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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 07
    Julio
    2014

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    El tema de España en la poesía española contemporánea (IX): Hoy, Leopoldo Panero

     

     

     

    Palacio Episcopal (Astorga, León). Obra de Antoni Gaudí

     

     

     

     

    Ahora que parece que una buena parte de los españoles que se declaran de izquierdas parecen confundidos con conceptos tales como pueblo, país, patria, gobierno, nación y Estado, conceptos que sin duda inducen a confusión pero que en ningún caso son sinónimos, quizá convendría reivindicar el nombre común de España que a todos nos acoge y ampara. Sin vergüenza alguna. Sin remordimientos de ninguna especie.


    De ahí, mi atrevimiento de traer durante unas cuantas semanas, o mientras el cuerpo aguante, lo que algunos de los grandes poetas españoles contemporáneos han dicho sobre su patria común, sobre la nuestra, sobre España.


    Hoy, a Leopoldo Panero (1909-1962). Poeta, hermano de poeta y padre de poetas. Nació en Astorga (León). Estudió Derecho en las Universidades de Valladolid y Complutense de Madrid. Durante la guerra civil fue encancerlado por sedición, pero la acusación no prosperó por la intercesión de Unamuno y de la propia esposa de Franco. Afiliado a Falange, fue agregado cultural de la embajada de España en Londres (1945-1947) donde conoció a Luis Cernuda, En 1950 obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Murió de una angina de pecho en su casa de Castrillo de las Piedras (León). Les dejo con su poema "España hasta los huesos".



    La canción

    que nunca diré,

    se ha dormido en mis labios.

    La canción,

    que nunca diré.


    F.G.L.

     

    Tu dulce maestría sin origen 

    enseñas, Federico García Lorca;

    la luz, la fresca luz de tus palabras,

    tan heridas de sombra.


    Tu empezado granar, tu voz intacta

    tu sed desparramada hacia las cosas,

    tu oración hacia España, transparente

    de verdad, como loca.


    Tu intimidad de sangre como un toro;

    tu desvelada esencia misteriosa

    como un dios; tu abundancia de rocío;

    la ebriedad de tu copa.


    Por la anchura de España, piedra y sueño,

    secano de olivar, rumor de fronda,

    cruzó la muerte y te arrimó a su entraña

    de fuente generosa.


    ... De valle en valle su cansancio tienden

    viejos puentes que el cielo desmorona,

    sosiego denso del azul manando,

    resol de loma en loma.


    Las bravas sierras; los sedientos cauces;

    el alear de España a la redonda;

    granito gris entre encinares pardos,

    bajo la luna absorta.


    Ligeros jaramagos amarillos,

    movidos por el aire, la coronan

    de paz, mientras sacude sus entrañas

    seco aullido de loba.


    ... Noticias han venido de las torres

    del Genil y del Darro y una ignota

    dulzura se apodera de mi pecho

    como en viviente forma.


    Así desde la Alhambra caen las aguas,

    el sonido de un árbol que se corta,

    el rumor de los pájaros ocultos,

    al empezar la aurora.


    Hacia dentro la música deslumbra, 

    como un abrazo, mi tristeza, en ondas

    de amor que por el alma se dilatan, 

    y mis palabras rozan.


    Temblor de ti mi pensamiento tiene

    mientras fluye en mi verso gota a gota,

    la sorpresa, el dolor de recordarte

    trágicamente ahora.


    Noticias han venido de los árboles

    cortados por el hacha sigilosa,

    y han venido rumores de la hierba,

    y del bordón, la nota.

     

    Cantaste lo dormido de tu raza;

    la nieve insomne de tu infancia toda:

    la historia que es amor, y hasta los huesos

    España, España sola.


    El dolor español de haber nacido;

    la pena convencida y española

    de abrir los ojos a la seca brisa

    que cruje en la memoria.


    Cantaste la ribera apasionada,

    la santa piel de fiera que se agosta,

    el yermo de ansiedad, la tribu íbera

    que hace del pan limosna.


    Tú eras como una mano con rocío

    llena de amor, de plenitud, de sobra;

    de simiente de España; de hermosura

    que en el surco se arroja.


    Tú eras la lengua alada del espíritu

    y el gozo vegetal; la fe que ahonda

    su primera raíz en la mañana

    adánica, en la obra


    tierna de Dios, reciente todavía,

    acabada en pecado, en carne fosca

    de pecado, en tristeza que se oculta,

    desamparada, en otra.

     

    En tu rincón de sed y de preguntas

    hacia Dios te levantas en persona

    desde la noble mansedumbre lenta

    que la tierra atesora.


    Te levantas; te pones en Sus manos;

    te acuerdas en Sus ojos; te perdonas

    en Su mirada para siempre, tiemblas

    en Su amor; muerto, lloras.


    Del beso abandonado, de la risa,

    solo conservas la tristeza atónita,

    el impulso de amor que te llevaba

    como el viento a las hojas.


    Cantaste la locura genesíaca,

    el brio del dolor, la gente honda

    donde suena la muerte y bebe el hombre

    quietud de la amapola.


    Tu verso es chorro puro de agua virgen,

    sagrada juventud que no se agota;

    frescor de un dios perenne en la ceniza,

    tu afán mortal reposa.


    Buscaste en las palabras lo imposible:

    su hueso de fantasma, su sonora

    cuerda interior de agua, su silencio:

    la verdad que no nombran.


    De ramos que se olvidan; de sonrisas

    con humedad antigua en la corola;

    de nombres en insomnio para siempre,

    la realidad se colma.


    Huele tu verso a madreselva fresca, 

    a ruiseñor en vuelo, a luz remota,

    a musgo de guitarra, a sufrimiento

    de azogue que se borra.


    Canta tu verso en el sonar del trigo,

    como al reír el corazón se agolpa;

    y su aroma desprenden las violetas

    si tú las interrogas.


    Hablas tras un temblor, como los niños,

    como la piel delagua, como doblan

    su cansancio los juncos por la tarde,

    de la corriente en contra.


    Hablas, hablas, relumbras en tu dicha,

    como el astro desnudo que se moja

    de pura inmensidad en las regiones

    de azul ternura cósmica.


    Hablas de la vejez que hay en el agua;

    en las flores y el hombre; en lo que importa

    más de verdad al pensamiento vivo

    beber, puesta la boca


    en el profundo manantial del alma,

    en la bullente claridad incógnita

    de lo que está en nosotros olvidado

    de su origen y gloria.


    Allí, temblando hacia el amor caído,

    hacia la gran raigambre silenciosa

    del instinto, hacia el árbol de la ciencia,

    remejido en zozobra


    de humana sed, el hálito bebiste

    de Dios, el orden puro, la armoniosa

    delicia, la unidad sin la materia,

    dulce también otrora.


    Asú cuando en la gracia del verano

    florece ensimismada la magnolia,

    voluptuosamente su fragancia

    los sentidos transporta.


    Y así en tu corazón está sonando, 

    sonando está la soledad hermosa

    de España: el agua, las tendidas mieses

    que el sol eterno dora.


    Voluntad dionisíaca, amor continuo,

    montana de dolor, edad de roca;

    de olivo prieto el corazón juntando

    su reciedumbre añosa.


    Como el humo cruel del sacrificio

    arde en Dios tu recuerdo, y cuanto toca

    ensombrece de angustia sobre España,

    y en tu rescoldo sopla.


    ... Tú eras nieve en el viento, nieve negra,

    nieve dormidamente poderosa,

    nieve que cae en remolino triste,

    como sobre una fosa.


    Cantaste la tristeza inexorable,

    la muerte que cornea a todas horas,

    la vasta estepa donde el hombre ibero

    desdén y fuerza toma.


    Un poco de rocío entre las manos

    queda solo de ti, como en la órbita

    de la estrella el deleite, mientras suena

    muerta la tierra sorda.


    Del tiempo, al despertar, no recordabas

    más que un vago perfume sin escoria;

    un tremendo latido de esqueleto

    que se seca en la horca.


    Viviste hundido en la hermandad del mundo,

    en el fluir del agua que no torna, 

    en la terrible primavera viva,

    como una amarga esponja.


    Tu abundancia vital esconde dentro

    zumo apretado de granado roja,

    y sabor en los labios de una fiebre

    secreta y melancólica.


    Viviste en la alegría de ti mismo

    y la espina sentiste de tu propia

    soledad, la más íntima ternura,

    la ausencia más recóndita.


    Golpeado de penumbra, golpeado

    levemente por alas de paloma,

    contaste la nostalgia de Granada

    cuando el sol la abandona.


    Cantaste de ignorancia estremecido,

    trémulo el corazón de mariposas, 

    salobre el pensamiento, y la palabra

    como un inmenso aroma.


    En la humedad celeste de tus huesos

    la pasión de la tierra cruje rota,

    y la vejez de tu hermosura viva

    desde Dios se incorpora.


    Secreto en la ebriedad de tu deseo,

    hundido en el azul como la alondra,

    cantastes en el amor que perpetúa

    lo que la edad deshoja.


    Tu canción se levanta de la muerte;

    tu voz está en el agua y en rosa;

    tu sustancia en el son de la madera,

    y en el viento de tu historia.


    Eternamente de la España ida,

    que el alma sabe cuanto más la ignora,

    de la España mejor nos trae tu canto

    sal de Dios en la ola.


    Tu dulce maestría sin origen

    enseñas, Federico García Lorca;

    la luz, la fresca luz de tus palabras,

    tan heridas de sombra...


    "España hasta los huesos", de Leopoldo Panero



    Y mañana, con José Manuel Caballero Bonald.  Ahora, por favor, sean felices. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





    El poeta Leopoldo Panero




    Entrada  núm. 2091

    http://elblogdeharendt.blogspot.com

    Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

     

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