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Carlos Campos Acero

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  • 12
    Julio
    2012

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    Rajoy: ¿Bajeza moral u obscenidad política?

     

     


    Dos portadas




    Hace unos días discutía amablemente con una amiga sobre el sentido que tiene expresar a través de las redes sociales (Facebook, Twitter, Eskup, Google+, blogs, etc., etc.) opiniones personales que no aportan nada sustancial al asunto en discusión y que otros ya comentan con mucho mejor acierto y estilo. Los dos llegamos al acuerdo tácito de que, efectivamente, carecía de toda lógica y sentido añadir un comentario más a la lista interminable de los que leemos sobre cualquier noticia o asunto en discusión si nuestra opinión no implica un valor suplementario a lo expresado por otros.


    ¿Lo hacemos, entonces ("¡mea culpa, mea culpa, mea grandisima culpa!") solo por cabreo, por afán de lucimiento, en defensa del legítimo e inalienable derecho democrático a la libre expresión, o hay otras razones que a nosotros mismos se nos escapan cuando decidimos darle más o menos ordenadamente a las teclas del portátil hasta componer una flamígera invectiva contra alguien o algo que no nos agrada?


    El profesor Javier Gomá, doctor en Filosofía, licenciado en Filología clásica y Derecho, Letrado del Consejo de Estado y director de la Fundación Juan March, en una entrevista digital reciente con los lectores del diario El País aseguraba que el insulto y desprecio a los políticos era una especie de deporte nacional español. Que sufrimos y buscamos dónde personificar nuestro resentimiento y que despreciar al político nos ayuda a sentirnos moralmente superiores. Ser adultos, añadía, es aceptar la imperfección, no sólo nuestra sino también de los demás, y también de las instituciones.


    Bien, es posible que sea así, pero la verdad es que, aun compartiendo en principio su aseveración, no resolvemos el problema: ¿Se merecen realmente nuestros políticos las críticas de sus conciudadanos? Yo diría que sí, pero admito humildemente la posibilidad de dejarme llevar por mis sentimientos más que por mi racionalidad.


    Permítanme reproducir una corta frase de un clásico de la ciencia política: "Mapas del poder. Política Constitucional Comparada" (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1973) del politólogo norteamericano Ivo D. Duchacek. Dice así: "El interés primario del grupo gobernante es el de mantenerse en el poder para gozar del estatus y de los privilegios de su posición. Esté interés está frecuentemente en conflicto con otros intereses especiales y con el interés colectivo de la comunidad nacional." 


    ¿Se podría aplicar la máxima anterior a la política que viene desarrollando el gobierno del Sr, Rajoy desde hace meses? Yo diría nuevamente que sí, y aunque admito humildemente la posibilidad de dejarme llevar por mis sentimientos más que por mi racionalidad, la crítica a sus actuaciones, aun aceptando lo dicho por el profesor Gomá, estaría bastante justificada.


    No se puede hacer lo que está haciendo el gobierno presidido por el Sr. Rajoy, desmantelando de un plumazo años de conquistas sociales y políticas, en base al argumento de una mayoría parlamentaria obtenida con un programa electoral y de gobierno con el que ganaron las elecciones hace nueve meses completa y radicalmente distinto de las acciones que están acometiendo ahora. Eso es, simple y llanamente, una bajeza política. 


    Porque resulta, además, que comienza a estar meridianamente claro que toda esta batería de medidas de desmantelamiento del Estado de bienestar no se prepara sobre la marcha. o lo que es lo mismo, que sus críticos tenemos todo el derecho del mundo a pensar las tenían preparadas desde el principio y que han mentido a la ciudadanía a  propósito para ganar las elecciones y luego hacer lo que querían hacer echando las culpas y la responsablidad del desastre a los demás. Es posible que me equivoque y admito humildemente la posibilidad de dejarme llevar por mis sentimientos más que por mi racionalidad, pero es como lo veo yo, y por lo que parece, un número cada vez mayor de mis conciudadanos.


    La guinda de toda esta bajeza moral de la que hacen gala el Sr. Rajoy, su gobierno y el partido que lo sustenta, es, como critica con dureza y toda justicia el profesor Josep Ramoneda en su artículo de hoy en El País, la de pretender implicar a la persona del Rey en "su" (la del señor Rajoy, su gobierno y el PP) gestión de la crisis, haciéndole presidir mañana viernes el Consejo de Ministros en el que presumiblemente se aprobarán las durísimas medidas de ajuste presupuestario y recortes sociales anunciados ayer en el Congreso por el señor presidente del gobierno.


    Como dice Ramoneda, eso es una obscenidad política de gravísimo calado institucional, y más cuando desde los medios de prensa afines al PP y su gobierno se ha dicho sin recato alguno que el Rey le había pedido a Rajoy presidir ese Consejo de Ministros, algo constitucionalmente imposible si no es a petición expresa del presidente del gobierno, según el artículo 62, apartado g, de la Constitución.


    Les recomiendo la lectura del repetido artículo del profesor Ramoneda. Dice en él, entre otras cosas:  "El miércoles, 11 de julio de 2012 pasará a la historia como el día en que Mariano Rajoy dio un giro total a su política, se desdijo de sus promesas electorales y se amparó en las exigencias internacionales para eludir su responsabilidad. “Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad”, ha dicho el presidente. Unas frases así un gobernante solo debería pronunciarlas un minuto de antes de presentar su dimisión. Si no es capaz de hacerse responsable de las políticas que dicta, un jefe de gobierno no debe continuar."


    Continuará, no se preocupen, porque como añade el articulista "eludir las responsabilidades es un vicio crónico en la manera de hacer política de Mariano Rajoy". Ramoneda concluye su artículo recordando al gobierno y al PP que ellos son los únicos responsables de las decisiones que tomen y que de ellas tendrán que responder ante la ciudadanía; que su pretensión de crear un clima de movilización nacional alrededor de unas medidas que el propio presidente negaba hace unos días, es otra vuelta de tuerca más en el juego de las manipulaciones y de los engaños, la cortina del miedo tras la que se parapeta la cobardía del presidente. 


    ¿Y ahora, se preguntarán ustedes, y yo con ustedes, qué hacemos?: No tengo respuestas, sino más bien más preguntas: ¿Cómo se mide la grandeza de la política? ¿Y la de un políítico? ¿Qué diferencia a un estadista de un político al uso? Churchill prometió a los británicos sangre sudor y lagrimas para llevarles a la victoria..., pero les llevó. Y no les impuso nada que no se impusiera a sí mismo. Todas las energías y todos los recursos de Gran Bretaña se pusieron al servicio de la victoria. Pero esto de ahora es casi peor que una guerra, porque los sacrificios y los muertos solo los van a poner los más débiles...


    La democracia son también formas y no solo hechos. Y guardar las formas es algo consustancial al ejercicio de la democracia. Si el Sr. Rajoy no acepta, y bien claro dejó ayer en el Congreso que no lo haría, discutir con la oposición medidas alternativas a las propuestas por él y su gobierno, me parece imprescindible que someta la materialización de dichas medidas y su propia continuidad al frente del gobierno a una previa "cuestión de confianza" parlamentaria, y que de superarla, como parece probable, proponga la constitución de un nuevo gobierno de "unidad nacional" con todos los grupos del arco parlamentario que deseen sumarse al mismo, para que implemente con el respaldo político más amplio posible las medidas de ajuste que resulten necesarias. O eso, o disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones anticipadas para que la ciudadanía puede expresar su respaldo o rechazo a tales medidas, ahora ya, sin subterfugios ni mentiras.  


    Yo diría que esa es una posible solución a la gravísima crisis económica, social y política a la que nos enfrentamos los españoles, pero admito humildemente la posibilidad de dejarme llevar por mis sentimientos más que por mi racionalidad... En todo caso, intenten ser felices, a pesar del gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt






    Es una opción (viñeta de Forges)




     




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    Entrada núm. 1690

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