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David Arráez

Responsable del Cyberdiario, sección de tecnología de este periódico en el que estás, y creador de usuarioarraez.com, este curioso personaje no para de meterse en cualquier lío relacionado con la tecnología. Colaborador de diferentes publicaciones y según dice, "dueño del mejor trabajo del mundo: es...

Sobre este blog de Tecnología

Toda la tecnología vista desde un punto de visto diferente y cercano, para todos los públicos y los paladares más exigentes. Es hora de que los tecnicismos se queden a un lado para dar paso a una nueva forma de entender la más moderna electrónica.


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  • 10
    Julio
    2013

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    DE LIBROS Y MANZANAS

     La noticia que ha saltado estas últimas horas desde los medios de comunicación de todo el mundo no ha dejado estupefacto a nadie. Según una sentencia dictada en un juzgado de Nueva York, Apple habría pactado junto a las editoriales Penguin, MacMillan, Simon & Schuster, Hachette y HarperCollins los precios de los libros de su iBook Store.

    Una vez conocida la noticia, indignación, vergüenza y todos con las manos a la cabeza. 'Ya sabía yo que estos de Apple no ganaban tanto dinero limpiamente' decían por ahí mientras otros despotricaban contra la empresa de Cupertino. ¡Qué descaro! Intentar vender libros electrónicos haciendo competencia al monopolio de Amazon. ¿A dónde vamos a llegar?

    Bromas aparte, aquí lo que hay que preguntarse es si Amazon, el "malo de la película" según el portal Slate Magazine, ha tenido algo que ver en la demanda interpuesta hace un año por el Departamento de Justicia estadounidense. No hay que olvidar la habitual política de Amazon con respecto a sus ebooks: o lo vendes al precio que yo te digo o no entras en mi biblioteca virtual.

    Pero Amazon tiene todo el derecho a hacer eso. Es su empresa, su negocio y ellos ponen sus normas. Amazon obliga a las editoriales a vender las copias digitales de los libros a los precios que el gigante norteamericano dicta. Por otro lado, no debería extrañarnos que las editoriales quieran vender su producto al precio que ellas estiman oportuno. Al fin y al cabo estas últimas son las que producen –no confundir producción con creación– los libros.

    No seré yo el que se convierta en inmaculado paladín defensor de las editoriales. Que nadie se confunda. No seré yo el que se ponga del lado de aquellos que son capaces de cobrar sin ningún pudor un par de euros menos por una edición digital que por una de papel. Me parece algo vergonzoso. Pero de ahí a que les obliguen a vender su producto al precio que el intermediario quiere, media un abismo.

    Cuando hablamos del libre mercado yo pienso en que cada uno venda al precio que quiera, y el mercado –es decir los consumidores– serán los que dicten sentencia. En el caso que nos ocupa, Amazon vende en EE.UU. a 9,99 $ las novedades literarias en formato digital, mientras que en la tienda de Apple, los últimos éxitos de las editoriales mencionadas se vendían a 14,99 $. ¿Cuál es el problema? La gente no es tonta. La gente sabe qué comprar en función de su economía. Si una serie de editoriales quieren fijar los precios de sus libros, ¿dónde está el problema? ¿Por qué tienen que vender obligatoriamente al precio que Amazon, un mero distribuidor, quiere?

    Supongamos que hablamos de agricultores y tomates. Todos estamos de acuerdo en que es injusto que el agricultor tenga que vender sus tomates, lechugas y zanahorias al precio que las grandes superficies les imponen. Lo ideal sería que el agricultor, que es el que trabaja la tierra, sea el que fije el precio de sus hortalizas para poder así obtener la justa ganancia por su trabajo, sin ceder a las presiones de las grandes superficies. Es el agricultor el que debe vender sus tomates a un precio que le deje un margen de beneficio suficiente. Y si el distribuidor no quiere pagar los tomates a ese precio, pues no pasa nada. Pero lo que no puedes es prohibir al agricultor a vender sus tomates. 'O los vendes a mi precio en mi supermercado o no los vendes'. ¿Ves lo absurdo del planteamiento?

    Ahora, imagina que los agricultores son las editoriales y sus tomates los libros. ¿Ves lo absurdo de la sentencia? Como ha dicho en Twitter el incomparable Ángel Jiménez, a mí tampoco me extrañaría que Apple ganara la apelación a esta sentencia.

     

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