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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

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  • 16
    Julio
    2015

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    Los Simpson: Filosofía para andar por casa



     

     

    Los Simpson: Filosofía para andar por casa

    Los Simpson al completo (sofá incluido)

     

     

     

    Puede parecer pueril que metidos en una crisis económica como la que afectaba al mundo en aquellos momentos, verano de 2008, y que sigue aun; de disputas territoriales que no han cesado; de acciones terroristas que se han incrementado hasta el paroxismo; y de unas olimpiadas perfectas en lo material (Pekín) pero que dejaron mal sabor de boca en los defensores de los derechos humanos, alguien, aunque ese "alguien" fuera tan representativo del mundo de la inteligencia como la estadounidense Universidad de Berkeley, en California, se ocupara de organizar un curso de filosofía fundamentado en una seria de dibujos animados protagonizados, ¡como no!, por la familia Simpson


    Pero así fue. Y al parecer la serie dio para ello y para mucho más. Dos escritores, Jordi Soler y Eloy Fernández Porta, lo explicaron en su día con todo lujo de detalles en el diario El País. No se lo tomen a broma, porque no lo fue. Y merece la pena leer, aun hoy, lo que escribieron al respecto. Personalmente, en lo que a mí concierne, retomé la serie y reconozco que comencé a mirarla y disfrutarla con ojos menos inocentes. Y que aprendí algunas cosas de esa filosofía para andar por casa que los Simpson desprenden. En su artículo "Pienso, luego... ¡mosquis!", el escritor Jordi Soler lo contaba con humor, y a él les remito. En la Universidad de Berkeley, decía, se impartía un curso de filosofía fundamentado en la vida cotidiana de la familia Simpson. El maestro y sus alumnos van tomando nota a lo largo de un semestre, comentaba, de los actos y los diálogos que la tribu de Homer va desvelando semanalmente en la televisión; este conocimiento, aparentemente superfluo, les sirve para comprender, y luego aplicar, los engranajes del pensamiento filosófico. 


    Por su parte, el también escritor Eloy Fernández Porta, dedicaba su artículo, "Esta niña está en mi cabeza", al personaje de Lisa. El único personaje indispensable de Los Simpson, decía. Las astracanadas de Bart o el payaso Krusty son intercambiables, y cada uno de los caracteres restantes puede ser sintetizado en un giro verbal, así "¡Excelente!", "Jaaaa-há" u "Hola-holita, vecino". Esta sucesión de pifias y calamidades no podría sostenerse narrativamente de no ser por esa conciencia racional, cívica y tocada con collar de bolas que pugna por sobreponerse a la sinrazón de sus mayores. En la escuela de Estados Unidos, añade Eloy Fernández, no basta con sacar las mejores notas; es preciso ser también activa, dinámica, una líder natural; de lo contrario, una quedará reducida a ojito derecho de la maestra. La singularidad de este personaje determina que en la serie coexistan dos tipos distintos de sátira, que podríamos llamar "anecdótico" y "trascendental". Por una parte, lo que ocurre alrededor de Lisa y a pesar de ella: la incompetencia de los dirigentes, el alcoholismo de los paisanos, el ridículo cotidiano. Por otra, lo que le pasa a ella en particular, y que no es sino la cancelación de todas las ilusiones de trascendencia: el ecologismo, la Ilustración, el sentido de la comunidad... el porvenir, en fin, tal como lo imagina un europeo con gafotas. No dejen de leerlos en los enlaces de más arriba. Y por supuesto, disfruten de la familia Simpson y de su filosofía para andar por casa, de la que les dejo aquí algunos de sus aforismos más célebres:

     

    - Intentar algo es el primer paso hacia el fracaso.

     

    - Normalmente no rezo, pero si estás ahí, por favor sálvame, Superman.

     

    - Sólo porque no me importe no significa que no lo entienda.

     

    - Si cuesta trabajo hacerlo, es que no merece la pena.

     

    Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

     

     

     

    Los Simpson: Filosofía para andar por casa

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    Entrada núm. 2371

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    La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

     

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