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Carlos Campos Acero

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Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 11
    Febrero
    2013

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    Pasiones confesables: la Política

     

     

     

     

    Carmen Díez de Rivera (1942-1999)

     

     

     

     

    En la presentación de "Desde el trópico de Cáncer" comento que entre mis pasiones confesables, aparte de mi familia, están la lectura, el paseo, mis amigas, los perros, los gatos, Europa, la teoría política, la historia, el café, el buen wiski; no siempre por ese orden, matizo...

     

    Los sábados es mi mejor día de la semana. Es el día en que me siento "más mejor", un canarismo precioso, ¿verdad?. No me pregunten por qué es así, no tengo ninguna explicación clara al respecto, pero es cierto que suelo desenchufarme con mayor o peor fortuna de los agobios diarios y me siento mejor que los restantes días de la semana. Normalmente, aprovecho para ir dando un paseo matinal por la avenida marítima que discurre de sur a norte por la costa oriental de Las Palmas, hasta la Biblioteca Pública del Estado, en el parque de San Telmo. Media hora más o menos a paso tranquilo. El pasado sábado lo hice de nuevo. Fui a devolver dos libros: "Historia mínima de España" (Turner/Colegio de México en España, Madrid, 2012), de Juan Pablo Fusi, y "Tiempos presentes" (Gedisa, Barcelona, 2002), de Hannah Arendt, y traerme otros dos que había solicitado recientemente: "Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo" (Crítica, Barcelona, 2012), de Santiago Muñoz Machado, y "El azar de la mujer rubia" (Alfaguara, Madrid, 2012), de Manuel Vicent. Me queda por terminar "Las élites españolas ante el cambio de régimen políticos. Lógica de Estado y dinámicas centro-periferias en el siglo XX" (Centro de Investigaciones Sociológicas/Siglo XXI, Madrid, 2004), del sociólogo y profesor de la Universidad de Montpellier, William Genieys.

     

    Pero vuelvo con lo de las pasiones confesables: Sí, la política es una de ellas; no como ejercicio profesional o vocacional -que de todo hay, no lo dudo- sino más bien como objeto de estudio y análisis histórico y teórico. Quizá por eso me entusiasman el Derecho Constitucional Comparado y la Teoría Política. De niño quería ser senador, no diputado ni procurador en Cortes, sino senador, como los de los Estados Unidos pero en España. Para cuando hubo senadores en España, ya se me había pasado la vocación. Estuve metido en actividades políticas partidistas durante el régimen franquista, la transición y, luego ya, en la etapa democrática. Nunca ocupé cargo alguno remunerado, ni por casualidad. Me hubiera gustado ser diputado del Parlamento europeo, no por el sueldo, sino porque para mí, antinacionalista confeso, Europa es mi madre patria; la única patria común que merece la pena, pero en la política activa partidista y profesional hay que tragarse muchos sapos y un servidor tiene las tragaderas estrechas...

     

    Me leí el libro de Vicent que citaba más arriba de un tirón, sin pausas. En unas horas de soledad amigable y compartida. No les desvelo la trama de la ficción por si deciden leerlo; yo se lo recomiendo encarecidamente. Los cercanos a los sesenta lo disfrutarán seguro. Solo les adelanto que salen todos los que significaron algo en la transición democrática pero que la historia está centrada en la relación, íntima y profunda, entre tres personajes: Adolfo Suárez, el rey Juan Carlos y Carmen Díez de Rivera. ¿Se acuerdan de ella?... La llamaron la "Musa de la Transición", y jugó un papel fundamental en aquella fantástica época  que tanto echamos algunos de menos ahora, en la que los políticos jugaban solo a la política y pensaban más en los intereses del pueblo español que en los suyos estrictamente partidistas a corto plazo. De los tres personajes centrales tuve la fortuna de conocer personalmente a dos, pero me guardo sus identidades.

     

    Hay pocas cosas que me emocionen hasta el llanto, quizá la música a pesar de tengo un oído fatal, un fragmento literario bien estructurado (y bello), o la muerte absurda e inesperada de un ser querido. Leyendo a Vicent me he tenido que morder el labio inferior para no ponerme a llorar como un niño. Sentimental que es uno. En este enlace pueden leer lo que el propio autor dice sobre su libro en "El Huffington Post".

     

    Sobre la transición española a la democracia (1976/1978) se ha dicho y se siguen diciendo muchas tonterías, sobre todo por los que no la vivieron. Por supuesto que se cometieron fallos y errores, pero la prudencia y el bien común, y traer la democracia a España, se antepuso a todo. En palabras de Juan José Linz, citado por Genieys en su libro sobre las élites españolas, "la transición se basó en un pacto que vinculó tanto a los rupturistas como a los reformistas". Otro politólogo citado en el mismo libro, Richard Gunther, añade que "el éxito de la consolidación democrática se debió al tránsito de la desunión a la unión consensual de las élites, caracterizado por el hecho de que los partidos aceptaron el juego democrático". Termino con otra cita de Giovanni Sartori: "El triunfo de la democracia liberal frente a sus enemigos exteriores (es decir, frente a la malignidad de la política) la deja indefensa ante un enemigo interior: las malas políticas. La democracia puede triunfar en el terreno de los principios, pero en la práctica, en su ejercicio, puede tener que soportar fuertes ataques". Como ahora en España, o en Italia, profesor Sartori, por ejemplo; añado yo...

     

    Sobre la necesidad ineludible de una nueva transición política española y un reformado en profundidad pacto constitucional, trataba el editorial del diario "El País" del pasado día 9, que proponía acometer diez reformas absolutamente prioritarias para sacar a España de la crisis social, política y económica en que la incompetencia de unos y otros la ha sumido.

     

    El vídeo que incorporo a la entrada es la película, íntegra, del realizador Chema de la Peña, "23-F" (2011). Confieso que no la he visto, pero lo haré en cuanto el ánimo y la fuerza me acompañen.

     

     

    Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Entrada núm. 1782

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    "La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

    "Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen

     

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