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Carlos Campos Acero

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  • 29
    Octubre
    2014

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    Máscaras y personas: ¿solo humo?

     




    Máscara teatral griega



     

    "Prosopon" es palabra griega y con ella se designaba a la máscara que los actores usaban en el escenario para representar un personaje en las tragedias clásicas. De allí pasó al etrusco como "phersu", y de éste al latín, ya convertido en "persona". Es decir, que los antiguos ya tenían claro que ser "persona" lo que significa realmente es representar un papel en la vida. Nada más, o nada menos..., según se mire. Pero las personas se mueren y con la muerte se acaban actor y representación.


    Decía mi siempre admirada Hannah Arendt que "morir es el precio que todos tenemos que pagar por haber vivido". Sin duda es un precio razonable por el placer que supone ver pasar los años y la vida aprendiendo y sorprendiéndose a cada instante.


    Hoy me puede la melancolía, aunque no sabría explicar muy bien el por qué. El nuevo diccionario de la lengua española, recien salido de la imprenta, la define en su primera acepción como "tristeza vaga, profunda sosegada y permanente...". No suelo ser dado a ella, pero hoy me ha dado por pensar en la futilidad de la existencia. Quizá, solo quizá, movido por la que nos está cayendo a los españoles; algo que no creo que nos merezcamos, sinceramente. Pero es lo que hay y tenemos que apechar con ello.


    Hace unos años representaron en el teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad donde vivo, una obra de Juan Carlos Rubio titulada "Humo". Guardé la reseña que de la misma hizo la revista "La Luna del Cuyás", editada por la empresa que gestiona el teatro. No tiene autor, pero me parece que merece la pena reproducir sus primeros párrafos porque se pueden aplicar al ámbito general de la vida, y no sólo al del teatro.


    Dice así: "El escenario es un ámbito mágico donde se descubren dimensiones escondidas de la existencia: sueños pesadillas, ilusiones, anhelos, recuerdos, deseos ocultos, esperanzas y temores... El enigma de la vida, que se escapa tantas veces a los argumentos de la razón, se muestra en el escenario con toda su grandeza. En ese gigantesco espejo tratamos de reconocernos y, al actuar, sentimos que existimos. Lo mismo hace cada ser desde que nace hasta que muere; repetir concienzudamente su papel durante toda su vida. Apariencia y simulacro, eso es "Humo". Si alguna vez llegamos a comunicarnos con los demás es sólo por azar. La máscara es la existencia posible. Sin ella los tigres del pasado que esconden nuestra conciencia nos comerían por dentro. Sólo si nos alejamos de nosotros mismos podemos ver, y burlarnos, como representamos ante el mundo nuestro absurdo y tonto papel. Algunos incidentes aparentemente triviales marcan nuestro destino, nos guste o no, y después dedicamos el resto de nuestra vida a defendernos como víctimas, haciendo el papel de culpables, ante el gran jurado del mundo. La única forma de sobrevivir sin caer en la locura es reirnos de nosotros mismo". 


    O escribirlo, pienso yo, aunque sólo lo leamos nosotros... Hoy la melancolía me ha resuelto la entrada. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





    Representación en el teatro romano de Mérida (Extremadura)


     

     

     

     

    Entrada núm. 2185

    elblogdeharendt@gmail.com

    "La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

     

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