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Carlos Campos Acero

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  • 10
    Marzo
    2016

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    Poesía y música. Hoy, con Antonio Machado y "Nabucco", de Giuse



    Poesía y música. Hoy, con Antonio Machado y

    Biblioteca Real y Teatro Real de Turín, Italia

     

     

    Como afirmo en una de las entradas más leídas del blog soy capaz de recordar y reconocer casi cualquier fragmento de texto literario o película que haya leído o visto, aunque solo haya sido una vez en la vida. Por el contrario, ni el Azar ni la Naturaleza, mis divinidades paganas preferidas, me han dotado del mismo talento para la música. La diosa Terpsícore me ha negado sus favores, salvo en aquellas piezas que ya forman parte, por la amplitud de su difusión, del imaginario colectivo de la humanidad. Y esa incapacidad para recordar y reconocer piezas musicales, es una de las circunstancias que más dolor me producen, porque en contraste con ellas la música es de todas las Bellas Artes la que más profundas emociones me provoca.

     

    George Steiner, uno de los más grandes intelectuales del siglo XX, dice en su libro Errata. El examen de una vida, uno de los más hermosos textos que he leído nunca, lo siguiente: "El canto (y la música) es, simultáneamente la más carnal y la más espiritual de las realidades. Aúna alma y diafragma. Puede, desde sus primeras notas, sumir al oyente en la desolación o transportarlo hasta el éxtasis. La voz que canta es capaz de destruir o de curar la psique con su cadencia". Estoy en completo acuerdo con él.

     

    La UNESCO instituyó el año 2000 el Día Mundial de la Poesía, que se celebra cada 21 de marzo, entendiendo que el mundo contemporáneo tiene necesidades estéticas y sociales que la poesía puede cubrir. Así pues, continúo con esta entrada de hoy la nueva sección del blog, Poesía y música, aunando algunos de los más bellos poemas en español con algunas de las más hermosas arias operísticas de la historia.

     

    Continúo hoy la serie dedicada a Poesía y música con el poema Retrato, de Antonio Machado, y el bellísimo coro Va, pensiero, sull'ali dorate (Vuela, pensamiento, sobre alas doradas) de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi. Esto último pueden hacerlo desde el enlace inmediatamente anterior o en el vídeo del final de la entrada. 

     

     

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    Poesía y música. Hoy, con Antonio Machado y

    Antonio Machado

     

     

    Antonio Machado Ruiz (1875-1939) fue un poeta español, el más joven representante de la Generación del 98. Su obra inicial, de corte modernista (como la de su hermano Manuel), evolucionó hacia un intimismo simbolista con rasgos románticos, que maduró en una poesía de compromiso humano, de una parte, y de contemplación casi taoísta de la existencia, por otra; una síntesis que en la voz de Machado se hace eco de la sabiduría popular más ancestral. Dicho en palabras de Gerardo Diego, hablaba en verso y vivía en poesía. Fue uno de los más distinguidos alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, con cuyo ideario estuvo siempre comprometido. Murió en el exilio, en la agonía de la Guerra Civil española.

     

     

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    RETRATO

     

    Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

    y un huerto claro donde madura el limonero;

    mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

    mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

     

    Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

    —ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,

    más recibí la flecha que me asignó Cupido,

    y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

     

    Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

    pero mi verso brota de manantial sereno;

    y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

    soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

     

    Adoro la hermosura, y en la moderna estética

    corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

    mas no amo los afeites de la actual cosmética,

    ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

     

    Desdeño las romanzas de los tenores huecos

    y el coro de los grillos que cantan a la luna.

    A distinguir me paro las voces de los ecos,

    y escucho solamente, entre las voces, una.

     

    ¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

    mi verso, como deja el capitán su espada:

    famosa por la mano viril que la blandiera,

    no por el docto oficio del forjador preciada.

     

    Converso con el hombre que siempre va conmigo

    —quien habla solo espera hablar a Dios un día—;

    mi soliloquio es plática con ese buen amigo

    que me enseñó el secreto de la filantropía.

     

    Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.

    A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

    el traje que me cubre y la mansión que habito,

    el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

     

    Y cuando llegue el día del último vïaje,

    y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

    me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

    casi desnudo, como los hijos de la mar.

     

    Antonio Machado, 1906

     

     

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    Poesía y música. Hoy, con Antonio Machado y

    Giuseppe Verdi

     

     

    Giuseppe Fortunino Francesco Verdi (1813-1901) fue un compositor romántico italiano de ópera del siglo XIX, el más notable e influyente compositor de ópera italiana y puente entre el belcanto de Rossini, Donizetti y Bellini y la corriente del verismo y Puccini. Fue autor de algunos de los títulos más populares del repertorio lírico, como los que componen su trilogía popular o romántica: Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore y las obras maestras de la madurez como Aida, Don Carlo, Otello y Falstaff.

     

     

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    Poesía y música. Hoy, con Antonio Machado y

     

     

     

     

    Va, pensiero, sull'ali dorate es el coro del tercer acto de la ópera Nabucco, de Verdi, con letra de Temistocle Solera, inspirada en el Salmo 137 "Super flumina Babylonis". Calificada tantas veces como la obra judía de Verdi, canta la historia del exilio hebreo en Babilonia tras la pérdida del Primer Templo de Jerusalén. Este coro le dio fama a Verdi.

     

    Posteriormente se convirtió en un himno para patriotas italianos, quienes, identificándose con el pueblo hebreo, buscaban la unidad nacional y la soberanía frente al dominio austríaco. La canción, cuyo tema es el exilio y que expresa nostalgia por la tierra natal, así como la frase "Oh mia patria sì bella e perduta!" (¡Oh patria mía, tan bella y perdida!) resonaba en el corazón de muchos italianos.

     

     

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    VA, PENSIERO, SULL'ALI DORATE

     

     

     

     

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    Disfruten de poema y canción. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

    Poesía y música. Hoy, con Antonio Machado y

    HArendt

     

     

     

    Entrada núm. 2639

    elblogdeharendt@gmail.com

    La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

     

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