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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 24
    Octubre
    2013

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    Ilustración y utopía

     

     

     

    Retrato de Jovellanos, por Francisco de Goya

     

     

     

    En la presentación de este blog dice su autor que se declara hijo de la Ilustración, monárquico y socialdemócrata. Todo muy antiguo para algunos. Dejémoslo así, de momento...

     

    Tenía pensado desde hace un tiempo dedicar una pequeña entrada a reflexionar sobre lo que el pensamiento ilustrado tuvo de utópico, pero, lo que son las casualidades..., justamente esta mañana, mientras voy en la guagua en busca de mi nieto más pequeño para acompañarlo al colegio con mi hija, llego al capítulo X del libro que estoy leyendo en estos momentos: la "Historia crítica del pensamiento español. Tomo 4", de José Luis Abellán (Círculo de Lectores, Barcelona, 1993) y me encuentro con que lleva el mismo título que figura en el epígrafe de esta entrada.

     

    Tengo claro que mis posibles reflexiones no estarán nunca a la altura de las del profesor Abellán así que voy a seguir algunas de las pautas que da este y dejar las que tenía pensadas para otra ocasión. En todo caso, les remito a mi entrada de noviembre del pasado año: "Sobre utopías y otras cosas...", que creo les resultará interesante y que comenzaba con este párrafo que resume bastante bien mi pensamiento al respecto: "Utopía: palabra griega que significa "lugar que no existe"... Una buena amiga de muchos años con la que he compartido vida académica, estudios, intimidades, complicidades y muchas otras cosas, tenía la palabra "utopía" grabada a fuego en su corazón. Yo, no; me resulta imposible después de ver lo que las dos grandes utopías del pasado siglo, el fascismo y el comunismo le han hecho a la humanidad. A pesar de ello, pienso, como mi amiga, que no se puede vivir sin ella".

     

    Efectivamente, no podemos vivir sin pensamiento utópico, pero tampoco podemos olvidar el daño real que cifrarlo todo a un futuro y un lugar que, posiblemente, no exista y al que nunca vamos a llegar, puede provocar.

     

    Cita el profesor Abellán en su libro (página 140-141) una carta del ilustrado español por antonomasia, Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) que me resulta imposible no reproducir: "Jamás concurriré a sacrificar la generación presente por mejorar las futuras.  Usted -dice a su interlocutor- aprueba el espíritu de rebelión; yo no: le desapruebo abiertamente, y estoy muy lejos de creer que lleve consigo el sello del mérito... Creo que una nación que se ilustra puede hacer grandes reformas sin sangre, y creo que para ilustrarse tampoco sea necesario la rebelión".

     

    Dice Abellán al inicio del citado capítulo X: "Los ilustrados más típicos se hallaban todos animados por un profundo deseo de cambio, que es lo originó el giro copernicano que desde entonces va a dar la cultura española. Ahora bien -dice-, un impulso de cambio total supone una meta ideal a la cual se aspira, y que en siglo XVIII no puede dejar de tener un carácter utópico". Y sigue diciendo: "El XVIII es el siglo de las utopías, y así aparece en Francia, donde el pensamiento ilustrado y enciclopedista se canaliza por vías utópicas: la entronización de la diosa Razón, la recuperación del estado de naturaleza, el mito del buen salvaje... Algunos de ellos -añade- algunos tenían un olvidado origen español, como ocurría con el último citado; de ahí que España no pudiese permanecer al margen de semejante movimiento, si bien en nuestro país no culminó en un proceso revolucionario, como ocurrió en el vecino".

     

    Unas páginas antes ha definido nuestro autor lo que significaba el término ilustrado a finales del siglo XVIII: "hombre que busca el progreso y la transformación de la sociedad, con una serie de rasgos muy típicos: tolerancia religiosa, sentido crítico respecto al pasado, optimismo frente al futuro, confianza en el poder de la razón, oposición a la autoridad eclesiástica y al poder tradicional de la Iglesia, interés por los problemas sociales y el desarrollo técnico de la sociedad, impulso hacia lo natural y valoración positiva de la experiencia, exaltación del progreso y del conocimiento...".

     

    Termino la entrada con este espléndido poema de Jovellanos, en el que se refleja muy claramente el contenido utópico, "presocialista", del pensamiento ilustrado y su profunda fé en una humanidad futura mejor, que figura en su "Respuesta a la epístola de Moratín":

     

     

    El fatal nombre

    de propiedad, primero detestado,

    será por fin desconocido. ¡Infame,

    funesto nombre, fuente y sola causa

    de tanto mal! Tú solo desterraste,

    con la concordia de los siglos de oro,

    sus inocentes y serenos días.

     

    Nueva generación desde aquel punto

    la tierra cubrirá, entrambos mares;

    al franco, al negro etíope, al britano

    hermanos llamará, y el industrioso

    chino dará, sin dolo ni interese,

    al transido lapón sus ricos dones.

     

    Un solo pueblo entonces, una sola

    y gran familia, unida por un solo

    común idioma, habitará contento

    los indivisos términos del mundo.

     

    No más los campos de inocente sangre

    regados se verán, ni con horrendo

    bramido, llamas y feroz tumulto

    por la ambición frenética turbados.

     

    Todo será común; que ni la tierra

    con su sudor ablandara el colono

    para un ingrato y orgulloso dueño.

     

    Todo será común; será el trabajo

    pensión sagrada para todos; todos

    su dulce fruto partirán contentos.

     

    Una razón común, un solo, un mutuo

    amor los atarán con dulce lazos.

     

    Una sola moral, un culto solo,

    en santa unión y caridad fundados,

    el nudo estrecharán, y en un solo himno,

    del Austro a los Triones resonando,

    la voz del hombre llevará hasta el cielo

    la adoración del universo, a la alta

    fuente de amor, al solo Autor de todo.

     

     

    Explicado, quizá, el porqué lo de "hijo de la Ilustración", dejo lo de monárquico y socialdemócrata, quizá de nuevo, para otro momento.

     

    Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt





    Alegoría de la Sabiduría. Orihuela (Valencia)





    Entrada núm. 1988

    elblogdeharentd@gmail.com

     

    http://harendt.blogspot.com

    Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

     

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