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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 15
    Diciembre
    2013

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    Prejuicios, ideología y política

     




    ¿España hace aguas?




    Permítanme comenzar con una cita de Isaiah Berlin en su libro "El poder de las Ideas" (Espasa-Calpe, Madrid, 2000). Dice así: "Libertad e igualdad, espontaneidad y seguridad, felicidad y conocimiento, compasión y justicia, todos ellos son valores humanos fundamentales que el hombre busca por sí mismo. Sin embargo, cuando son incompatibles, no pueden ser conseguidos, es necesario elegir, y, con frecuencia, cuando se persigue un fin determinado se deben aceptar trágicas pérdidas. Pero si esto, tal y como yo creo, no es tan solo verdadero empíricamente, sino también conceptualmente -es decir, que se deriva del mismo concepto de estos valores-, entonces la idea de un mundo perfecto en el que se llevan a cabo todas las cosas buenas es incomprensible y, de hecho, es conceptualmente incoherente". El caso es que aunque lo que dice Berlin sea opinable, y más en política, como asevera el antiguo aforismo "elegir es descartar". 


    Hace unos días me reprochaba en privado un lector del blog que no aporto nada más que una ingente información confusa. Quizá tenga razón: solo aporto información que me parece interesante, eligiendo y descartando, pero cuando tomo partido lo expongo claramente y sin tapujos. En todo caso, la intención de este blog era y es un intento de interpretar el mundo a través de las miradas y las palabras de los otros. ¿Podía ser de otra manera?, supongo que sí, pero esa es la que yo elegí descartando otras: la de una mirada escéptica sobre lo que leo, veo y oigo a mi alrededor. Y a fuer de repetitivo recuerdo mi definición de escéptico, mi única aportación original a la teoría política junto a la definición de Canarias como un estado de ánimo rodeado de agua por todas partes; y ella es la de que un escéptico es un optimista chamuscado por la realidad. Y es que los hechos son los hechos, como decía el sabio, aunque cada uno los interprete a su manera.


    ¿Son las ideologías meros prejuicios en el sentido político positivo que daba al término Hannah Arendt? ¿O son meras anteojeras que nos permitan circular por la vida política sin excesivos esfuerzos de pensamiento como aduce el profesor Arias Maldonado en los artículos que reseño más adelante? En cualquiera de los casos suponen elegir y descartar.


    Hay un precioso librito de Hannah Arendt: "¿Qué es la política?" (Paidós, Barcelona, 1997),  de apenas 150 páginas, que dedica varias de ellas al asunto de los prejuicios en política. Dice en una (pág. 49): "En nuestro tiempo, si se quiere hablar sobre política, debe empezarse por los prejuicios que todos nosotros, si no somos políticos de profesión, albergamos contra ella. Estos prejuicios, que nos son comunes a todos, representan por sí mismos algo político en el sentido más amplio de la palabra: no tienen su origen en la arrogancia de los intelectuales ni son debidos al cinismo de aquellos que han vivido demasiado y han comprendido demasiado poco. No podemos ignorarlos porque forman parte de nosotros mismos y no podemos acallarlos porque apelan a realidades innegables y reflejan fielmente la situación efectiva en la actualidad y sus aspectos políticos. Pero estos prejuicios no son juicios. Muestran que hemos ido a parar a una situación en que políticamente no sabemos -o todavía no sabemos- cómo movernos". 


    Un poco más adelante (pág. 97) vuelve sobre el mismo tema, clarificando el papel de los prejucios en política: "Los prejuicios representan siempre en el espacio público-político fundadamente un gran papel. Se refieren a lo que sin darnos cuenta compartimos todos y sobre lo que ya no juzgamos porque casi ya no tenemos la ocasión de experimentarlo directamente. Todos estos prejuicios, cuando son legítimos y no mera charlatenería, son juicios pretéritos. Sin ellos ningún hombre puede vivir porque una vida desprovista de prejuicios exigiría una atención sobrehumana, una constante disposición, imposible de conseguir, a dejarse afectar en cada momento por toda la realidad, como si cada día fuera el primero o el del Juicio Final". 


    El artículo de Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga, al que hacia referencia más arriba se publicó en tres entregas, entre los días 25 de noviembre y 9 de diciembre del presente año en Revista de Libros con el título de "La guerra de trincheras", y pueden leerlos en estos enlaces: (I)(II) y (III). Las tres entregas son, en realidad, un único comentario crítico, de reconocimiento, a la personalidad de Antonio Muñoz Molina,  Príncipe de Asturias de las Letras de este año, y a su libertad de juicio, expresada en su último libro "Todo lo que era sólido" (Seix Barral, Barcelona, 2013).


    "¿En qué condiciones -se pregunta el profesor Arias- son producidas las ideas políticas y como circulan en una sociedad? Es una pregunta importante -dice-, porque parece razonable pensar que la vitalidad de una democracia dependerá en gran medida del buen funcionamiento de su maquinaria argumentativa. Quien se proclama poseedor de una ideología, sea cual sea, está legitimando el conjunto de sus jucios u opiniones a partir de su correspondencia con una serie de valores e instrumentos analíticos abrazados, en detrimento de otros, después de un largo proceso de decantamiento intelectual. El liberal -continúa- tirará enseguida de la mano invisible y el marxista de la lucha de clases, si bien el grado de sofistificación intelectual del ideólogo correspondiente producirá distintos grados de sofistificación expresiva. Las dos nociones tradicionales de ideología parecen confundirse: la idelología como falsa conciencia de la realidad (el obrero que ignora su propia alienación) y la ideología como cuerpo de valores sustantivos a los que uno se adhiere (proclamarse socialista, conservador, ecologista, liberal). Fácilmente propendemios a instalarnos en la ideología, ignorando las novedades o desmentidos que provengan de la realidad. Y el movimiento inductivo, que va de la observación a las ideas, será reemplazado por un movimiento deductivo que va, contrariamente, de las ideas a la observación. En lugar de ser una suerte de punto de llegada sometido a constante reevaluación, la ideología -concluye- se convierte en un punto de partida inamovible. Ahí está, naturalmente, el problema".


    Les aconsejo la lectura del artículo en cuestión. Seguro que les resultará provechoso. Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt





    Viñeta de Forges

     

     

     

     

    Entrada núm. 2010

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    Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

     

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