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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

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Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 09
    Agosto
    2016

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    De libros y lecturas. Los "Cantos" de Hölderlin



    De libros y lecturas. Los

    Biblioteca del Real Monasterio del Escorial

     

     

    Treinta y dos grados a la sombra a las diez de la mañana son muchos grados para la ciudad de Las Palmas. Además, acabo de vislumbrar por una esquina a un vecino que no quiero saludar... Ya me he topado hace un momento con uno de esos pelmas que se hacen el gracioso cuando te echan el ojo encima. Dos seguidos sería demasiado para mi cuerpo sudoroso... Hago un quiebro en redondo y me alejo. Mis pasos me llevan en volandas hacia San Telmo, y una vez allí, a la Biblioteca Pública del Estado. Es sábado, y está fresquita, calmosa, sin apenas gente. Ojeo las estanterías al albur y me encuentro con los libros de poesía. En la balda que queda a la altura de mis ojos veo varias ediciones de la Ilíada de Homero; ninguna de la Odisea, lo que me llama la atención. E inmediatamente antes de Homero un librito, delgado, de apenas un centenar de páginas, en cuyo canto leo Cantos - Friedrich Hölderlin (Linteo, Orense, 2010). Me quedo ojeándolo un rato y decido llevármelo a casa para leerlo.

     

    No sé mucho de Hölderlin (1770-1843), poeta lírico alemán cuya poesía acoge la tradición clásica y la funde con el nuevo romanticismo. De vida atormentada y trágico final, fue amigo y compañero de Hegel y Schelling, y lector de Spinoza, Leibniz y Kant. Si sabía de su admiración por la Grecia clásica, admiración que comparto, en la que veía una lejana imagen, panteísta, de la armonía original entre el ser humano, la sociedad y la naturaleza. 

     

    Hölderlin, dice su editor, concibió toda su obra poética al modo de los rapsodas griegos, como un canto, aunque utilizó también ese término para designar unos determinados poemas tardíos escritos entre mayo de 1801 y diciembre de 1803. Estos poemas, sigue diciendo el editor, se caracterizan por un tinte memorialístico, de tono elevado y visionario, paisajes grandiosos y afirmaciones aforísticas, pero sobre todo por su transgresión, algo nuevo y escandaloso que haría de Hölderlin durante muchos años un poeta maldito, de lectura poco recomendable y religiosidad apocalíptica, que hizo saltar todos los moldes formales conocidos.

     

    He leído el libro, veinte poemas, de un tirón. En voz baja, pero audible para mí. Con entonación y ritmo, como dicen que hay que leer la poesía. Pero falla la rima, tarea casi imposible en una traducción. Les dejo con el último "canto" del libro, el titulado Mnemosine (la musa de la memoria). Espero que les guste.

     

     

    MNEMOSINE

     

    Maduros están, sumidos en el fuego, ardientes,

    los frutos que fueron en la tierra probados, y es ley

    que todo en él se adentre, como las serpientes,

    proféticamente, soñando

    en las cimas del cielo.

    Y hay que retener

    mucho, igual que se sostiene

    en la espalda la carga de leña.

    Pero son tortuosos los caminos. Y forzados

    como rocines avanzan, cautivos,

    los elementos y las viejas leyes

    de la Tierra. Pero un anhelo siempre

    tiende a la libertad. Y es mucho

    lo que hay que retener. La lealtad

    es necesaria. Pero no queremos mirar

    ni delante ni atrás. Queremos dejar que nos acunen,

    como una barca que oscila sobre el mar.

     

    Pero, ¿y lo qué amamos? Vemos

    sobre el suelo un rayo de sol y polvo seco

    y sombríos los bosques de la patria. En los tejados

    florece, mansamente, el humo, y sube

    hacia las viejas coronas de las torres. Herida

    está el alma por un rayo celeste, y sin embargo,

    son buenas las señales del día:

    pues la nieve, como los lirios del valle,

    noblemente, brilla

    en las verdes praderas

    de los Alpes, allí,

    por una carretera de lo alto,

    un caminante habla,

    acaloradamente, con otro,

    de una cruz que antaño

    al borde del camino

    pusieron para honrar a los muertos. ¿Qué es lo que

    significa?

     

    Bajo la higuera se me ha muerto

    Aquiles, y Áyax

    yace al lado de las grutas marinas,

    junto a los arroyos

    cercanos de Scamandros.

    En el rumor del sueño

    el gran Áyax murió,

    según la firme y constante tradición de Salamina,

    en tierra extraña.

    Patroclo estaba revestido con la coraza real. Murieron

    otros muchos. En Citerea está

    Eleutera, ciudad de Mnemosine. Dios

    quito el manto a la musa, y alguien luego, de noche,

    desató sus rizos. Pues los Seres Celestes

    se enfurecen cuando alguno no puede

    retener su alma, como debe; si así sucede

    no merece duelo.

     

     

     

    De libros y lecturas. Los

    La casa de Hölderlin en Tubinga (Alemania)



    Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

     
     
     
     
     
     

     

     

     

     
     

     

    De libros y lecturas. Los

    HArendt

     

     

     

     

    Entrada núm. 2824

    elblogdeharendt@gmail.com

    La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

     

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