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Carlos Campos Acero

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  • 09
    Marzo
    2016

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    Un clásico de vez en cuando. Hoy, "Las troyanas", de Eurípides



    Un clásico de vez en cuando. Hoy,

    Representación de "Las troyanas" (Universidad de La Rioja, Argentina)



    Les pido disculpas por mi insistencia en mencionar de nuevo a los clásicos, de manera especial, a los griegos. Me gusta decir que casi todo lo importante que se ha escrito o dicho después de ellos es una mera paráfrasis de lo que ellos dijeron mucho mejor. Con toda seguridad es exagerado por mi parte, pero es así como lo siento. Deformación profesional como estudioso de la Historia y amante apasionado de una época y unos hombres que pusieron los cimientos de eso que llamamos Occidente.

     

     

    No se me ocurre mejor manera de celebrar el Día Internacional de la Mujer (ayer) que trayendo hasta el blog, en el apartado de Un clásico de vez en cuando, el texto de Las troyanas de Eurípides, una obra en la que las mujeres juegan el papel protagonista. Pueden leerla en el enlace inmediatamente anterior. También pueden ver si lo desean, en el enlace siguiente, o en el vídeo de más abajo, el documental elaborado por el canal de televisión Historia sobre la guerra de Troya, titulado Grecia-Troya, la verdadera historia


    Eurípides (480-406 a. C.) fue uno de los tres grandes poetas trágicos griegos de la antigüedad, junto con Esquilo y Sófocles. Nació en Salamina, Ática central, de donde pronto tuvieron que emigrar a Atenas a causa de la Segunda Guerra Médica siendo él aún un niño. Odiaba la política y era amante del estudio. Su biblioteca privada fue una de las más completas de toda Grecia. Fue amigo de Sócrates, el cual, según la tradición, sólo asistía al teatro cuando se representaban obras de Eurípides. En 408 a. C., decepcionado por los acontecimientos de su patria, implicada en la interminable Guerra del Peloponeso, se retiró a la corte de Arquelao I de Macedonia, en Pela, donde murió dos años después. Se cree que escribió 92 tragedias, pero se conservan sólo 19 de ellas. Su concepción trágica está muy alejada de la de Esquilo y Sófocles. Sus obras tratan de leyendas y eventos de la mitología de un tiempo lejano, muy anterior al siglo V a. C. de Atenas, pero aplicables al tiempo en que escribió, sobre todo a las crueldades de la guerra. Eurípides reformó la estructura formal de la tragedia ática tradicional mostrando mujeres fuertes y esclavos inteligentes, y satirizando a los héroes de la mitología griega. Sus obras parecen modernas en comparación con los de sus contemporáneos, centrándose en la vida interna y las motivaciones de sus personajes de una forma antes desconocida para el público griego. Fue notoria la animadversión de Aristófanes contra Eurípides, al que ataca en sus comedias con chistes y alusiones de intención malévola. Las razones de esta animadversión podrían ser su antagonismo ideológico con el pensamiento avanzado de Eurípides y el retrato que hace Eurípides de las mujeres en sus tragedias, muy alejado del modelo tradicional estereotipado de la comedia antigua helena.


    Las troyanas fue representada el año 415 a.C. y no tuvo demasiado éxito entre los atenienses quizá porque representaba con mucha crudeza los desastres de una guerra como la que Atenas estaba viviendo en aquel momento, la del Peloponeso, con su eterna rival, Esparta. La acción transcurre en Troya, el último día de la guerra, y se inicia con el diálogo entre Posidón y Atenea, disgustados con los conquistadores griegos por haber profanado sus templos y a los que auguran la destrucción de su flota durante la vuelta a sus patrias. A continuación hace su entrada el coro de viudas troyanas, conducido por Hécuba, que se lamenta de su suerte, mientras un heraldo griego anuncia el destino que los vencedores han dispuesto para cada una de ellas: Casandra, Políxena, Andrómaca, y la misma Hécuba. En el segundo episodio, Andrómaca, la viuda de Héctor, llevando en sus brazos a su hijo pequeño, Astianacte, llora junto a su suegra, Hécuba, la suerte del pequeño que va a ser arrojado al vacío desde la muralla de la ciudad. El tercer episodio es el diálogo entre Hécuba y Menelao, el esposo de Helena, al que la reina aconseja que se cuide de la lujuria de Helena. En la última escena, el heraldo de los griegos anuncia que la ciudad va a ser incendiada y que las prisioneras troyanas deben dirigirse a los barcos de sus nuevos amos para emprender la marcha. Todas las mujeres protagonistas de la obra presentan ángulos y perspectivas diferentes del dolor y la angustia de la guerra. Si tenemos en cuenta que Atenas, apenas unos meses antes, había infligido a los habitantes de Melos el mismo castigo que los aqueos a Troya, matando a todos sus varones y esclavizando a sus mujeres, se puede apreciar con claridad el terrible mensaje de Eurípides a sus conciudadanos: las guerras, todas las guerras, no dejan solo vencedores y vencidos, sino sobre todo horror y sufrimiento.

     

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    Disfruten de ella. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

     

     

     

    Un clásico de vez en cuando. Hoy,

    HArendt

     

     

     

    Entrada núm. 2638

    elblogdeharendt@gmail.com

    La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

     

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