Blog 
Desde mi ventana
RSS - Blog de Carlos Campos Acero

El autor

Blog Desde mi ventana - Carlos Campos Acero

Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


Archivo

  • 06
    Agosto
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Seis años de "Desde el trópico de Cáncer"

     

     

     

     

     

    Portada de "Una noche en Tel Aviv"

     

     

     

     

    El pasado 1 de agosto cumplió "Desde el trópico de Cáncer", este blog, seis años. Mil setecientas quince entradas después, y con una media de ochenta mil visitas anuales, sigo planteándome para qué lo cree y porqué sigo escribiendo en él. No tengo una respuesta clara. Lo más aproximado a lo que sería una justificación sobre las razones para mantenerlo vivo las he encontrado por azar -sí, de nuevo el azar- en un libro que regalé a mi mujer hace quince años, y que contra mi costumbre, no había leído hasta hace unos días. Ignoro el porqué. 

     

     

    "-Escribir es como un acto de exorcismo -dije, interrumpiéndola-, sacar a la luz los malos espíritus para librase de ellos, y, al igual que la magia negra, clavar agujas a muñecos para vengarse un método para que los débiles y los cobardes retornen a un mundo violento y salvaje sin tener que enfrentarse con el opresor. Es vudú practicado con un procesador de textos.

     

    -¿Podría tratarse de un proceso purificador? -preguntó.

     

    -Más bien creo que es como un "bypass" coronario que te permite sobrevivir.

     

    Dejé a la joven de mi ensueño sin habla."

      

    El texto que acabo de reproducir se encuentra al comienzo de la novela "Una noche en Tel Aviv" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1996), escrita por Rachel Elboim-Dror, profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalén, licenciada en Literatura y Sociología, reputada especialista internacional en políticas y sociologías educacionales y doctora por la prestigiosa Universidad estadounidense de Harvard. Es su única obra de ficción, hasta el momento.

     

    ¿Pero es todo ficción? No puedo saberlo, pero soy de los que piensan que toda obra de literatura es siempre una suerte de autobiografía. Como la protagonista de la novela, Ruth Lavin, bióloga y profesora de universidad en Tel Aviv, su autora, Rachel Elboim-Dror, llegó a Palestina procedente de la Europa oriental siendo una niña aún en fechas inmediatamente anteriores al inicio de la II Guerra Mundial. Como ella, pasa su infancia en un kibutz a orillas del Jordán, estudia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y como ella también, llega a oficial de las fuerzas armadas israelíes y profesora universitaria.

     

    La protagonista de la novela es una mujer de edad madura, rondando los cincuenta años, madre de dos hijas ya emancipadas, casada con un prestigioso cirujano y director de una clínica universitaria en Tel Aviv. Ella es bióloga y profesora en un Instituto de investigación de biología molecular y está entregada en cuerpo y alma a su familia y a sus tareas investigadoras, sin buscar ni esperar otra cosa que el reconocimiento de su marido y de sus colegas universitarios. Hasta que, a pesar de sus esfuerzos y méritos, es preterida profesionalmente en favor de otros investigadores más proclives a la vida social que al trabajo de campo y al laboratorio. Es en ese momento cuando mira a su interior y hacia atrás en el tiempo y reflexiona y hace recuento de lo que ha sido su vida desde que abandonó la tierra de sus antepasados y llegó a la tierra prometida de Israel. Y lo que nos cuenta, en un diálogo introspectivo consigo misma y con nosotros es un espectáculo desolador. Una vida de frustraciones, sacrificios y renuncias, basada en una relación castradora, a fuerza de cariño, con su madre, y con un marido solo atento a su propio éxito personal.

     

    Creo que no exagero al decir que es una de las novelas más desoladoras que he leído nunca. Sin un atisbo de esperanza. De soledades en compañía en estado puro. Triste y desgarradora hasta la repulsión. Y a pesar de ello, o quizá, por ello, atrayente y hermosa, hasta el grado de sentirnos identificados íntimamente con su protagonista.

     

    ¿Pero la vida es así en realidad?: yo diría que sí, que la vida está llena de frustraciones y renuncias; ¿pero tiene algún sentido?: yo diría que no, pero que es lo único que tenemos, que después no hay nada, y merece la pena vivirla.

     

    "Mi mundo se derrumba por dentro. -Dice la protagonista casi al final de la novela-. Todo se cierra sobre mí. Las puertas me dan en las narices, los pasillos se estrechan cada vez más, mi espacio vital implosiona. Me hallo en un punto muerto, en un camino hacia ninguna parte, todos los cruces están bloqueados."

     

    Entonces, ¿para qué escribir?, sigo preguntándome, y me respondo a mi mismo, como Ruth Lavin, para sobrevivir... Abrumado, termino de leer la novela ayer domingo por la tarde e impulsado por una especie de resorte emocional buscó por internet alguna referencia de la autora y encuentro su dirección de correo electrónico en la Universidad de Jerusalén. La escribo contándole la honda conmoción que me ha producido la lectura de su libro. Y apenas una hora después recibo su amigable respuesta. Reconfortante...

     

    Les deseo que sean felices, por favor. A pesar del gobierno. Al menos luchen por intentarlo. Merece la pena.

     

    Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

     

     

    La profesora Rachel Elboim-Dror

     

     

     

     

     

     


    --

    Entrada núm.1715

    http://harendt.blogspot.com

    "Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

    "La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

    "La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)


     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook