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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 25
    Octubre
    2010

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    No intentéis buscarlo

    No intentéis buscarlo

    Ya no recuerdo muy bien cómo nació la conversación. El caso es que hace un par de semanas, en animada charla con mi amiga Rebeca, fotógrafa de profesión y una de las personas con más talento e ingenio que me he echado a la cara en los últimos años, enseguida lo vi claro: fabular una historia increíble y demostrar el poder de la palabra en la red, la peligrosa credibilidad del medio y cómo convertir en éxito un producto que aún no está en el mercado a través de lo que los expertos han venido a bautizar como marketing viral (Wikipedia: El marketing viral es un término empleado para referirse a las técnicas de marketing que intentan explotar redes sociales y otros medios electrónicos para producir incrementos exponenciales en "renombre de marca" (Brand Awareness), mediante procesos de autorreplicación viral análogos a la expansión de un virus informático. Se suele basar en el boca a boca mediante medios electrónicos; usa el efecto de "red social" creado por Internet y los modernos servicios de telefonía móvil para llegar a una gran cantidad de personas rápidamente”).

    Elevé consultas con el coordinador de esta web, le pareció buena idea y así fue como nació La leyenda de Becks Argudo, el anterior post de ¿Hay vida en Marte?,  que contaba la historia de una atormentada cantante canadiense que había vagado por una existencia basada en la miseria, los malos tratos y el fracaso personal y profesional. Adorné el artículo con retazos de una existencia increíble: Becks Argudo (en realidad, Rebeca Argudo, mi amiga fotógrafa), se casaba con un inuit (un esquimal canadiense) que la arrastraba por la mala vida a base de golpes, huía a París, y allí moría en una especie de ritual que emulaba la muerte de Jim Morrison. Incluso, acababa enterrada en el Pére Lachaise, el camposanto parisino donde descansan, además del líder de los Doors, algunos personajes que tanto Rebeca como yo tenemos en los altares de la mitificación incondicional, casos de Oscar Wilde y Victor Noir.

    Tomé la precaución de crear un archivo comprimido con el nombre de Becks Argudo – The girl of the green overcoat. Her true story y lanzarlo el Emule. En sólo dos días tuvo cerca de una veintena de peticiones de descarga. Sólo un lector avispado se olió la farsa. Resultó ser un bloggero de información.es quien, atraído por el interés de la cantante, buscó, sin éxito, canciones de Becks Argudo en Spotify y Youtube. Bien por E. Rigby.

    Para ilustrar el post, la propia Argudo fabricó la portada del álbum póstumo, y entre ambos pusimos nombres a las canciones que alimentaban el falso legado. Los títulos elegidos, a poco que el lector se hubiera fijado y su nivel de inglés no pasara del medio/bajo, debían haber desvelado el invento: Iloveitallthetime (“Loquierotolrato”); Ay, that handle my boat, that (una recreación no  literal de “Ay, quién maneja mi barca, quién”, de la eurovisiva Remedios Amaya); My father’s ex wife is asking me to be her Facebook friend (“La ex de mi padre me pide ser su amiga en Facebook”); o este otro tan estúpido de I know you talk to me, Lauren, but I do not understand you (“Yo sé que tú me hablas, Lauren, pero no te entiendo”, extraída de la famosísima parodia de Martes y Trece sobre Lauren Postigo a principios de la década de 1990).

    El interés suscitado por el disco póstumo de la Argudo (mensajes sms al autor de este blog, correos electrónicos reclamando información, peticiones en las principales redes sociales, un centenar de “me gusta”, “tweeds” y “meneos” en Facebook, Twitter y Menéalo) aconsejaba no retrasar más la revelación de los hechos. La verdad y nada más que la verdad. El experimento había triunfado, el marketing viral constituye una realidad constatada y no todo lo que cuenta internet (como tradicionalmente ocurre con la TV) debe creerse a pies juntillas. El próximo post, lo prometo, será normal.

     

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