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Carlos Campos Acero

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  • 03
    Mayo
    2016

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    Pensamiento. Sobre el estado de la nación española



    Pensamiento. Sobre el estado de la nación española

    Axel Oxenstierna (1583-1654), gran canciller de Suecia

     


    Hoy, martes, 3 de mayo, han quedado disueltas las Cortes Generales elegidas el pasado 20 de diciembre por los españoles y convocadas nuevas elecciones a celebrar el próximo 26 de junio. 


    La prensa de ayer lunes y los noticiarios televisivos daban resonancia a las palabras pronunciadas por el líder del partido socialista, Pedro Sánchez, de que fuera cual fuere el resultado de las elecciones generales del próximo 26 de junio "nunca pactará una coalición con el partido popular". No soy miembro del partido socialista, aunque sí votante suyo, y me sorprende que con la que está cayendo, el líder del segundo partido en número de escaños del parlamento recién disuelto, se anime a formular unas declaraciones que nadie le había pedido tan altisonantes como extemporáneas; es decir, como define dicha palabra el Diccionario de lengua española, impropias del tiempo en que sucede o se hace, inoportunas e inconvenientes, porque se cierra puertas a sí mismo y a un posible gobierno de coalición encabezado por él. ¿Despiste o gesto para la galería más a la izquierda de su partido? 

     

    El gran historiador austriaco Hans Leo Mikoletzsky (1907-1978), cuenta en su monumental Historia de la Cultura (Labor, Barcelona, 1966) una interesante anécdota referida al que fuera gran canciller del rey Gustavo Adolfo de Suecia y más tarde de la reina Cristina, Axel Oxenstierna (1583-1654), una de las más grandes personalidades de la historia del país nórdico. Por lo que parece, uno de sus hijos, destinado como estaba por su inteligencia y linaje a suceder a su padre en el servicio a la monarquía sueca, mostró a este sus reticencias a involucrarse en ello porque estimaba no estar suficientemente preparado para tan alta misión. La mordaz respuesta del Gran Canciller a su hijo fue, por lo que se cuenta, digna de su talla política: "No sabes, hijo mío, con cuán poca inteligencia puede ser gobernado el mundo". Del acierto de sus palabras da prueba indudable el lanzar una simple ojeada a la situación actual, no solo de nuestro país, sino de cualquier otro al que echemos el ojo. ¡Y podíamos estar peor, aunque parezca difícil de creer!

     

    Como ya he comentado con anterioridad, a la mayoría de los políticos, pero no sólo a ellos, también a jueces, médicos, militares, obispos, misioneros, funcionarios, maestros, banqueros, periodistas y líderes de opinión, por citar algunos especímenes de la diversa fauna humana, se les llena la boca con lo de la "vocación de servicio"; sobre todo cuando hablan de la suya. No deberíamos creerles siempre. El altruismo no es moneda de uso corriente entre las clases altas (ni entre las medias, ni las bajas, dicho sea de paso) aunque excepciones, haberlas haylas. Y lo que ellos llaman "vocación de servicio" la mayoría de las veces no pasa de ser ambición personal, ganas de medrar, búsqueda de gloria, pasión por el poder, ansias de mando, y a veces, hasta búsqueda del martirio como medio para ganarse el cielo. Casi cualquier cosa menos altruismo. Que con la que nos ha caído y está cayendo los españoles sigan confiando en el sistema político democrático que nos dimos en 1978, es una indudable prueba de madurez política, que nuestros representantes no deberían tomar como un cheque en blanco. 


    Entre el 19 y el 25 de agosto de 2014 publiqué en el blog dos entradas comentando la encuesta de Metroscopia para el diario El País, titulada "Pulso de España 2014", continuación de la del mismo título y un año anterior, "Pulso de España 2013", que pueden leer si lo desean en el enlace anterior.  

     

    En esa segunda entrega de Metroscopia para El País un 66 por ciento de los consultados consideraba que sin partidos políticos no podía haber democracia; y un 75 por ciento que los partidos políticos son necesarios para defender los intereses de los distintos grupos sociales. Simultáneamente, esos mismos españoles, o al menos el 75 por ciento de los encuestados, consideraban que tal y como los partidos estaban organizados y funcionaban era muy difícil que lograran "atraer" y "reclutar" para la actividad política a las personas más "competentes" y mejor "preparadas" (los entrecomillados son míos), y que España necesitaba una segunda Transición que, con el mismo espíritu de pacto y concordia de la primera, modificara y actualizara muchos aspectos de nuestro actual sistema político (otro 75 por ciento).


    Ese mismo día, el sociólogo Juan José Toharia, doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y por la Universidad de Yale, analizaba la encuesta en un interesante artículo titulado "Una ciudadanía abatida reclama una explicación sobre la crisis", que completaba una semana después con el titulado "Los pilares de la sociedad aguantan"

     

    La sociedad española, comentaba el profesor Toharia, serguía aguantando, sin hundirse, un año más. Y ello a pesar, continuaba diciendo, de los estragos que ya había causado una crisis que apenas ahora daba signos de querer amainar, generalizando empobrecimiento, creciente desigualdad y profundo desgaste institucional. Daños que, masivamente, la ciudadanía consideraba de difícil y lenta reparación. Pese a lo cual, añadía, el país resistía gracias al buen hacer de muchas instituciones que lo vertebraban y conseguían compensar las cada vez más irritantes e insoportables carencias de otras. 


    Investigadores científicos (con un 89% de aceptación); médicos del servicio público de salud con un 85%, no la propia institución del SPS como tal, que suspendía con un 49% de aceptación); y maestros de la enseñanza pública (con un 81%) acaparaban los primeros puestos en cuanto a los cuerpos y organismos de la administración del Estado. El último lugar en cuanto a valoración de los encuestados lo ocupaba la inspección de hacienda con un 39%. En cuanto a las instituciones del sistema político la Corona, en la persona del nuevo rey don Felipe VI, recuperaba el apoyo del 69% de los ciudadanos, ocupando el primer lugar, seguida de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que suspendían en el índice de aceptación ciudadana con un 34% y 31% respectivamente. Peor librado salía el gobierno de la nación, con un escuálido 21%, y los partidos políticos y la clase política en general con un raquítico 10% de aceptación. Sobre las instituciones del sistema económica el índice de mayor aceptación ciudadana era para las pequeñas y medianas empresas, con un 70%. La banca, por el contrario ocupaba el último lugar de ese índice de aceptación con un 10%. Las instituciones del sistema jurídico alcanzaban un índice de aceptación del 51% para los abogados, los únicos que aprobaban, y por los pelos; a la cola se situaban el Tribunal constitucional y la fiscalía, con un 30%. Por último, y en cuanto a otras entidades e instituciones civiles, el índice de aceptación ciudadana era de un 75% para Cáritas y de un 70% para las ONG en general. Por el contrario, la iglesia católica solo alcanzaba un 36% de aceptación y los obispos un 15%.


    No les canso. "Alea iacta est", dijo Julio César al cruzar con sus tropas el río Rubicón, si es que aceptamos como verídico lo contado por Suetonio en su Vida de los doce Césares. La suerte está echada, y a quien los españoles se la den San Pedro se la bendiga. Les dejo los enlace a las páginas centrales de Metroscopia y del Centro de Investigaciones Sociológicas, desde las que pueden acceder a las encuestas y análisis más recientes sobre el panorama electoral español. 



    Pensamiento. Sobre el estado de la nación española

    "Julio César cruza el Rubicón" (Francesco Granacci, 1469-1543)



    Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

     
     

     

     

     

     

     

    Pensamiento. Sobre el estado de la nación española

    HArendt

     

     

     

     

    Entrada núm. 2707

    elblogdeharendt@gmail.com

    La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

     

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