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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 18
    Julio
    2014

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    El tema de España en la poesía española contemporánea (XX): Hoy, con José García Nieto

     

     

     

    Santa María del Naranco (Oviedo, Asturias)

     

     

     

    ¿Por qué buena parte de los españoles que nos declaramos de izquierdas damos la impresión de estar un tanto perdidos en el uso y comprensión de conceptos tales como pueblo, país, patria, gobierno, nación, Estado?... Parecen similares pero no lo son. Para la derecha, sí; todo es lo mismo y va en el mismo saco. Los españoles que nos declaramos de izquierdas deberíamos reivindicar el nombre de España, la patria común que a todos nos acoge y ampara sin vergüenza alguna, sin remordimiento, sin amargura ni complejo de ninguna especie. Y para eso puede servirnos la poesía.


     

    De ahí, mi atrevimiento de traer durante unas cuantas semanas, o mientras el cuerpo aguante, lo que algunos de los grandes poetas españoles contemporáneos, los poetas del exilio exterior e interior, pero españoles todos hasta la médula, han dicho sobre su patria común, sobre la nuestra, sobre España y su añoranza. Y es que, en palabras de Walt Whitman, "el poeta es el instrumento por medio del cual las voces largamente mudas de los excluidos dejan caer el velo y son alcanzados por la luz". 


    Hoy traigo hasta el blog al poeta José García Nieto (Oviedo, 1918 - Madrid, 2001). Nace en el seno de una familia dedicada al derecho y al periodismo. Huérfano de padre desde muy temprana edad vive sucesivamente en Zaragoza, Toledo y Madrid donde se afinca desde antes de la guerra civil, y ejerce como secretario del Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa. Al final de la misma se dedica exclusivamente a la literatura, especialmente la poesía y el teatro. Forma junto a Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hieero la denominada generación de la postguerra. Obtiene en dos ocasiones el Premio Nacional de Literatura, y en 1996 el Premio Cervantes. Ingresa en la Real Academia Española en 1982. En el triste aniversario del inicio de la tragedia de la última guerra civil española, que parece nadie quiere recordar, les dejo con el bellísimo y entrañable poema de García Nieto titulado "España":



    A mi hijo 


    Esto que tienes ante ti, 

    hijo mio, es España, 

    No podría decirte -yo no puedo,

    al menos, con palabras-

    cómo es su cuerpo duro,

    cómo es su cara trágica,

    cómo su azul cintura, extensamente

    humedecida y agitada.

    Su pecho, recio y de varón, respira

    por las altas montañas;

    la suave corbatura del regazo,

    femenina, se ensancha

    hasta la soledad de las arenas

    múltiples y doradas;

    los brazos de sus ríos acumulan

    venas que acercan las gargantas

    oscuras o los verdes valles

    arrancando la tierra, acariciándola.


    Esto que tienes, que tenemos

    ahora mismo, es España.

    Es mía porque puedo

    celosamente amarla,

    tocar su piel y estremecerme,

    mirarme en ella fijo, cara a cara,

    sentirme antiguo, envejecer con ella,

    o nuevo cada día y estrenarla.

    Es tuya porque puedo

    con pasión entregártela,

    porque me la he ganado sin fronteras;

    sin tener que acotarla,

    la he traído a mi voz cuando he querido,

    como a una oveja que paciente aguarda

    el silbo del pastor.


    No hay quien le ponga

    puertas, y yo te invito a traspasarlas.

    Mira; aprende a mirar con ella, aprende

    a acompañarte de ella, acompañándola.

    Tierra de andar y comprobar despacio

    huidiza de tan delgada,

    difícilmente bella de tan sobria,

    fina y calladamente regalada;

    tierra para escuchar como una música,

    para no echársela a la espalda.

    Cuando puedas, lo digo desde ahora,

    lo escribo desde ahora, por si falta

    un día en tus oídos

    la fe de mi palabra,

    cuando puedas, y tengas el pie firme,

    y claro el corazón, y abierta el alma,

    sal al camino, cíñete la ropa,

    hijo mío, y ándala.


    El sol se pone para todos. Mira;

    ahora lo está ocultando Guadarrama;

    el cielo es como un ópalo, como una

    precipitación nacarada;

    quedan azules, negras, las tranquilas

    honduras de estas navas

    que enciende sucesivamente

    el racimo esperado de sus casas.

    Arriba, las estrellas aparecen

    "sin prisas y sin pausas";

    se pierden, numerosos, los senderos

    y en la penumbra se unen las montañas.

    Gigantesca, se espuma "La Peñota":

    suave "El Montón de Trigo" se destaca;

    afila "Siete Picos" en la sombra

    su aguda dentellada;

    quiebra "La Maliciosa" bruscamente

    su plomiza atalaya,

    y allí, en su cascarón de ávida nieve,

    se hunde Navacerrada.


    Esto que ves, que tienes, que te entrego

    hijo mío, es España.

    Digo y escribo, y puede más su nombre

    que la mano y la voz. Es como un agua

    que desborda este vaso de mi verso

    donde quiero encerrarla.

    Bebe, hijo mío, bebe; el trago es tuyo,

    tuya es la herencia, tuya la privanza.

    Sobradamente te dará en los días

    su variedad multiplicada.

    Tú podrás elegir, como el que hunde

    sus manos en el cofre que guardara

    un tesoro con el tiempo acumulado,

    la joya deseada.


    Deja un día a tus ojos que se pierdan

    en la redonda vega de Granada;

    junto al silencio de sus torres rojas

    oye las fuentes de la Alhambra;

    mira Toledo enamorando el Tajo,

    el fresco prado hacia la mar cantábrica,

    el cielo por los arcos de Segovia,

    Ávila en su quietud amurallada,

    Sevilla entre jazmines una noche,

    Burgos de piedra donde el Cid cabalga,

    Cádiz como una nieve mar adentro,

    balcón de Tarragona, luz de Málaga,

    cúpulas de la nave aragonesa,

    orillas de la Huelva aventurada,

    minera Asturias con el verde cuello,

    Córdoba entre arcangélica y romántica,

    Alicante con palmas hacia oriente,

    Valladolid con la oración tallada,

    coronado León entre los puertos,

    Zamora altiva, Huesca pirenaica,

    Galicia que la mano de Dios hizo,

    rosa sillar nacida en Salamanca,

    campos para la flor de Extremadura

    donde la encina sin cesar batalla,

    Madrid desde el palacio a la pradera,

    Barcelona de las Atarazanas,

    Valencia de las puertas y los puentes,

    Álava señorial, Cuenca encantada,

    Bilbao de hierro, Soria junto al frío,

    Jaén del olivar, Murcia hortelana,

    lejanísima islas de fortuna,

    islas de claridad mediterránea...


    ¿Ves, hijo mío? El vaso se desborda;

    deja a tus labios apurar la gracia.

    Esta es mi herencia; pudes hacer uso

    de ella y proclamarla.

    Lo que te doy en buena hora

    que en buena hora lo repartas.


    "España"

    José García Nieto

     

     

    Y mañana nos vemos con el poeta Julián Andúgar. Sean felices, por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





    El poeta José García Nieto




    Entrada núm. 2110

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    Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

     

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