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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 24
    Febrero
    2013

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    Cenizas sobre cenizas

    Cenizas sobre cenizas

    Qué vampiro era yo.... ILUSTRACIÓN: Victoria Francés

     
    Hubo un tiempo en que fuimos los reyes de lo cool, personajes de pasarela y alfombra roja, vampiros hermosos más allá de los límites del ser humano, una generación de hombres y mujeres ahítos de vanidad, orgullo y soberbia.
     
    Qué vampiro era yo. Teníamos dinero, mucho tiempo, un mundo a nuestros pies y una fortaleza insondable tan sólida como capaz de separar a la muchedumbre al paso que dictaba nuestro halo envidiable y glamouroso.
     
    Aquel tiempo cambió la vida de todos nosotros hasta hacernos olvidar quiénes éramos en realidad. Cambió la vida a la niña flaca de ojos de bosque de eucalipto y corazón herido, la mujer de seda y hierro que me enseñó la alegría de vivir; al golfo desvergonzado de alma buena y generosa; a la chica fuerte y valiente que nunca habían querido; al hombre de hielo que escribía poemas y una noche entregó dos palabras eternas y universales. Te quiero, le dijo.
     
    Los días transcurrían entre lujo y oropel, entre noches alcohólicas, tardes de humor y amor, lujuria y pasión de otro planeta, hasta que acabó asentándose en la normalidad de la vida y dejó de ser furtivo. Apenas duró, y en la insignificancia temporal que representó, aquel tiempo era sólo una gota en el océano, pero daba sentido a la vida.
     
     
    Entre momentos inacabables de alegría se entremezcló la muerte, el dolor y las lágrimas, las rupturas y el desencanto, nuestro barrio en París y un café en Starbucks, Rachel, Ross y Carrie Bradshaw. La chica fuerte y valiente venció al desencanto, y el golfo de buen corazón creyó encontrar lo que buscaba y de la búsqueda nació en igual medida la felicidad y la destrucción.
     
    Y ese tiempo mágico acabó porque tenía que acabar, porque la vanidad, el orgullo y la soberbia que lo engrandeció terminó matándolo, hasta devolver una época gloriosa al mismo estado anterior en que acaban todas las épocas gloriosas, cenizas sobre cenizas, polvo sobre el polvo.
     
    Esta humilde historia, espejo de tiempos buenos, está dedicada a los que han querido y sufrido por amor, a quienes valoran la amistad verdadera y se entregan con pasión a la aventura de la vida. Si encierra una moraleja, que sea ésta la de saber conservar lo que se quiere y no destruir lo que se ama.
     
    Así pues, sea. 

     

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