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Leemos y recomendamos libros. No somos críticos, pero nos aferramos a nuestra pasión literaria como quien se abraza a un primer amor. Y recordad... todo está en los libros


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  • 22
    Julio
    2014

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    Una joya del 'noir' condal

    Por ROGELIO FENOLL

    A mi padre, que fue marino mercante, le encantaban los libros de barcos, los de espías y los de novela negra, dominada entonces por americanos y británicos, además de Vázquez Montalbán. Como de los discos que había en casa, tuve la fortuna de disfrutar de los libros de McDonald, Chandler y Hammet, cogidos, extrañamente para mí, de la biblioteca familiar. Vázquez Montalban y Eduardo Mendoza eran parte de ese hilo que nos unía a mi padre y a mí, porque los dos disfrutábamos con sus historias, que siempre ocurrían en Barcelona. Le habría gustado Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón, puro género barcelonés. Viene esto a cuento del supuesto último resurgir de la novela negra. Nadie parece discutir que vive uno de sus mejores momentos, un boom mundial del que las editoriales, autores y lectores españoles no son ajenos. Cuando escucho que el noir está de moda temo ver maneras de prensa de tendencias, como las veces que ha sido enterrado y resucitado el rock. Desde los tiempos del No future, no sé la de veces que se habrá dicho que el rock ha muerto, con especial intensidad en el tránsito del milenio, momento ideal para los delirios apocalípticos. Tantas como renacimientos de novela negra recuerdo. Tal vez tenga algo que ver con las series de televisión, donde se está escribiendo mucha novela negra. Pero como el rock, siempre ha estado ahí. Y este libro te atrapa desde su nombre, el del pendenciero marqués de la decadencia, al que asombrado vi una noche en Barcelona.

    Un superviviente del rock and drogas

    Nuestro protagonista, Francis, es un superviviente del rock & drogas. Tuvo sus buenos años, tocó la fama y, como un gato con muchas vidas, vio cómo muchos a su alrededor la perdían en una montaña rusa sobre la triada del rock. Hasta que un día, próximo a cumplir los cincuenta, decide regresar a lo que queda de la casa familiar de la que se marchó a quemar los sueños. Vuelve a su barrio de Barcelona sin un duro. El tópico hubiera querido que Francis dejara un bonito cadáver, como muchos de los talentos de los ochenta, pero la suerte le negó esa gloria. Zanón apenas nos cuenta lo que hizo Mr. Frankie, pero sí lo que dejó por el camino. Yo fui Johnny Thunders no es una novela sobre el rock, es una historia coral de perdedores, como todas las novelas negras, escrita con toda la poesía del fracaso, las miserias y el drama de la maldad. Ambientada en una Barcelona reconocible, en la que no hace falta irse a las Ramblas para encontrar ese olor “montalbiano”, la novela arranca con fuerza y te sumerge en capítulos que son como canciones escupidas, duras, cada una es una historia, todas con títulos que parecen temas de un álbum musical, baladas incluídas. Y aunque a ratos parece muy moderna, su trama es muy clásica: con capo, chica del capo, matón, el dealer, la otra chica y la consabida tensión sexual no resuelta, se baña también en el realismo sucio, que no guarro, de un barrio habitado por seres golpeados por todos lados. Zanón, coetáneo de Mr. Frankie, construye en apenas 300 páginas uno de esos libros que enganchan. A mí me ha recordado a ratos al Sinatra. Novela urbana, que escribiera hace treinta años Raúl Núñez, pero sobre todo porque me gusta ese realismo condal.

    En el libro, Francis toca una noche con Thunders en el Magic allá por el 89 en la que Juanito está hasta las cejas y no se aguanta en pie. Francis es el guitarra del grupo durante su gira española, da un paso adelante y coge el micro. En el 85 vi a la leyenda en el desaparecido Studio 54 de BCN. A mitad de concierto se fue y todo el mundo dio por hecho que era la pausa del chute. Pasado un buen rato apareció fantasmal sobre un palco. Ahora recuerdo aquella imagen, con el escenario vacío y la estrella en pleno globo en un lateral, y veo a Mr. Frankie agarrando el micro y haciendo de Juanito Truenos. Pocas veces en un libro que habla de una época que has vivido te lo cuenta de una manera que transmite tanta autenticidad pero lejos de los lugares comunes del rock. Yo fui Johnny Thunders es además de una magnífica novela negra, una de las grandes novelas de Barcelona. Y no teman, o no se confundan, no es una novela sobre la música rock. Las escasas referencias a la música en la narración, y nada en los diálogos, son deliciosas pinceladas que también dibujan a unos personajes veraces de la España actual, tan definitorias como la más cruel de las frases que Zanón dedica a sus patéticos personajes.

    (Este artículo está dedicado a mi padre, del que se acaban de cumplir nueve años de su muerte).

     

     

     

     

     

     

     

     

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