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Leemos y recomendamos libros. No somos críticos, pero nos aferramos a nuestra pasión literaria como quien se abraza a un primer amor. Y recordad... todo está en los libros


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  • 09
    Abril
    2015

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    Unas vacaciones de lujo en un verano de vicio (una lectura)

     

    Unas vacaciones de lujo en un verano de vicio (una lectura)

     

    Por Vicent Ivars

    Título: Cabaret Biarritz
    Autor: José C. Vales
    Género: Novela
    Editorial: Destino
    Año: 2015
    Páginas: 456

    Un buen libro es –entre otras cosas– aquel que consigue que habites en sus páginas, que vivas su acción y que convivas con sus personajes. Si además, está escrito con elegancia, coherencia y buen pulso, podríamos decir que estamos disfrutando de su calidad literaria. Es decir, de calidad de vida.

    Si además, te traslada a un lugar como –pongamos– la costa vasco-francesa –y para más inri– en pleno verano, el libro te ha regalado unas magníficas vacaciones. Y si encima tienes la suerte de que te toca el turno de los años 20, en plena Belle Epoque... entonces, amigo, lo tuyo ya es un privilegio obsceno.

    Porque «Cabaret Biarritz» es eso: unas impagables vacaciones pagadas en una novela original en su estructura, exótica por la época, cautivadora en sus escenarios y variopinta por sus personajes.

    Su autor, José C. Vales, despliega una interesante intriga en torno a la aparición –en unas circunstancias abracadabrantes– del cadáver de una joven librera en plena temporada alta de Biarritz, zona cero del ocio aristocrático-burgués europeo. Y toda intriga es, cómo no, un juego con el lector, un anzuelo a su curiosidad, un desafío a su perspicacia. Y aquí este juego funciona. Y cómo. En este sentido, también la estructura de «Cabaret Biarritz» es un espléndido juego, con una curiosa estructura que corrobora la perspicacia del autor.  Porque la obra se plantea como una extensa sucesión de testimonios, uno por capítulo, de los diversos individuos que tuvieron alguna relación con aquel macabro crimen ¿o es que fue un suicidio?

    Este recurso permite a Vales demostrar sus dotes como ventrílocuo literario, impostando tantas voces como tantos personajes intervienen, creando así una magnífica galería de figuras, de toda clase y condición –policías, criadas, marquesas, funcionarios, joyeros, editores, cocottes...– y de sus algunas virtudes y sus muchos vicios –soberbia, envidia, ira...–. No en vano, la obra tiene como subtítulo «Los pecados estivales». En este sentido, esta comedia no está  precisamente exenta de erotismo -de ese que, servido en sicalípticos cabarets del lugar, brinda barra libre a la imaginación del lector– ni de varapalos –el periodismo y la crítica literaria son dos de los gremios cuyo juego de cintura se pone a prueba en esta historia–.

    Y cada pieza que aporta cada personaje para resolver el crimen es también una pincelada que completa el cuadro de aquel Biarritz y aquella época. Lo cual es otro de los atractivos de esta novela. Porque el novelista podría haber escogido París como escenario –para demostrar que la Ciudad de las Luces ya fue una fiesta antes de Hemingway–, y trocar el salado Atlántico por el dulce Sena, para cruzar una apuesta segura. Sin embargo, el riesgo recibe aquí su premio, que no es otro que la flamante recreación de unos entornos más originales por mucho menos transitados. Por lo que respecta a la obra toda, otro es el premio que la distingue: el Nadal 2015.

    En añadidura, Vales se desdobla también en otros dos papeles. En el del narrador Georges Miet, un escritor de media tinta que recibe el encargo de recuperar los testimonios de aquel crimen cometido lustros atrás, y en el del protagonista Vilko, un corresponsal de prensa que, con su adlatere el fotógrafo Galet, cubrió en vivo y en directo aquel aciago caso. No faltará la misteriosa dama, Beatrix Ross, una libérrima y guapísima aristócrata extranjera que recorre la columna vertebral de esta recomendable lectura.

     

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