Blog 
Desde mi ventana
RSS - Blog de Carlos Campos Acero

El autor

Blog Desde mi ventana - Carlos Campos Acero

Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


Archivo

  • 21
    Agosto
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ¿Qué hacemos con el Constitucional?

     

     

     

     

    El Tribunal Constitucional en sesión

     

     

     

     

    Hay una forma segura de interpretar lo que dice la Constitución. Lo expuso con bastante claridad el politólogo norteamericano Edmon Cahn en una obra ya clásica, de 1954, titulada "Una contribución americana": La Constitución dice lo que el Tribunal Constitucional dice en cada momento que dice... La fórmula es sencilla, pero de desarrollo complejo.

     


     

    Contra la opinión generalizada, y no digamos la de la Excma. Sra. Condesa de Murillo [1], presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, yo tengo un buen concepto de conjunto de la labor desarrollada por nuestro Tribunal Constitucional [2] en sus más de treinta años de existencia como máximo y último intérprete de la Constitución. Reconozco que contribuye a ese afecto la admiración y respeto que siento por dos de sus exmagistrados: por un lado, hacia la figura de Francisco Tomás y Valiente, catedrático de Historia del Derecho, expresidente del Tribunal, asesinado por ETA, cuyos textos académicos tanto me ayudaron cuando cursaba la licenciatura en Derecho; por otro, la de Elisa Pérez Vera, catedrática de Derecho Internacional Privado y exrectora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, a la que me une, aparte de admiración y respeto, una relación personal de amistad con la que me honro especialmente.

     


     

    Sobre los orígenes de la justicia constitucional, en los Estados Unidos de América a raíz de la famosa sentencia "Marbury contra Madison" [3] pronunciada por el juez Marshall en 1803, y en Europa, a mediados de los años 20 del pasado siglo a raíz de la polémica [4] surgida entre dos famosos juristas, el austríaco Hans Kelsen y el alemán Carl Schimtt, sobre "quién debería ser el guardián de la Constitución", ya he escrito en varias ocasiones así que no insisto en el asunto y remito a ellas al lector interesado poniendo "Tribunal Constitucional" en el buscador del blog.

     


     

    En pura teoría la labor de un Tribunal Constitucional parece sencilla, basta: "comparar el artículo de la Constitución que se invoca con el estatuto, (norma o  derecho) que se recusa y decidir si éste cuadra con aquél". Tan simple solución la formula el juez Roberts, en 1936, en su sentencia "Los Estados Unidos contra Butler". citada por Ivo D, Duchacek en su libro "Mapas del poder. Política constitucional comparada" (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1976).

     


     

    Y sobre los males que aquejan a nuestro Tribunal Constitucional parece que hay un consenso generalizado en que son, principalmente, 1) El procedimiento de designación de sus magistrados; 2) las numerosos recursos a los que tiene que hacer frente; y 3) la inexcusable dilación en la resolución de muchos de esos recursos.

     


     

    Se ha escrito tanto al respecto que me voy a limitar a comentar y traer ante ustedes dos de los más recientes artículos publicados al respecto, ambos en el diario El País. El primero de ellos se debe al profesor  Pablo Salvador Coderch, catedrático de Derecho Civil en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, titulado "Cinco propuestas para el Tribunal Constitucional" [5], con fecha 12 de julio pasado. El segundo al profesor Francisco Rubio Llorente, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, titulado "Los males del Constitucional" [6], con fecha 10 de agosto.

     


     

    Las propuestas del profesor Coderch para mejorar la efectividad del Tribunal Constitucional son sencillas y no excesivamente costosas (en un momento en que la "economía" lo ordena y supedita todo). Una de ellas, es el traslado de la sede del Tribunal a una pequeña ciudad de provincias, alejada de la nociva influencia de los poderes políticos sitos en Madrid (él propone, a título de ejemplo, las de Segovia o Jaén); otra, la ampliación del mandato de los magistrados a doce años; la tercera, la modificación del procedimiento de designación, para que sean las Cortes Generales las únicas involucradas en el mismo, fijando una edad máxima para su jubilación; la cuarta, que los magistrados se esfuercen en redactar sus sentencias personalmente, y no a través y con la intermediación de los funcionarios del Tribunal, en forma sencilla y entendible para legos; y la última, que el Tribunal y sus miembros asuman que no están necesariamente en posesión de la verdad y "filtren la solidez y credibilidad científica de los expertos que las partes o el Estado mismo presentan en apoyo de sus pretensiones". Como nada de lo expuesto por mí exime de la satisfacción e interés personal de la lectura del artículo del profesor Coderch a él les remito.

     


     

    El segundo artículo que comento, el del profesor Rubio Llorente, que cita el anterior del profesor Coderch en su apoyo, centra sus críticas al Constitucional en los mismos o similares defectos denunciados por éste: el estilo de las sentencias, que califica de oscuro y farragoso, y cita como ejemplos de claridad expositiva a seguir las del Tribunal Supremo norteamericano que califica como "de altos vuelos e intención suasoria", o el del francés, que califica como "amanerada pero de gran precisión técnica". Como Coderch, también se queja de la demora insoportable del Tribunal a la hora de dictar sus sentencias, y cree que una presidencia de mandato más amplio, seis años por ejemplo, y con funciones más amplias en la dirección de sus trabajos, podría coadyuvar a su mejora, y en todo caso, proponiendo que las sentencias se voten antes de su redacción. De nuevo coincide con él en la necesidad de acabar con la escandalosa práctica del regateo político para nombrar a los magistrados, aunque a diferencia del anterior, cree que puede resolverse sin necesidad de una reforma constitucional.

     

    La última de sus propuestas, la más polémica, y en su opinión, "la raíz última de los males del Tribunal está -dice- en el uso que las minorías parlamentarias hacen del recurso de inconstitucionalidad para continuar allí el debate político. De ahí su afán por contar con magistrados “sensibles a sus planteamientos”, cuantos más mejor, y de ahí también la visión que nuestra sociedad tiene de él como órgano político, una especie de tercera Cámara. Y como no cabe esperar que nuestros políticos utilicen con mesura un instrumento del que se pueden servir en sus interminables querellas, lo único que cabe hacer es eliminarlo. Es una institución que no existe fuera del ámbito de influencia alemana, que en teoría desequilibra a favor de la jurisdicción constitucional el delicado equilibrio entre ella y la democracia, pero que en la práctica conduce a politizarla. Claro es que esta supresión requiere la reforma de la Constitución y por lo tanto tampoco se hará", añade como conclusión desesperanzada. 

     


     

    No puedo negar que me sumo enteramente a lo expuesto por tan ilustres profesores y juristas, aunque como resulta lógico, mi opinión carezca de toda relevancia al respecto. Espero que ambos artículos les resulten de interés, al igual que el vídeo de origen académico que subí hace unos días al blog sobre las funciones, competencias y composición del Tribunal Constitucional español. 

     


     

    Y sean felices, por favor, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt


     



     

    Notas:

     


    (1) http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/21/espana/1340291065.html

    (2) http://www.tribunalconstitucional.es/es/Paginas/Home.aspx

    (3) http://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Marbury_contra_Madison

    (4) http://blog.pucp.edu.pe/media/2841/20110803-Herrera---La-polemica-Schmitt-Kelsen-sobre-el-guardian-de-la-constitucion.pdf

    (5) http://elpais.com/elpais/2012/07/10/opinion/1341937984_143768.html

    (6) http://elpais.com/elpais/2012/08/08/opinion/1344428642_876035.html

     






    Los doce magistrados del Tribunal


     

     

     




     

    --- 

    Entrada núm. 1724

    http://harendt.blogspot.com

    "Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

    "La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

    "La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook