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Carlos Campos Acero

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  • 29
    Abril
    2012

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    Gran Canaria, 29 de abril de 1483

     



    Real Sito de Ansite (Gran Canaria) 




    "Restituidos nuestros conquistadores al Real de Las Palmas, dejando atalayas y esp√≠as que avisasen de cualquier movimiento, no apartaron el pensamiento de los preparativos para la campa√Īa pr√≥xima. El deseo de concluir aquella grande obra de la entera reducci√≥n de Canaria devoraba sin cesar a Pedro de Vera, y no se pas√≥ mucho tiempo sin que hiciese una revista e inspecci√≥n general de todas sus fuerzas, tanto de Europa como de islas. Hall√≥ que ten√≠a m√°s de 1000 hombres de armas; proveyose de las municiones, v√≠veres y forrajes precisos y sali√≥ el 8 de abril de 1483 en alcance del enemigo, con resoiuci√≥n de morir con sus tropas, antes que volver al Real de Las Palmas, sin haber sometido todo el pa√≠s. Nuestro general estaba ya muy pr√°ctico en ese g√©nero de guerra, por decirlo as√≠, de sofister√≠a o cavilaci√≥n que se hace en terrenos quebrados y montuosos.


    Hab√≠an avisado los esp√≠as que el grueso de la naci√≥n canaria, compuesto por m√°s de 600 hombres de pelea y 1500 mujeres con sus hijos,estaba refugiado a la saz√≥n en el fuerte de Ansite, entre G√°rdal y Tirajana, bajo la obediencia y apoyo del guanarteme Benteju√≠ y del faycan de Telde. As√≠, Pedro de Vera, acompa√Īado del Obispo don Juan de Fr√≠as (que pocos d√≠as antes hab√≠a llegado de Lanzarote a ser testigo de esta empresa), march√≥ derecho a ellos y fijo su campo a las faldas de aquel monte escarpado.


    Pero entre tanto,como don Fernando Guanarteme [Nota de HArendt: Tenesor Semid√°n, guanarteme (rey) de G√°ldar, aliado de los castellanos. Su esposa, la guayarmina (princesa) Abenohara, estaba retenida en el Alcazar de C√≥rdoba, junto a los Reyes Cat√≥licos, como reh√©n.] conoc√≠a las intenciones sanguinarias del general y se condol√≠a de la suerte que amenazaba a sus paisanos, pidi√≥ licencia para pasar a hablarles y, habi√©ndose acercado a ellos, no hizo otra cosa que mostrarles un semblante abatido y ahilado de muerte, en que se echaba de ver la angustia y el dolor. Los canarios por su parte levantaron tambi√©n hasta el cielo la vocingler√≠a y los sollozos, a cuyo espect√°culo, esforz√°ndose don Fernando a romper el silencio, les dijo anegado en l√°grimas: "Hijos de mi coraz√≥n: yo os suplico teng√°is piedad de vosotros. ¬ŅQu√© pensar√©is adelantar con la terquedad? ¬ŅEs posible que todav√≠a ten√©is arrojo para ser enemigos de los espa√Īoles? ¬ŅSacar√©is alguna ventaja de que la naci√≥n y el nombre canario se acabe? ¬ŅQu√© m√°s tendr√©is con que os gobierne ese joven que hab√©is aclamado como guanarteme, que obedeciendo al rey m√°s poderoso del mundo? Abrid los ojos. Vosotros ser√©is bien tratados, libres, due√Īos de vuestros ganados, aguas y tierras de labranza, protegidos contra las dem√°s potencias del mundo, ennoblecidos, doctrinados en las artes y ciencias, civlizados y cristianos, quer valer m√°s que todo."


    No pudiendo resistirse a este tierno razonamiento la muchedumbre atribulada, retumb√≥ al punto por los valles circunvecinos la algaraza con que los b√°rbaros ped√≠an rendirse a Pedro de Vera, aquel hombre tan terrible para la naci√≥n. Todos arrojaron al aire sus magados, dardos y tabonas e,hincados de rodillas, llamaron a don Fernando Guanarteme para ponerse entre sus manos. Pero as√≠ que observaron Benteju√≠ y el faic√°n [Nota de HArendt: Sumo sacerdote ind√≠gena] de Telde [Nota de HArendt: Telde era el otro guanartemato (reino ind√≠gena) de la isla de Gran Canaria; ocupaba el este y sur de la isla, mientras que el de G√°ldar, dominaba el norte, centro y oeste de la misma] tan extraordinaria revoluci√≥n,se abrazaron fuertemente el uno al otro y se precipitaron desde la eminencia de Ansite, repitiendo la regular exclamaci√≥n: ¬°Atis Tirma! [Nota de HArendt:Tirma era el nombre que los ind√≠genas daban a la monta√Īa sagrada  de su isla, Gran Canaria]. Se asegura que Benteju√≠ estaba para desposarse un d√≠a de aquellos con la joven guayarmina [Nota de HArendt: Margarita Semid√°n], hija de don Fernando (y heredera de los estados de G√°ldar).


    Luego que se fue serenando la conmoci√≥n, volvi√≥ este pr√≠ncipe a nuestro campo, seguido de los suyos, y, trayendo del brazo a su hija Guayarmina y a su sobrina Masequera, las present√≥ al general dirigi√©ndole estas memorables palabras: "Unos isle√Īos que nacieron independientes entregan su tierra a los se√Īores Reyes Cat√≥licos y ponen sus personas y bienes bajo su poderosa protecci√≥n, esperando vivir libres y protegidos." Pedro de Vera, el obispo, los oficiales, en fin, todo el ej√©rcito no cre√≠an lo mismo que miraban, pues es evidente que, a no haber sobrevenido en los √°nimos aquella mutaci√≥n prodigiosa, no se hallaban todav√≠a los negocios en tan buen estado, y parec√≠a preciso derramar mucha sangre antes de conseguir la √ļltima victoria.


    En efecto, los canarios fueron recibidos con las m√°s distinguidas demostraciones de placer; y, habi√©ndose abrazado rec√≠procamente ambas naciones, enton√≥ el obispo el Te Deum, que prosigui√≥ toda la tropa. Aconteci√≥ este suceso tan deseado como glorioso para nuestras armas, el 29 de abril de 1483, d√≠a de San Pedro de Verona por cuya circunstancia y la de llamarse Pedro el general se pusoa,m toda la isla de la Gran Canaria bajo el patrocinio de aquel m√°rtir.


    Del campo de Ansite, tan feliz para Pedro de Vera, se volvi√≥ nuestro ej√©rcito, seguido de muchos canarios, al Real de Las Palmas, donde se ejecut√≥ la entrada con todas las aclamaciones y las libertades de un triunfo. Y mientras los espa√Īoles se ocupaban en no s√© qu√© vana admiraci√≥n de s√≠ mismos, subi√≥ Alonso J√°imez a la explanada del torre√≥n y, tremolando el real estandarte que llevaba, dijo tres veces: "La Gran Canaria por los muy altos y poderosos Reyes Cat√≥licos, don Fernando y do√Īa Isabel, nuestros se√Īores, rey y reina de Castilla y de Arag√≥n." Al d√≠a siguiente se celebr√≥ en la iglesia de Santa Ana una fiesta  de acci√≥n de gracias, en que dijo la misa el reverendo obispo, concluy√©ndola con una exhortaci√≥n que pareci√≥ muy elocuente a los cristianos, y de la cual.s√≥lo entendieron los nuevamente conquistados y convertidos que ellos eran el asunto".


    Hasta aquí, el relato que de aquella jornada hace el gran historiador canario Joseph de Viera y Clavijo (1731-1813), preclaro discìpulo de la Ilustración en las islas, en su magna obra "Noticias de la Historia de Canarias", tomo I, págs. 234/235 (Cupsa, Madrid, 1978. Edición de Alejandro Cioranescu) de aquella memorable jornada. Ahora sabemos mejor que aquello no fue exactamente así, como él lo cuenta; pero esa es otra historia.


    Un 29 de abril de hace cuarenta y cinco a√Īos, en 1967, yo llevaba un mes escaso viviendo en Gran Canaria y fui con mi novia, ahora mi esposa, a ver la procesi√≥n c√≠vico-religiosa que, partiendo de la catedral de Santa Ana, despu√©s de una solemne misa, y con el pend√≥n real de Castilla que se custodia en la misma desde la √©poca de la conquista al frente, paseaba el mismo por las calles de Vegueta. Despu√©s nos fuimos a pasar el resto de la ma√Īana en la playa de Las Alcaravaneras, donde moj√© por vez primera mis pies en el oc√©ano Atl√°ntico, y ya a media tarde, a tomar unas copas y bailar en el Pueblo Canario de la Ciudad Jard√≠n.


    Con la llegada de la democracia, a partir de 1978, y el ascenso de las fuerzas nacionalistas y de izquierda (entonces y como ahora, bastante despistadas sobre el asunto de las identidades nacionales o pretendidamente nacionales) la celebración del 29 de abril comenzó a parecer algo vergonzante, impropio de una celebración, pues conmemoraba el sometimiento de un pueblo a otro. Solo los catalanes, en eso como en muchas otras tan sentimentales a pesar de que el tópico se encarga de achacarles lo contrario, siguen celebrando su derrota ante las tropas de Felipe V, un 11 de septiembre, como su fiesta nacional.


    Casualmente estoy releyendo estos d√≠as el cap√≠tulo titulado "M√°s sobre el pasado de los espa√Īoles", que dentro de su libro "Cervantes y los casticismos espa√Īoles" (Alianza, Madrid, 1974) que servir√≠a a su autor, el prestigioso fil√≥logo e historiador Am√©rico Castro (1885-1972) de introducci√≥n a su magna obra "La realidad hist√≥rica de Espa√Īa" (Porrua, M√©xico, 1966), y encuentro en √©l una fel√≠cisima reflexi√≥n sobre el antagonismo secular entre unos espa√Īoles y otros, antes en raz√≥n de su casta (cristiano viejo frente a cristiano nuevo o converso), ahora de origen territorial, que me atrevo a reproducir y con ello concluir esta entrada, tan "sui generis", de hoy. Dice as√≠: "Mientras los espa√Īoles no se resignen a aceptar el hecho de haber sido como han sido, a percibir el latir de su pasado, las discusiones acerca de su futuro se basar√°n en vocablos y exclamaciones. La secular y falsa imagen del pasado es como una antigua arma de panoplia frente a las autom√°ticas de nuestros d√≠as. [...] As√≠ comienza a hacerse alguna luz en torno al hecho capital de no haberse soldado unas con otras las regiones que ostentan "hechos diferenciales", sin advertir, empero, que diferencias tan grandes o mayores que las existentes entre Catalu√Īa y Castilla no impidieron fundirse interna y firmemente a Francia, Italia o Suiza".


    Las fotos que acompa√Īan la entrada son las del Real Sitio de Ansite, en el centro-sureste de la isla de Gran Canaria, lugar donde se produjeron los hechos relatados por el cronista el 29 de abril de 1483, y por otro lado, la l√°pida que recuerda la estancia (forzosa) de la √ļltima guayarmina de Gran Canaria, la princesa Abenohara, en el Alc√°zar de C√≥rdoba (Andaluc√≠a) por aquellas mismas fechas.


    Espero que les haya resultado interesante. Y sean felices, por favor, a pesar de nuestros gobernantes (q.D.g.). Tamaragua, amigos. HArendt





    Placa en homenaje a la princesa Abenohara

    √ļltima guayarmina de Gran Canaria

    (Alcázar de Córdoba, Andalucía)





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    Entrada n√ļm. 1463

     

     

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