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La empresa del Siglo XXI
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Blog La empresa del Siglo XXI - David Carrascosa Mendoza

David Carrascosa Mendoza

Dirección y gestión ejecutiva de la empresa. Desarrollo comercial y marketing aplicado. Implantación de entornos TIC. Especializado en apertura comercial de mercados y zonas. Experto en estrategias comerciales y gestión de equipos de ventas. Especialmente ligado al sector profesional del hábitat y l...

Sobre este blog de Economía

Colaboración en temas relacionados con la empresa, el marketing, las ventas y la tecnología.


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  • 13
    Mayo
    2012

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    Haciendo el bobo

     La escena es la siguiente: una céntrica plaza en una gran ciudad. Un grupo de personas posan absolutamente desnudas, sólo un casco de obra cubre sus cabezas. En un momento concreto se escucha el sonido de una sirena de esas que se utilizan en las fábricas, y todo el grupo se pone de rodillas con los brazos extendidos en forma de cruz. La portavoz del grupo declara ante los medios que se trata de una protesta que simboliza la desnudez del obrero ante la opresión de la patronal, quien a golpe de sirena les arrodilla y crucifica cada día.

     
    Posiblemente le suene esta escena y muchas otras similares utilizadas para protestar. Con el fin de atraer la atención mediática se representan escenas, se posa, se simboliza y de forma cada vez más mayoritaria se hace el bobo con protestas que rara vez sirven para algo más que para demostrar que vivimos en una sociedad cada vez más idiotizada y demasiado manipulada.
     
    Siempre que veo en televisión este tipo de protesta, cada vez mas extendida entre los que nos autollamamos países civilizados y avanzados, me viene a la cabeza la imagen de los políticos, dirigentes y funcionarios de alto cargo que observan entre risas desde su bunker como para protestar se hace el bobo, se desfila simulando chorradas varias, se ponen gorritos, camisetas y demás ornamentos para la ocasión y después, tú a tu casa y ellos a su sillón.
     
    La gente que llamamos normal, la gente de bien, cree que las personas a las que dirigen su protesta reaccionarán, se ruborizarán y pensarán que deben cambiar, como si la prioridad fuese atender su protesta. Nada más lejos de eso, para ellos y ellas esas protestas, manifestaciones y demás quejas, sólo son una incomodidad pasajera que dura unas veces más y otras menos, como el atasco matinal para ir al trabajo. 
     
    La sociedad considera un logro poder protestar, poder escribir su queja e incluso su denuncia en papel y presentarla en una ventanilla, teniendo la sensación de que esa acción servirá para que se solucione algo. Nada más ingenuo, generalmente sólo servirá para introducir el escrito en un circuito burocrático hasta que el solicitante se canse de quejarse o denunciar y desista. Con esto no quiero decir que no se deba protestar o que protestar nunca sirva de nada. Lo que quiero decir es que la administración publica ha conseguido implantar en el ciudadano la sensación de que la justicia es un desastre (no demandes) y que las demandas ciudadanas no llevan a nada  (no te quejes) y paralelamente la sensación de que protestar de forma simbólica  es lo correcto y esta bien visto.  Al ciudadano de a pie sólo se le da cuando lo que pide es irrelevante. Los cambios que vemos, las decisiones que cambian cosas y conceden demandas al ciudadano normalmente se solicitan o negocian desde grupos de presión, también llamados lobby.
     
    Por eso la protesta con actuaciones simbólicas y bobas son la risa asegurada de los políticos que en lugar de cambiar nada se ríen viendo como los ciudadanos se quedan a gusto haciendo el bobo mientras ellos pueden seguir a lo suyo. Es importante distinguir y recordar que los políticos y responsables públicos lo son con el dinero de los ciudadanos, por lo tanto deben ser responsables y ofrecer explicaciones y cuentas de sus actuaciones. Un político o un funcionario no es culpable de las acciones de fraude, estafa o simplemente reprobables como el machismo o el acoso laboral que un subordinado realice, ese subordinado es mayor de edad y responsable de sus actos en sí mismo. Lo que sí son responsables es de decidir hacer algo o de no hacer nada. Si son conocedores de los actos de un subordinado y esos actos son algo que ellos mismos ven inadecuados aunque no sean delictivos, su obligación no es usar la normativa para arropar al sinvergüenza que mancha el nombre del funcionariado público, sino más bien usar la normativa para limpiarlo y apartar del servicio a un funcionario que considera que el público es su servidor y no que él sea un servidor público. Arropar y encubrir a ese tipo de servidores públicos sólo lleva a ser considerados por la ciudadanía como personas del mismo bajo nivel moral, personas que defienden esas actuaciones y por tanto deben ser el objetivo de la protesta por su pasividad y permisividad. La mejor protesta no es la que más llama la atención, sino la que permanece constante hasta lograr su objetivo, aunque eso suponga estar protestando y denunciando día tras día por años. De esa manera, si alguien usa la normativa para encubrir a amigos, primos y demás favores y un día el funcionario encubierto por sus superiores es denunciado en un nuevo exceso, los encubridores serán tan responsables como él ya que decidieron apostar por mantener a esa persona en lugar de cumplir con su obligación de sanear de oficio. Entonces los jefes también serán noticia y vergüenza el la prensa nacional.
     
    Movimientos de indignados, manifestaciones por los recortes y reformas no servirán de nada si sólo son actos simbólicos para hacer el bobo. Si no hay más remedio que recortar del presupuesto público, deberían empezar por recortar enchufados, prepotentes, mal educados, acosadores, amargados y sobre todo incompetentes, que los tenemos desde barriendo calles hasta llevando ministerios, y quedarnos con los funcionarios que trabajan por dos y por tres (que los hay) para sacar adelante el trabajo del inútil que tienen de compañero, porque de lo contrario recortar recortaremos, pero estaremos haciendo el primo y poniendo nuestro futuro como país en manos de gente incompetente.
     
    David Carrascosa Mendoza
    Analista de estrategia y escritor.
    Desde El Patio de Columnas

     

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