logo espa√Īol Casiano Florist√°n, compa√Īero de Hans K√ľng en la Universidad de Tubinga, la revista El Ciervo publicaba un hermoso art√≠culo de homenaje a su colega suizo, titulado "Hans K√ľng, un te√≥logo muy generoso", que es un estupendo resumen de las vicisitudes teol√≥gicas, personales y vitales del gran te√≥logo cat√≥lico. Me ha resultado imposible encontrar el enlace en l√≠nea a dicho art√≠culo, as√≠ que lo reproduzco literalmente. Les dejo con √©l:


    "Vi por primera vez a Hans K√ľng en junio de 1960, en el patio del seminario cat√≥lico Wilhelmstift de Tubinga con su pelo ondulado, tup√© rubio, gafas ‚ÄúTruman‚ÄĚ, tez curtida por los aires y soles del monta√Īismo y la nataci√≥n, mirada socarrona, sonriente y apuesto. Iba con sandalias sin calcetines, m√°s parecido a un franciscano de As√≠s que a un jesuita de Roma. Sospecho que sus zapatos los dej√≥ en el Colegium Germanicum et Hungaricum de Roma, donde curs√≥ tres a√Īos de filosof√≠a y cuatro de teolog√≠a (1948-1955). Llamativo contraste: mientras que algunos espa√Īoles sub√≠amos a Alemania a estudiar teolog√≠a, un suizo-alem√°n bajaba a cursarla en la Gregoriana de Roma. Dice K√ľng en sus memorias con iron√≠a: ‚ÄúLa Roma cat√≥lica me convirti√≥ en un cat√≥lico frente a la Roma de la curia‚ÄĚ. Ejemplar conversi√≥n.

     

     

    Hans se orden√≥ sacerdote diocesano el 9 de mayo de 1955 y celebr√≥ su primera misa en la cripta de San Pedro, debajo de la c√ļpula vaticana, sin que se conmovieran sus cimientos. Sin duda, hubo amigos y familiares s√≥lidamente cristianos que rezaron para que el misacantano saliese airoso de sus futuros combates con los responsables de la curia romana. Ese d√≠a le rodearon sus padres y hermanos. Todos han hecho pi√Īa a su alrededor cuando ha recibido un premio acad√©mico o un monitum de la Congregaci√≥n de la Doctrina de la Fe, otrora Santo Oficio, vigilado por los cardenales, Ottaviani primero, y Ratzinger despu√©s.


    Al volver de estudiar en Roma y pasar por su casa familiar de Sursee, pueblo suizo donde había nacido en 1928, camino de París para obtener su doctorado, se puso unos zapatos ecuménicos del almacén de su padre, comerciante de calzados, con cuya compraventa se ganaba el pan y las salchichas para su familia numerosa.


    En los dos a√Īos de Par√≠s redact√≥ brillantemente su tesis sobre la justificaci√≥n en Karl Barth, te√≥logo protestante suizo, con quien trab√≥ gran amistad. La publicaci√≥n de su trabajo caus√≥ sensaci√≥n, tanto en los medios teol√≥gicos cat√≥licos como en los protestantes. Empez√≥ a ser conocido en toda Europa, a repensar la teolog√≠a de arriba abajo y a ser vigilado por monse√Īores germanos y romanos. Los guardias suizos del Vaticano ‚Äďpor respeto a su paisano‚Äď quedaron al margen.


    Entonces recibi√≥ la llamada de la Universidad de Tubinga. Se hizo cargo a sus 32 a√Īos de la c√°tedra de teolog√≠a fundamental en la Facultad de Teolog√≠a Cat√≥lica. Justamente en enero de 1959, un a√Īo antes, hab√≠a convocado Juan XXIII el Vaticano II. Casualmente yo hab√≠a aprobado en diciembre de 1959 mi tesis sobre las relaciones entre la pastoral alemana y la sociolog√≠a religiosa francesa, bajo la direcci√≥n del pastoralista Arnold. Por Arnold supe que el claustro de la Facultad cat√≥lica de Tubinga hab√≠a aceptado en 1959 a Hans K√ľng como catedr√°tico en lugar de Urs von Balthasar, exquisito te√≥logo de la est√©tica, la dram√°tica y la m√ļsica celestial.


    Por cierto, yo regres√© de Tubinga a mi di√≥cesis de Pamplona con mi doctorado en pastoral. Al parecer era el primero que obten√≠a este t√≠tulo en Espa√Īa. Un cura navarro guas√≥n, amigo m√≠o, me present√≥ a los sacerdotes diocesanos as√≠: este es Casiano, primer pastoralista de Espa√Īa y quinto de Alemania.


    Volvamos a Tubinga. Los profesores K√ľng y Ratzinger, de la misma edad, coincidieron amigablemente tres a√Īos en la Facultad de Teolog√≠a de esa preciosa ciudad, de 1965 a 1968. La revuelta estudiantil del 68 ahuyent√≥ a Ratzinger de la Tubinga liberal a la Babiera conservadora y afianz√≥ a K√ľng en su c√°tedra, tapizada de libertad y de verdad. Uno lleg√≥ a ser el vigilante de la fe y otro el vigilado. Ratzinger se apunt√≥ a las decisiones inquisitoriales y K√ľng a las preguntas inquisitivas.


    En poco tiempo se hizo Hans con el dominio de las principales lenguas europeas. Lo pude comprobar anualmente en las reuniones de la revista internacional Concilium, durante la semana de Pentecost√©s, a lo largo de dieciocho a√Īos, a partir de 1973, en cuyo consejo editorial ingres√© con Gustavo Guti√©rrez. La revista Concilium hab√≠a sido fundada en 1964 por los te√≥logos Rahner, Congar, Schillebeeckx y K√ľng. Las discusiones de K√ľng con los colegas germanos, franceses y angloamericanos sobre cualquier tema, en cualquier idioma, eran admirables. En 1975 fui a la reuni√≥n anual de Concilium, aquel a√Īo en Nimega, con la encomienda ‚Äďpor parte de unos curas de Vallecas‚Äď de traer una buena suma de marcos o d√≥lares para pagar las homil√≠as multadas de aquellos cl√©rigos inquietos y ayudar a los curas que estaban en la c√°rcel concordataria de Zamora jugando al mus. Pas√© la gorra y obtuve el equivalente de lo que entonces costaba un Seat 600. No s√≥lo fue K√ľng el m√°s generoso, sino que me dijo: ‚ÄúSi no basta, me lo dices‚ÄĚ.


    Al final del encuentro nos predicaban Rahner o Congar ‚Äďuno sordo y otro en silla de ruedas‚Äď, pero maestros espirituales indiscutibles de la eucarist√≠a final, celebrada en gregoriano y en lat√≠n. Menos mal que nunca se asom√≥ por all√≠ un grupo de progres del 68 para increparnos de reaccionarios. Definitivamente qued√© admirado de aquellos grandes te√≥logos: eran piadosos y cantaban bien el gregoriano. Hans K√ľng sab√≠a m√°s lat√≠n que los dem√°s, ya que lo hab√≠a perfeccionado en Roma a base de silogismos.


    Soy testigo del cambio que, por influencia de Gustavo Guti√©rrez y Leonardo Boff, hicieron los te√≥logos de Concilium respecto de la teolog√≠a de la liberaci√≥n, reconocida con magnanimidad. Hubo quienes aprendieron castellano para leer directamente los textos b√°sicos latinoamericanos, editados en Espa√Īa, que yo me encargu√© de que los recibieran.


    Las cr√≠ticas de K√ľng sin pelos en la lengua a la curia romana han sido siempre claras y contundentes. ‚ÄúLa nueva teolog√≠a conciliar y posconciliar ‚Äďafirma‚Äď apenas ha entrado en la curia‚ÄĚ, en la que ‚Äúse mantienen los privilegios y prerrogativas romanos usuales desde la Edad Media‚ÄĚ. No cede Hans a los chantajes, huye de los aduladores y no se considera un ‚Äúlobo solitario‚ÄĚ ni un te√≥logo con ‚Äúafecto antirromano‚ÄĚ.


    Nombrado en 1962 por Juan XXIII ‚Äúperito conciliar‚ÄĚ, trabaj√≥ activamente en el Vaticano II. Vivi√≥ paso a paso las cuatro sesiones conciliares, examin√≥ los esquemas y los juzg√≥ con lucidez singular. Como sab√≠a escribir muy bien en lat√≠n, redact√≥ muchas propuestas para que los obispos amigos renovadores las llevasen al aula conciliar. ‚ÄúNo pongas mi intervenci√≥n en un lat√≠n demasiado culto ‚Äďle dijo una vez el cardenal belga Suenens‚Äď porque los obispos del Concilio no lo entienden. Hazlo en un lat√≠n macarr√≥nico‚ÄĚ.


    K√ľng reconoce que el Concilio acept√≥ una serie de prop√≥sitos reformadores centrales. ‚ÄúA pesar de todas las decepciones ‚Äďafirma‚Äď, el Concilio ha merecido la pena‚ÄĚ.


    Describe en el primer tomo de sus memorias los rasgos de los papas P√≠o XII, Juan XXIII y Pablo VI con vigor y sin acritud, con seriedad y una buena dosis de humor. Esperamos su juicio sobre Juan Pablo II en el segundo tomo. Retrata a los grandes te√≥logos que ha conocido, valora y pondera sus contribuciones, admira a los ex√©getas seriamente documentados y muestra sinton√≠a con los m√©todos hist√≥rico-cr√≠ticos, que conoce y utiliza. Perito oficial del Vaticano II, ha sido discutido por sus escritos. Propuesto en una consulta popular como candidato al obispado de Basilea, la Congregaci√≥n de la Doctrina de la Fe le retir√≥ en 1979 la misi√≥n can√≥nica de ense√Īar en la Facultad de Teolog√≠a de Tubinga. No pod√≠a ser considerado te√≥logo cat√≥lico. Pienso que esto le ocurri√≥, no s√≥lo por sus consideraciones teol√≥gicas, sino por sus desconsideraciones respecto del Papa y del Opus.


    No obstante, sigui√≥ en esta prestigiosa universidad estatal como profesor interfacultativo de teolog√≠a ecum√©nica por decisi√≥n del rectorado. Su lema es ‚Äúdecir una palabra clara, con franqueza cristiana, sin miedo a los tronos de los prelados‚ÄĚ. Cuando le dicen ‚Äúsiempre fue as√≠‚ÄĚ, contesta: ‚Äú¬ŅFue siempre as√≠? ¬ŅY tiene que ser siempre as√≠?‚ÄĚ Le han acusado de que ha hecho todo ‚Äúdemasiado pronto‚ÄĚ, como si esto fuera un desvar√≠o. ‚ÄúLos te√≥logos ‚Äďsentenci√≥ en una ocasi√≥n‚Äď no producen las crisis; simplemente las se√Īalan‚ÄĚ.


    Al acabar la segunda sesi√≥n del Vaticano II en 1963, fue retirado de la circulaci√≥n un libro suyo sobre el Concilio. Al terminar el Vaticano II provocaron muchas discusiones sus obras sobre la Iglesia y sus estructuras. En 1970 levant√≥ una gran polvareda su reflexi√≥n sobre la infalibilidad. Son incisivos sus √ļltimos libros sobre la Iglesia Cat√≥lica y sobre la mujer. Permanentemente cr√≠tico frente al ‚Äúsistema romano", ha mantenido con coraje su pertenencia activa a la Iglesia o ‚Äďcomo √©l mismo se√Īala‚Äď, a su ‚Äúterru√Īo espiritual‚ÄĚ, que es el cristianismo.


    Hans conoce los problemas culturales de nuestra √©poca, la tradici√≥n cristiana, la situaci√≥n espiritual de cada momento, el presente de las Iglesias y las grandes religiones hoy activas. Es maestro como expositor, tiene antenas para captar la modernidad y la posmodernidad, sintetiza investigaciones exeg√©ticas e hist√≥ricas y acu√Īa brillantemente nuevas interpretaciones teol√≥gicas. Ha dado la vuelta al mundo por lo menos dos veces. Por eso escribe ‚Äďcomo lo recalca √©l mismo‚Äď desde un ‚Äúhorizonte universal‚ÄĚ.


    Uno de los grandes temas que ha tratado Hans K√ľng es la esencia del cristianismo. Su respuesta es contundente: ‚ÄúNo hay cristianismo sin Cristo‚ÄĚ. Por eso el cristianismo como religi√≥n no es meramente una idea (justicia o amor, por ejemplo), ni unos dogmas (cristol√≥gicos o trinitarios), ni una cosmovisi√≥n (frente a visiones ateas), sino la persona de Cristo Jes√ļs. Jesucristo es la figura b√°sica viviente de los cristianos, el centro del cristianismo. Sin Jesucristo no hay historia del cristianismo, ni reuni√≥n de cristianos.


    Cre√≥ la Fundaci√≥n √Čtica Mundial, de la que es director desde 1995, dedicada al fomento del di√°logo interreligioso sobre postulados √©ticos. Ha logrado en poco tiempo que su Proyecto de √©tica mundial se extienda por todo el mundo, traducido a quince idiomas.


    Vino a Madrid en la primavera de 1957 a estudiar espa√Īol, vivi√≥ en la Mutual del Clero y asisti√≥ a una corrida de toros y decidi√≥ no volver m√°s. Como a m√≠ me gustan los toros y estamos en Espa√Īa, me atrevo a decirle a Hans que sabe torear divinamente astados escol√°sticos, brinda desde el centro del ruedo a un gent√≠o universal sentado democr√°ticamente en la plaza, pone banderillas a miuras que saben lat√≠n, da naturales con la izquierda a victorinos curialistas y ejecuta la suerte de matar a la primera, despu√©s de haber recibido algunas volteretas y cornadas clericales. Al final, ovaci√≥n, dos orejas, vuelta al ruedo y salida a hombros por la puerta grande conciliar".


    "Hans K√ľng, un te√≥logo muy generoso"

    Casiano Florist√°n

     

    Sean felices, por favor, y ahora, como tambi√©n dec√≠a S√≥crates, "őôŌČőľőĶőĹ": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





    El te√≥logo Hans K√ľng






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    Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

     

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