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Carlos Campos Acero

Maestro de nada y aprendiz de casi todo

Sobre este blog de Nacional

Un blog optimista algo chamuscado por la insoslayable realidad


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  • 15
    Junio
    2014

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    ¡Viva el Rey!

     

     

     

    Juan Carlos, Felipe y Leonor de Borbón

     

     


    A estas alturas de la historia me parece innecesario justificar mi condición de monárquico, de izquierdas y socialdemócrata. Si viviera en Alemania, Austria, Grecia, Portugal o Italia, que fueron monarquías hasta hace unos años y ahora son repúblicas, pues si tendría algo de original. Declararse monárquico en un Estado que lo ha sido durante siglos y que desde 1978, durante los 39 años de reinado de Juan Carlos I ha vivido la etapa de libertades y democracia más larga, pacífica y exitosa de su ya historia nacional, me parece algo bastante obvio y un ejercicio de sensatez y madurez emocional. Yo me declaro como tal por lealtad, por respeto al juramento prestado y sobre todo por convicción personal. Monarquías son algunas de las democracias más antiguas, libres y estables del mundo: Gran Bretaña, Suecia, Noruega, Dinamarca, Bégica, Países Bajos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda... No veo ninguna razón para avergonzarme de ser monárquico. Si a otros no les parece bien, pues nada: "pas de problème", que dicen los franceses; aquí paz y después gloria. 


    Lo curioso es que mi defensa de la monarquía no tienen antecedentes familiares. Mi padre nació aun vigente el siglo XIX. A los 21 años estaba al servicio de la Casa del Rey como guardia civil y conductor del coche que daba escolta a Alfonso XIII cuando salía de la capital. La guerra civil le cayó del lado republicano, y cuando terminó, lo pagó con cinco años de destino forzoso en la isla de El Hierro, aunque conservó su condición de militar hasta su licenciamiento en 1956, como comandante de la guardia civil. Nunca se declaró políticamente, aunque le podía su vena republicana.


    La familia de mi madre, nacida en 1906 (sus padres, mis abuelos, se casaron el mismo día que lo hacían el rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia), eran todos militantes socialistas. Destacados dirigentes del PSOE como Prieto, Besteiro, Largo Caballero y el mismo Negrín, que fue presidente del gobierno de la república, fueron amigos de mi abuelo. Mi madre llegó a conocerlos pues visitaron alguna vez la casa de mis abuelos en la Ribera de Curtidores, de Madrid, antes de la guerra civil. Un hermano de mi abuelo, mi tio-abuelo Amós Acero, fue alcalde del Puente de Vallecas y diputado en las Cortes republicanas. Lo fusilaron al término de la guerra civil.


    Si alguno piensa que traicionó mi herencia familiar declarándome monárquico, de izquierdas y socialdemócrata, le digo que se equivoca. Aunque en realidad me importe un bledo lo que otros piensen de mí al respecto. Hace unos días un contertulio en la redes sociales, bastante airado por cierto, me ponía literalmente a caldo por declararme monárquico, de izquierdas y socialdemócrata. Sobre todo por lo de socialdemócrata, que él contraponía a los auténticos "socialistas", así, a palo seco, que yo no sé quienes son. Si desde luego el "socialismo", así, a palo seco, es el socialismo real que se practicó en la extinta URSS, o el actual de la China de la República Popular, el de Cuba, o el que preconizan actualmente regímenes como los de Venezuela, Ecuador o Bolivia, por citar los más cercanos sentimentalmente a mi condición de canario y español, pues sí, evidentemente, no soy "socialista". Si por "socialismo", así, a palo seco, entendemos lo que defiende IU y compañía, Equo, Podemos, Amaiur, Bildu, ERC y otros, que se pretenden de izquierdas, pues evidentemente, no soy "socialista". 


    Si por "socialismo" se entiende lo que defiende la socialdemocracia europea, los partidos socialistas de Gran Bretaña, Alemania, Francia, Holanda, Suecia, Noruega, Bélgica, Dinamarca, Finlandia o Israel, por no citar más, pues entonces sí me considero socialista. Y desde luego, aunque nunca fue santo de mi especial devoción, tengo que decir que suscribo de la "a" a la "z" las palabras del diputado socialista Alfonso Guerra pronunciadas en la reunión de su grupo parlamentario el pasado día 10 sobre el asunto de la disyuntiva monarquía-república. ¿Oportunismo por su parte? No lo creo, los oportunistas, desafortunados a mí juicio, son los que mezclando churras con merinas sacan a colación este asunto en este preciso momento. Por cierto, no milito en ningún partido.


    Les invito a leer el especial "Retrato de un un rey del siglo XXI" que el diario El País viene dedicando a la persona del, dentro de unos días, rey de España, don Felipe VI.


    Termino con el clásico y secular ¡Larga vida al Rey! Y ahora, sean felices, por favor, y como decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt





     

     

     

     

    Entrada núm. 2077

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    Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

     

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