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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 22
    Marzo
    2013

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    En coma inducido

     

     

     

     

    "Lección de anatomía" (Rembrandt, 1632)

     

     

     

     

    Tengo la impresión de que mi "Desde el trópico de Cáncer" ha entrado en coma: un estado patológico que se caracteriza por la pérdida de conciencia, sensibilidad y capacidad motora voluntaria. Al menos,  siguiendo la definición que de esa palabra da el Diccionario de la Real Academia Española. Aunque en realidad se trata más bien de un coma inducido, que como ustedes saben bien no es más que una especie de sedación que se aplica a algunos pacientes para evitar que se hagan daño a sí mismos cuando están incursos en un proceso de pérdida de consciencia. Tengo que agradecerle a mi hija Ruth su irrupción en mi blog, a través del trasvase de entradas de su formidable e intimista "Pensando en la estación". Ella ha evitado que el "pi-pi-pi-pi...." en la cabecera del paciente se haya convertido en el "piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii" indicativo de su final y cierre.

     

    En coma profundo y nada inducido están también las instituciones políticas de la Unión Europea, España y Canarias. Comienzo por la última, la más cercana. La noche del miércoles asistí a una "mesa redonda" que se celebraba en la centenaria Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, en Las Palmas, sobre la reforma del régimen electoral canario. Entre los ponentes profesores universitarios y políticos en activo, incluido un expresidente del gobierno canario. Todos ellos coincidieron en la gravedad del tema. Gravedad a la que coadyuva la rigidez estatutaria de modificación de un sistema electoral que infrarrepresenta al 83% por ciento del electorado en beneficio del otro 17%, propicia la imposibilidad de que ningún partido obtenga mayoría absoluta en el parlamento regional y condene a los dos grandes partidos estatales (PP-PSOE), enfrentados, a aliarse con el partido nacionalista (CC) siempre minoritario, para poder formar gobierno, convirtiendo siempre a la formación nacionalista en la única beneficaria neta del pacto.

     

    Sobre el coma, profundo y nada inducido, de las instituciones políticas españolas, que voy a contarles que ustedes no sepan ya. Desde la llegada del PP al poder y de Mariano Rajoy al frente del gobierno en Diciembre de 2011 todo ha ido a peor. Y encima tienen el desparpajo de insistir una y otra vez en que estamos en el buen camino. No se en que se basan pero pienso, sinceramente, que al actual gobierno de España si que podría aplicársele con acierto la definición anteriormente citada de coma (sueño profundo en su acepción original griega): "estado patológico que se caracteriza por la pérdida de la conciencia, la sensibilidad y la capacidad motora voluntaria". Bueno, seamos sinceros, capacidad motora voluntaria sí que tienen; otra cosa es que nos esté llevando directamente al abismo. Les invito a leer al respecto la crítica que Álvaro Delgado-Gal, director de "Revista de Libros", formula en la misma al cabreado libro del cabreado escritor Antonio Muñoz Molina titulado "Todo lo que era sólido" (Seix Barral, Barcelona, 2013). 

     

    En coma profundo y nada inducido están también algunas instituciones, no todas, de la Unión Europea. Les invito a leer el artículo "Europa, el paquidermo", del escritor Vicente Molina Foix (El País, 13/3/2013). Desde luego, el Consejo Europeo, su más alta institución representativa, está en coma profundo y encefalograma plano. Y más desde el fiasco del rescate a Chipre. En el coma le acompañan, al Consejo, el Banco Central Europeo y el Eurogrupo. De la Comisión Europea, el gobierno real de la Unión, ni se habla ya, de lo poco que cuenta. No es extraño teniendo al frente a un político de vuelo tan raso como el señor Durao Barroso, incapaz de hacer valer los intereses generales de la Unión frente a la postura de la única que manda en Europa por lo que parece, la señora Merkel, que Dios guarde (para beneficio exclusivo de sus paisanos alemanes). Vaya por delante que admito que puedo estar equivocado en mis planteamientos. Expertos hay que defienden que estamos haciendo españoles y europeos lo que debemos, de cuya capacidad profesional y honestidad personal no tengo la menor duda. Por ejemplo, el profesor español José V. Rodríguez Mora, catedrático de Economía en la Universidad de Edimburgo, en un importante artículo que publica Revista de Libros en su número de marzo-abril: "Una mirada desapasionada a la desigualdad económica (I). Observando los hechos".

     

    De política, oyendo al gobierno y a la oposición, reconozco que tampoco entiendo mucho, y si solo les oigo a ellos, reconozco que no entiendo nada. Pero eso es normal por mi acusada sordera, que pone de los nervios a mi mujer, y a mí me hace recordar con cariño a mi padre, que también la padecía y que contestaba siempre que "para lo que hay que oir", mejor sordo. Pero algo si entiendo, no mucho, pero si lo bastante para percibir cuando me quieren dar gato por liebre. Y algo aprendo y aprovecho cuando tengo la fortuna de leer libros tan excelentes y sugestivos como el titulado "Los rostros del federalismo" (Alianza, Madrid, 2012) del profesor Roberto Luis Blanco Valdés, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela, que he terminado esta misma tarde gracias a la Biblioteca Pública del Estado en Las Palmas de Gran Canaria, que lo adquirió a expresa petición mia a pesar de las restricciones presupuestarias que asfixian a la entidad. Nunca agradeceré bastante el trato que me dispensan en ella.

     

    Del libro citado hay dos excelentes críticas cuya lectura les recomiendo, aunque mejor sería que leyeran la obra misma, que ha recibido el reconocimiento de mejor libro español no-de-ficción publicado en 2012. La primera, del también profesor Javier Corcuera Atienza, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco, titulada "Las múltiples caras del poliedro" y publicada, también, en el último número de Revista de Libros (marzo-abril, 2013). La segunda, la reseña que del mismo hace el profesor Juan José Solozabal Echevarría en el número 30 de la "Revista de teoría y realidad constitucional" (junio 2012) publicada por el Departamento de Derecho Político de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). 

     

    Federalista convencido como soy, y por lo que compruebo cada día, bastante utópico, fui el miércoles a la Mesa Redonda que comentaba al comienzo de la entrada con la intención de sacar a colación la propuesta federalista que llevo defendiendo desde hace más de veinte años largos en cuantos foros académicos, sociales, políticos y prensa tengo oportunidad, sobre la posiblidad y conveniencia de configurar el autogobierno de la Comunidad Autónoma de Canarias dentro del Estado español. Ante el sesgo posibilista (o más bien in-posibilista) de todas las intervenciones que hubieron en la misma, desistí sin excesivo drama de intentarlo. Bastante será si se consigue, "ad calendas graecas", romper la inercia de las insostenibles barreras electorales estatutarias vigentes. 

     

    De "una sociedad de sociedades" definió Montesquieu el federaslismo. Un sistema bajo el que viven en la actualidad cientos de millones de personas, preponderencia a la que va unida una enorme disparidad sobre la naturaleza del fenómeno federalista sobre la que el profesor Roberto Luis Blanco Valdés pretender arrojar una luz en el libro citado más arriba, centrando su estudio sobre los sistemas paradigmáticos de Estados Unidos, Suiza, Australia, Canadá, Argentina, México, Brasil, Rusia, Alemania, Austria, Bélgica y España.

     

    El libro se cierra con un epílogo en el que, contraponiendo federalimos a nacionalismo, se analizan algunas de las peculiaridades que afectan al modelo federal español. De una de las últimas páginas del libro (la 351) que constituye una crítica del nacionalismo político identitario, no me resisto a traslarles literalmente la opinión de uno de los más reconocidos estudiosos mundiales sobre el "nacionalismo". Dice así: "En tanto que principio político que sostiene que debe haber congruencia entre la unidad nacional y la política, el nacionalismo suele considerarse a sí mismo como un principio manifiesto y evidente que es accesible a todos los hombres y que solo violan algunas cegueras contumaces, pero de hecho debe su capacidad de convicción tan solo a un conjunto de circunstancias muy concretas que se dan hoy, pero que han sido ajenas a la mayoría de la humanidad y de la historia." (Gellner, Ernest: Nación y nacionalismo. Alianza, Madrid, 1983). La comparto plenamente.

     

    Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

     

    Palacio del Senado (Madrid)

     

     

     

     

     

     

    Entrada núm. 1822

    http:/harendt.blogspot.com

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