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José Antonio Martínez Perallón

Fan incondicional de todas (o casi todas) las expresiones de cultura popular y conocedor de numerosos datos que queda bien repetir, aunque puede que no valgan para nada.

Sobre este blog de TV

Una mirada a las series por las que debes dejarte atrapar y de las que debes evitar.


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  • 03
    Septiembre
    2016

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    La muerte de Pablo Escobar no es un spoiler

    La muerte de Pablo Escobar no es un spoiler

    El villano de Narcos muere en la segunda temporada de la serie que ayer estrenó Netflix en todo el mundo. Contar esto no es un spoiler. No sólo porque la muerte de Pablo Escobar forma parte de la Historia de los últimos años del siglo XX, sino porque la propia Netflix se ha encargado de pregonarlo a los cuatro vientos en sus promociones de los nuevos episodios de la serie. "Pablo muere", dicen los carteles publicitarios de la temporada. Lanzado el mensaje, los responsables de la plataforma avisan: Si no quieres enterarte de más cosas, mejor que no mires en la Wikipedia. Sabemos qué va a pasar y queremos que nos cuenten cómo lo hará. Narcos fue una de las sorpresas del pasado verano y mantiene su nivel en su segunda. Eran otros tiempos, en los que los narcos no se comportaban como estrellas de rock y los teléfonos móviles eran enormes walkie-talkies, por lo que el alcance de las escuchas telefónicas era mucho más limitado. En la primera temporada de Narcos asistimos al ascenso de Pablo Escobar dentro del mundo del crimen organizado de Colombia durante los años 80, basando su actividad en la exportación de cocaína a Miami. En los nuevos episodios, los años de la era Reagan han quedado atrás. Estamos en los 90, en la presidencia de George Bush padre en Estados Unidos, cuando no había que explicar quién era el padre y quién era el hijo, y asistimos al momento de la caída de Escobar. Todo gira en torno al dispositivo montado para acabar con la amenaza. Basta echar un vistazo al título de los episodios para imaginarse cuándo veremos ese momento. (Yo aún voy por el sexto). Todo indica que tendremos una tercera temporada, seguramente dedicada a contar la historia de quienes sustituyeron a Pablo Escobar. Yo sigo preguntándome si en un futuro veremos si en la serie se deciden a traladar la acción a México y contarnos la historia del Chapo Guzmán.

    En los nuevos episodios, a pesar de que es un fugitivo buscado, Pablo Escobar mantiene todo su poder y es uno de los siete hombres más ricos del mundo. Sin embargo, su imperio está levantado sobre cimientos de barro y todo empieza a tambalearse en torno a él, cuando el resto de los carteles de la droga empiezan a cuestionarle. Escobar se ve cada vez más acorralado, pero es precisamente en esos momentos cuando se vuelve más peligroso. Temeroso ante su muerte, pretende hacer el mayor daño posible a sus enemigos para recordarles quién manda. La caza del hombre se va volviendo cada vez más despiadada hasta el punto de que los policías que persiguen al narco más buscado se ven atrapados en la misma espiral de violencia que su objetivo. Para cazar a un monstruo hay que convertirse en monstruo. El ritmo es tan frenético que los capítulos van cayendo uno tras otro a una velocidad de vértigo, con un espectador ansioso de ver qué vendrá ahora. Salir a las calles de Medellín es todo un peligro tanto para el propio Pablo como para sus perseguidores, expuestos a ser aniquilados por un enemigo invisible, que espía desde cochambrosas chabolas. La serie nos traslada a una época en la que Medellín era una de las ciudades más sangrientas del planeta. Escobar se ganó la fidelidad incondicional de sus sicarios al sacarles de la miseria y muchos morirían por él. En la serie podemos ver villanos memorables (Gacha, la Quica...), basados en matones que existieron realmente. 

    El narrador de la historia es el agente de la DEA Stephen Murphy (interpretado por Boyd Hoolbrook), que se desplazó de Estados Unidos a Colombia para participar en el operativo para detener a Escobar. Su compañero es Javier Peña (Pedro Pascal), quien está tan obsesionado como él en la captura del enemigo público número uno, hasta el punto de hacer un pacto con el diablo para conseguirlo. Con una mezcla entre el estilo de una novela de Gabriel García Márquez y el de Martin Scorsese en Uno de los nuestros, Murphy va haciendo un repaso a los años que pasó persiguiendo al narcotraficante más buscado. Como en Los Intocables de Elliot Ness, los protagonistas deberán enfrentarse a los peligrosos y sanguinarios sicarios que trabajan para el cartel de Medellín. Pero Pablo Escobar no es Al Capone. Es alguien mucho peor y muy fuera del alcance de sus perseguidores. Para él, los agentes que le siguen la pista son personas insignificantes y ni siquiera les valora lo suficiente para considerarles sus enemigos. La lucha contra esta nueva forma de crimen organizado es distinta. Mientras los mafiosos italianos se deleitan en la ópera esperando el resultado de las ejecuciones que encargan, Escobar lo hace escuchando tangos al ritmo de Carlos Gardel. Las redadas en las licorerías y los registros en los grandes almacenes, se ven sustituídos aquí por operativos en la selva con soldados armados a la caza de los laboratorios de coca.

    Mucho se ha criticado la elección del brasileño Wagner Moura para el papel de Escobar, especialmente cuando sale hablando en español con un acento estadounidense que tira para atrás. Aquí no vale lo de verlo en Versión Original, porque la mayor parte de las escenas está rodada en español, con actores latinoamericanos. Pocos subtítulos vamos a tener que leer en esta serie. Sin embargo, los autores de esas críticas olvidan que la serie es americana y que, por tanto, el público de su país, no va a notar ese acento. Asimismo, la interpretación de Moura es tan potente, que te llegas a olvidar de su dicción. Su Pablo Escobar es un personaje lleno de contrastes, que contribuyen a humanizarle y no limitarse a reflejarle como un monstruo. Padre de familia, benefactor de los vecinos de su pueblo, colérico, asesino implacable... Escobar puso en jaque al gobierno colombiano que, durante años, se veía impotente para frenar a su imperio criminal.

    La serie sugiere que, con el apoyo a la dictadura de Pinochet, pudo ser Estados Unidos el creador del monstruo de Pablo Escobar, al desplazarse de Chile a Colombia el cultivo de la coca tras el golpe de Estado. Para la caída de Escobar se forma una extraña alianza entre los servicios secretos estadounidenses, el cartel de Cali y la guerrilla de la extrema derecha colombiana. Y es que, la lucha de Estados Unidos contra los narcos que se nos cuenta en la serie, llega a recordar a la actual guerra contra el terrorismo, donde este tipo de alianzas crean nuevos monstruos que toman el relevo del enemigo, llegando a ser tan atroz o más que en el anterior.

     

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